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Puerto Rico ante el reto de una economía resistente

La pérdida de cientos de empleos en Cidra ilustra la debilidad de económica vulnerable a factores externos. Cadenas de eventos adversos que están fuera del control local, como la ocurrida en este pueblo, se suman a la existente crisis de las finanzas domésticas.

En el caso cidreño, el resultado es la desaparición de empleos y la merma de ingresos tributarios para el municipio y para Puerto Rico. La quinta parte de las entradas de la isla proviene de la manufactura, que a través de los últimos años ha perdido importantes incentivos contributivos federales.

El cierre de una empresa importante se traduce en la reducción de un número serio de empleos, tanto privados como públicos. En la práctica se trata de menos arbitrios por patentes, impuestos corporativos por la Ley 154, y contribuciones individuales. Es una seria presión fiscal sobre los gobiernos, tanto municipal como estatal, en medio de los desafíos económicos.

Por eso es imperativo que Puerto Rico diversifique sus fuentes de empleos e ingresos, mientras protege e incentiva los bastiones de la economía, como lo ha sido el manufacturero.

En febrero, la economía cidreña sufrió un serio revés cuando la Pepsi Company anunció su cierre y el despido de 200 empleados tras operar durante 30 años en Cidra. De acuerdo con la compañía, la decisión no se relaciona con el huracán María ni su ubicación en ese pueblo, sino con su estrategia de optimización de la red global y de crecimiento a largo plazo.

La clausura de la planta representa la pérdida del 70 por ciento de los recaudos por patentes y del 40 por ciento del presupuesto municipal, lo que provocó la activación de un plan municipal de reducción de gastos. El ayuntamiento se propone cesantear a 200 empleados de una nómina de 526 que representaba $10.5 millones al año. Esta y otras medidas buscan reducir el presupuesto municipal, de $18 millones a $11 millones, para el año fiscal 2018-2019.

Experiencias como estas deben mover a los municipios en circunstancias similares a las de Cidra, y a todo el país, a diseñar rutas económicas diversificadas. Ello depende de una estrategia consciente de las apuestas más prolíferas, en el marco del plan para la reconstrucción de Puerto Rico.

Desde luego, ya es hora de que los municipios se reorganicen en un andamiaje que permita la prestación de servicios y la administración de áreas mediante la consolidación.

A nivel de toda la isla, se observa que el empleo manufacturero se ha modificado, del pico de 163,606 asalariados en 1997, a 66,903 en marzo de 2015. Pese a este tracto y los lapsos en que estuvo inoperante tras el paso del temporal, el sector fabril da muestras de recuperación, con un alza en el índice de compras. Es de esperarse que se estabilice y mejore según Puerto Rico adelanta su reconstrucción.

La manufactura, que genera $2,000 millones anuales en contribuciones, junto a la aeronáutica, el turismo y la agricultura, entre otros segmentos, han forjado importantes nichos en la isla. Demandan atención especial y el uso estratégico de los incentivos para su crecimiento ante los retos de la nueva ley contributiva federal y la recuperación de la infraestructura insular.

Líderes empresariales y economistas identifican la tecnología y el conocimiento con valor comercial como rutas viables.

De hecho, el anuncio del próximo establecimiento de la fábrica de dispositivos médicos COPAN Italia en Aguadilla revalida las áreas de oportunidad para la manufactura de alta tecnología que Puerto Rico debe seguir acogiendo. Las destrezas laborales y la ubicación de la isla como puente con Norteamérica fueron destacadas como factores decisivos para el establecimiento de la planta. Esta generaría 100 empleos mediante la inversión inicial de $13 millones.

Desde luego, la diversificación del modelo productivo en Puerto Rico requiere la creación de una red energética confiable, una estructura de permisos facilitadora de la competencia privada y un marco laboral adecuado.

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