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Puerto Rico necesita firme estabilidad y certidumbre

Restituir la gobernanza en Puerto Rico, poniéndole fin a la incertidumbre en torno a quién tomará el timón del país durante los próximos 17 meses con el interés del pueblo como prioridad, es requisito para continuar los trabajos de recuperación.

La Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA) anunció el jueves que el proceso de desembolso de fondos federales para la reconstrucción requerirá, nuevamente, la aprobación directa de la agencia.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos dejó para septiembre la votación sobre el proyecto que asignaría a la isla $12,000 millones para Medicaid durante los próximos cuatro años fiscales. La medida, adoptada ayer, ya incluía nuevos controles para el gobierno local tras las acusaciones federales de corrupción en la Administración de Seguros de Salud (ASES).

La incertidumbre le resta legitimidad moral y política a las autoridades locales para defender a miles de familias damnificadas y a más de un millón de clientes del plan de salud público cuyos beneficios están en jaque.

Hay que poner fin real a la crisis institucional que mantiene a la isla sin mando definido, y atrasa su recuperación física y económica. Ese mensaje lo han articulado líderes del gobierno federal al promover la restitución de la relación entre Puerto Rico y Washington, en el mejor interés de la gente.

A una semana para que deje el cargo, el renunciante gobernador Ricardo Rosselló publicó ayer imágenes de reuniones con la secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, próxima en la línea de sucesión ante la vacante en la Secretaría de Estado. Con estas, Rosselló proyecta que el pase de mando del gobierno está en curso.

No obstante, mientras no se oficializa la sucesión, siguen vacantes cargos críticos para la operación pública, cuestión esencial para restaurar la confianza del gobierno federal en las autoridades puertorriqueñas.

La dirección de ASES, administradora del plan de salud, está bajo interinato. Sigue vacante la representación del gobierno ante la Junta de Supervisión Fiscal. Lo mismo ocurre en la Autoridad de Asesoría Financiera y Agencia Fiscal, la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico en Estados Unidos, necesaria para apoyar los esfuerzos de la Comisaría Residente, y el cargo de Principal Oficial de Inversión, responsable de atraer capital. Asimismo esperan por nombramiento la jefatura de la Oficina de Gerencia y Presupuesto, y el cargo de Principal Oficial Financiero. Todas estas agencias son esenciales para dar continuidad a las soluciones fiscales, la reconstrucción y el desarrollo económico.

Mantenerlas sin líderes en propiedad menoscaba las gestiones de las que dependen la seguridad y calidad de vida ciudadana. Corre riesgo de dilación la reparación de techos en cerca de 20,000 viviendas con toldos. Se alteran los desembolsos a entidades a cargo del desarrollo de obras de infraestructura. En fin, permanece el gobierno en una especie de letargo por la crisis de gobernabilidad que no debe prolongarse más. La transición tiene que ser rápida y sabia.

Mientras Rosselló se prepara para salir del gobierno, los legisladores tienen el deber de colaborar para asegurar que la institución de la gobernación esté en posición de acometer sus desafíos. Están obligados a hacerlo distanciados de cualquier intención política de influenciar la designación de un secretario de Estado, y eventual gobernador, que los lleve a adueñarse del poder público con miras a las elecciones de 2020. La gente ha sido clara que quiere a Puerto Rico primero, lo que incluye también propiciar la sanación emocional del pueblo.

Sin embargo, informes apuntan a desarticulación interna, producto del interés legislativo de prevalecer en las decisiones sobre políticas públicas en los 17 meses que le restan de mandato a esta administración.

El elocuente clamor ciudadano es a crecerse en esta hora en que el pueblo, vigilante, reclama futuro. Salir a la pesca de oportunidades electorales en este mar de inestabilidad en que, con acciones y omisiones, la clase política ha convertido al gobierno, no responde al mensaje de una ciudadanía que, consciente de su poder, repudia los viejos vicios partidistas. La gente quiere a su gobierno trabajando para el pueblo, abriendo paso a la estabilidad que lleva a la recuperación.

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