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Puerto Rico se preparó bien y pasó la prueba

La certera respuesta ante el cercano paso del poderoso huracán Irma, con una capacidad de destrucción nunca antes vista en el Caribe, ha sido una gran demostración de lo que podemos hacer como pueblo cuando nos preparamos.

Ya pasados los remanentes del fenómeno ciclónico, Puerto Rico se apresta con igual vigor a la reconstrucción, con la gran satisfacción de haber realizado un ejercicio sin igual de solidaridad, civismo y responsabilidad antes, durante y después del huracán, cuyo centro se movió a unas 50 millas al noroeste de San Juan en dirección a República Dominicana y Cuba.

Al no rozar tierra, para nuestra suerte, Irma no fue un evento tan severo de lluvias como lo fue Harvey en Texas y sus vientos sobre la isla no alcanzaron la mortal velocidad de 185 millas por horas registrada en el vórtice. No obstante, hubo daños severos en residencias y otras estructuras, en la siempre vulnerable agricultura y en nuestra debilitada infraestructura.

Debemos acometer el momento como una oportunidad para la reconstrucción de nuestro amado país. Hemos dado el ejemplo de lo que podemos lograr cuando actuamos con unidad de propósito. Y esa es la base para el porvenir.

Es de reconocer en este esfuerzo el liderazgo del gobernador Ricardo Rosselló y la encomiable labor de los funcionarios del gobierno central, así como de los alcaldes y sus sacrificados equipos en previsión a la devastación que un huracán categoría cinco puede causar a las viviendas, a infraestructura obsoleta y sobre todo a la seguridad y la vida de nuestra gente.

Ciertamente la aprobación por el presidente Donald Trump del pedido de declaración de zona de desastre adelantado por el gobernador previo al paso de Irma ha sido de gran ayuda para la pronta intervención de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias y otras entidades en la mitigación de daños. El apoyo y buen desempeño de los directivos e integrantes de las agencias federales será crucial en las labores de reparaciones y demás tareas necesarias para la recuperación, en momentos en que la crisis de liquidez del gobierno estatal afecta los recursos disponibles para atender la emergencia generalizada.

El inventario preliminar da cuenta de 6,000 refugiados que responsablemente buscaron albergue para protegerse de las inundaciones en comunidades costeras o de alto riesgo. El drama de los que residen en lugares inseguros amerita atención de las autoridades para procurar reubicaciones definitivas. La tragedia mayor fueron tres muertes lamentables en incidentes relacionados, pero no directamente, a la acción del huracán.

La ayuda a las familias cuyas viviendas quedaron averiadas o sin techo, lo que equivale a una pérdida total, y la rehabilitación de los sistemas de suplido de agua y electricidad son centrales al esfuerzo de recuperación.

El 68% de los abonados de la Autoridad de Energía Eléctrica que quedó sin servicio tan pronto soplaron los primeros vientos es el resultado del estado de fragilidad en que se encuentra el sistema, cuya rehabilitación debe ser prioridad a la hora de la distribución de los recursos de emergencia. A pesar de que las precauciones adoptadas por Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, en especial el equipamiento de generadores para mantener en operación sus instalaciones, resultaron en una cifra menor de abonados sin agua, este otro sistema también clama por importantes reparaciones y actualizaciones.

Si estos vulnerables sistemas no colapsaron fue por la intensa y efectiva labor de muchos trabajadores que arriesgaron una vez más sus vidas para mantener los servicios. Vaya para todos ellos nuestra felicitación por el ejemplo de sacrificio y responsabilidad que han dado.

La oportunidad, no obstante, es propicia para activar rápidamente el título V de la ley federal PROMESA e incluir nuestra demacrada infraestructura entre los proyectos críticos a ser encaminados con préstamos y asignaciones federales luego de un desastre, lo cual demanda un esfuerzo de cooperación conjunto entre el gobierno y la Junta de Supervisión Fiscal.

El pueblo ha demostrado madurez para enfrentar el golpe de los fenómenos naturales. Puerto Rico está en la autopista de los huracanes y la elevación de la temperatura en el Atlántico anticipa la formación de nuevos poderosos ciclones. Con paciencia, determinación y valentía caminamos y caminaremos firmes hasta rehabilitar, reconstruir y revitalizar a Puerto Rico.

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