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Reforzar los grupos comunitarios es esencial

Los puertorriqueños, en general, por tradición tienden a salir al rescate de los necesitados durante desastres naturales, como demuestran numerosas historias de ayuda y salvamento de los cientos de damnificados por el paso del huracán María.

En esa disposición espontánea de ayudar a los ciudadanos y al gobierno, con acciones valiosas, hay una enorme cantera de recursos. Muchos son profesionales y peritos retirados ávidos de aportar a la recuperación de Puerto Rico. Para aprovecharla de forma más ágil y efectiva, esa fuerza debe ser canalizada en cuerpos formales de voluntarios activados todo el año y preparados para lidiar con emergencias como la presente.

Los cuerpos de profesionales y expertos voluntarios eran la base de la otrora Defensa Civil, hoy convertida en la Agencia Estatal para el Manejo de Emergencias y Administración de Desastres (Aemead). Esa dependencia quedó ahora adscrita al recién creado Departamento de Seguridad Pública. Tras la catástrofe dejada por el huracán, conviene reevaluar si el nuevo organigrama agiliza la movilización de efectivos por zonas o si la Aemead debe quedar adscrita a la Oficina del Gobernador para asegurar respuestas inmediatas.

La Aemead contaba con un cuerpo de expertos voluntarios provenientes de las agencias primarias. Ellos recibían adiestramientos en manejo de emergencias y desastres. Y orientaban a comunidades y empresas para asegurar que cada familia, cada vecindario y cada centro de trabajo contara con un plan de emergencia y supiera cómo implementarlo llegado el caso.

En numerosos pueblos hay cuerpos organizados de voluntarios expertos en labores de rescate, prestos a activarse durante emergencias. Algunos municipios tienen cuerpos de seguridad comunitaria, que dan refuerzo a las policías municipales y estatal. Puerto Rico cuenta, además, con más de 380,000 voluntarios que hoy brindan asistencia educativa, social y emocional a unas 700,000 personas en organizaciones sin fines de lucro. La voluntad ciudadana de asistir antes, durante y después de situaciones como la actual está más que probada.

Ya antes de la llegada del potente ciclón, policías jubilados y otros servidores públicos retirados ofrecieron a viva voz sus servicios. En estos casos, el gobierno no debería esperar el ofrecimiento del exempleado sino activarlo de antemano precisándole tareas y áreas donde deberán reportarse.

En Estados Unidos existen los Equipos Comunitarios de Respuestas a Emergencias (CERT, por sus siglas en inglés), que adiestra a voluntarios para estas eventualidades y los prepara para manejar los peligros que pueden afectar sus áreas. En la isla, cientos de maestros y otros servidores públicos han tomado esos adiestramientos y tienen certificaciones de CERT, por lo que podrían desempeñarse bien en movilizaciones de seguridad u otras tareas. Con esos y otros recursos se puede afinar la prevención y mitigación de desastres por municipios y regiones. Nadie mejor que los locales para conocer las particularidades de cada zona.

El país debe, además, procurar alianzas en las islas vecinas, así como en Estados Unidos y países latinoamericanos. En ese fortalecimiento de nexos fuertes de auxilio será también clave el apoyo de la diáspora puertorriqueña con comunidades significativas en Florida, Nueva York y Chicago, entre otros lares.

Una red de comunicación con apoyo de radioaficionados (KP4), muy populares antes del auge del internet y sus redes sociales, de debilidad probada ante catástrofes como el ciclón recién experimentado, debe ser un aspecto importante para fortalecer grupos de acción voluntaria.

En 2013, unos 2,000 radioaficionados licenciados por la Comisión Federal de Comunicaciones estaban activos en la isla. En el pasado, esos radioaficionados llegaron a constituir un grupo de 4,000 personas. Enseñar destrezas de comunicación básica, de activación ciudadana en emergencias y de voluntariado en general debe ser parte del proyecto educativo de Puerto Rico, desde edades tempranas.

Darle estructura a ese tipo de iniciativa tiene el inmenso potencial de garantizar respuestas más rápidas en redes que propicien mayor seguridad y refuercen los trabajos del gobierno.

Los fundamentos de colaboración ciudadana están anclados en el valor, la solidaridad y en un fuerte reconocimiento de fraternidad, que son el más potente motor de los seres humanos. Aprovechemos las lecciones que nos deja el huracán María para respaldar con determinación, de forma organizada, los múltiples grupos comunitarios que por décadas han hecho la diferencia en todos los rincones de la Isla.

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