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Respetar los derechos de la niñez es prioridad social

En Puerto Rico, y en resto del mundo, miles de menores sobreviven en condiciones que limitan su alegría como sentimiento predominante de una infancia y una sociedad saludable.

Al conmemorarse hoy miércoles la Declaración Universal de los Derechos del Niño es necesario que cada ciudadano, al igual que las instituciones públicas y privadas, reflexionen sobre las acciones necesarias para garantizar el bienestar de los menores.

La Declaración, cuya aprobación cumple 60 años, resume disposiciones que procuran la vida saludable de cada niño y sus derechos a la educación, y a desarrollarse plenamente libre de maltrato, violencia o explotación.

Para avanzar en el desarrollo sostenible de cada sociedad, promover el bienestar de la niñez tiene que figurar como tema prioritario. El asunto implica atender aspectos claves como una educación de calidad y servicios de salud que procuren el bienestar pleno de cada menor.

Las disposiciones de la Declaración resumen derechos fundamentales de los niños para librarlos de la discriminación, procurar su desarrollo físico, mental y social, así como para asegurar su alimentación y techo adecuado.

Como parte de la conmemoración promovida por la ONU, se incluyen modelos en línea para realizar actividades docentes y comunitarias con el fin de que se conozcan mejor los derechos de los niños y, por ende, se tome más acción para el fomento del bienestar de los menores.

La Oficina Internacional del Trabajo (OIT) reveló que 152 millones de niños son forzados al mundo laboral y de esos 73 millones desempeñan tareas peligrosas. El trabajo infantil es mayor en África, Asia y el Pacífico. En América asciende a 5.3 millones, según cálculos de 2017 de la citada entidad divulgados en Ginebra.

En Puerto Rico, aunque la explotación laboral de menores no surge como un problema principal, el maltrato en vertientes diversas alcanza cifras inaceptables. El Instituto de Estadísticas calcula que nueve de cada 1,000 niños está sujeto a situaciones de maltrato cada año. Cuatro de cada mil lo sufren en la modalidad de negligencia y dos de cada mil es víctima de maltrato físico, de acuerdo con el Instituto de Desarrollo de la Juventud.

Mientras, el Índice de Bienestar de la Niñez en la isla recién se ha estimado en un 58%. Se trata de un indicador que sugiere riesgos múltiples a los que están expuestos miles de menores de 18 años en nuestros campos y ciudades. Revela, además, la urgencia de poner en vigor una política pública abarcadora para atender mejor sus diversas necesidades.

Las estadísticas sobre situaciones de alto riesgo para miles de menores expuestos al maltrato por adultos, así como aquellos a quienes la pobreza empuja a circunstancias precarias que limitan su bienestar, no pueden permanecer en reportes digitales u otros archivos como muestra de indiferencia gubernamental y del resto de los componentes de la sociedad.

Es preciso actuar y poner en vigor sin dilación una política pública amplia para fomentar el bienestar de la niñez con medidas agresivas de prevención e intervención contra el maltrato infantil, así como contra la violencia familiar, que propicia ambientes inseguros para menores que presentan situaciones de depresión, baja autoestima o trastornos del aprendizaje, entre otras.

Es necesario, además, ampliar las oportunidades educativas desde el nivel preescolar, atender las deficiencias de educación especial e impulsar iniciativas que permitan a familias vulnerables insertarse en el mundo laboral, entre otras instancias de mejoramiento de la calidad de vida, incluyendo condiciones de vivienda digna, alimentación y atención médica.

Hace falta el compromiso de los líderes gubernamentales para atender este asunto vital para el futuro del país. Con voluntad firme es viable multiplicar alianzas del sector público con la empresa privada, las entidades sin fines de lucro y organizaciones comunitarias para constituir un escudo protector de la niñez como giro revitalizador de nuestras nuevas generaciones.

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