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Un enfoque humano y realista sobre la adicción

El doctor Wilson Compton, director adjunto de dicho instituto, ha explicado que la llamada “sobredosis epidémica” que se produce en Estados Unidos, ha estado marcada por un aumento en la adicción a la heroína y los opiáceos, que, en muchos de los casos, son consecuencia de otra adicción bastante más enmascarada y compleja: la de los medicamentos recetados.

En la mesa redonda convocada el pasado lunes por la Fundación Agenda Ciudadana, y en la que participaron también psiquiatras, psicólogos y otros expertos puertorriqueños, se analizaron los elementos de prejuicio que aún permean en la lucha contra la adicción a drogas, actitudes que sólo pueden revertirse mediante la investigación y la validación científicas de nuevas técnicas.

Sin embargo, donde verdaderamente el doctor Compton puso el dedo en la llaga, fue cuando destacó el carácter “severo” del modelo punitivo que se utiliza en la Isla, más intransigente incluso que el de Estados Unidos, y que no posibilita la rehabilitación, representando, encima, un costo exagerado para las arcas públicas.

Partiendo del hecho de que las personas sorprendidas aquí en posesión de drogas, y en cantidades que se estiman destinadas a su consumo propio, pueden llegar a recibir una condena de hasta tres años de prisión, se concluye que el gasto de tenerlas en la cárcel, unido al trastorno social y laboral que significa alejarlas de su entorno, es lo peor para el Estado.

Hay que subrayar, además, que estando en prisión, donde el costo anual de cada confinado es de unos $45,000, la adicción no será tratada como corresponde. Al contrario, un buen número de confinados que cumplen condena, no por narcotráfico, sino por haber tenido en su poder una pequeña cantidad de drogas, adquieren nuevas adicciones o empeoran de la que ya padecen.

El doctor Salvador Santiago, psicólogo y extitular de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (ASSMCA) que participó en el evento, resaltó que el 71 por ciento de la población penal es adicta. En contraste, de cada dólar que se invierte en tratamiento y prevención, se ahorran más de siete en costos sociales.

A esta situación de respuesta punitiva, con elementos flagrantes de improvisación, se une la circunstancia de que, como bien señaló el psiquiatra Arnaldo Cruz Igartúa, portavoz del Comité de Adicciones del Colegio Médico, la falta de tratamientos efectivos deriva en un “esquema de servicios fragmentados”. De acuerdo con las estadísticas del Colegio de Médicos Cirujanos, sólo once de cada cien adictos reciben tratamiento para su condición, y ni siquiera se trata de un tratamiento integral, que atienda todas las etapas del proceso.

En este importantísimo encuentro, los especialistas llegaron a la conclusión de que, como parte de un verdadero andamiaje preventivo, hay que adiestrar a la Policía, personal de primera respuesta, para que colabore en el manejo de los casos de adicción que tiene que atender a diario. Es una recomendación que debe asumirse de inmediato.

Los más jóvenes están en riesgo especial. En este momento, casi nada les impide acceder y experimentar con drogas de diseño y otras sustancias potencialmente peligrosas. Por ellos, y por el futuro de las generaciones que están por tomar el relevo, hay que darle un vuelco, más valiente y menos oneroso, al enfoque de la adicciones en Puerto Rico.

Nos negamos a creer que aquí haya alcanzado esa dimensión epidémica. Estamos a tiempo de evitarlo.

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