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Unidad, fortaleza y esperanza

Puerto Rico vive otro desafío. 

Nuestro pueblo deberá enfrentar nuevamente con valentía, solidaridad y esperanza la enorme prueba que representa la amenaza global del coronavirus.

Como sabemos, esta enfermedad se ensaña con los más vulnerables: nuestros abuelos, y aquellas personas con afecciones pulmonares y defensas inmunológicas bajas.

La gran mayoría de los contagiados, según estima la Organización Mundial de la Salud, logrará superar la enfermedad y muchos de ellos apenas percibirán los síntomas que el virus provoca.

Esto último es lo más peligroso.

El coronavirus engaña porque su sintomatología puede pasar inadvertida. Por eso, las autoridades mundiales han recomendado, de manera enfática, que no hay mejor antídoto para contener la pandemia que el distanciamiento social.

De ahí, la importancia del autocuidado y el celo que debemos tener para proteger a los nuestros. La mayoría seguramente podrá contar en el futuro que superó airosa este momento. Sin embargo, en ese trance, sin querer o por mero descuido, podría dañar gravemente a un ser querido.

Esta emergencia mundial sorprende a El Nuevo Día cuando cumple 50 años.

Para nuestra familia y para nuestro equipo de hombres y mujeres, estas cinco décadas junto a Puerto Rico solo ha podido ser posible gracias al constante apoyo y lealtad de nuestras audiencias. Nuestra razón de existir se sostiene en el anhelo y sueño que tuvo mi padre Antonio Luis Ferré, aquel 18 de mayo de 1970, de construir un medio de comunicación que sirviera lealmente al pueblo puertorriqueño.

Desde entonces, hemos estado al lado de nuestra gente en los momentos más difíciles, ya sean huracanes o terremotos, y también celebrando las alegrías y conquistas de puertorriqueños ejemplares que han puesto el nombre de nuestro país por todo lo alto hasta en los más recónditos confines del mundo.

Ese espíritu de servicio es nuestro sello y razón de ser.

Este sólido principio nos ha guiado en los pasados días y lo seguiremos respetando hasta que la amenaza del coronavirus haya pasado y ante cualquier otro desafío que nos depare el destino.

Nuestros equipos han estado, desde el mismo momento que apareció el brote en la provincia de Wuhan en China, informando, minuto a minuto, sobre los alcances y riesgos de la expansión de esta pandemia, las medidas urgentes y paliativas para contenerlo, las recomendaciones para el autocuidado y haciendo un continuo “fact checking” de las noticias falsas y rumores que provocan ansiedad entre la gente.

Nuestras plataformas digital e impresa tienen el mayor alcance entre los medios puertorriqueños. El viernes en la noche, nuestros periodistas, comprometidos con la verdad y el rigor, fueron los primeros en informar de los casos que dieron positivo a los exámenes del coronavirus. Hubo 200 mil personas conectadas a elnuevodia.com

Hemos obviado el requisito de pago en nuestra edición digital para dar acceso gratuitoa todas las informaciones urgentes, la opinión de las voces expertas y aquellos artículos de servicio que responden miles de preguntas sobre la enfermedad.

No descansaremos en nuestra tarea de fiscalizar.

Vamos a estar atentos y vigilantes para que quienes tienen la responsabilidad de atender eficazmente esta emergencia actúen sin dilaciones y de manera correcta frente a las múltiples necesidades que demanda una situación tan inesperada y urgente. 

En este sentido, el gobierno de Puerto Rico debe corregir con premura la lenta y desorganizada respuesta a esta gravísima situación que el mundo conoce desde inicios de año. Una buena señal de este necesario giro ha sido la renuncia del secretario de Salud, Rafael Rodríguez Mercado.

Hemos tomado medidas para proteger a nuestros equipos que, como exige este crucial momento, deben seguir trabajando para llevar la información al instante, entregar mapas, guías y consejos para que usted pueda manejarse en esta emergencia mundial.

El coronavirus no solo amenaza nuestra salud. Su agresividad ha desatado una serie de medidas que impactarán con toda seguridad nuestra debilitada economía. Ya estamos sintiendo los efectos de la paralización de vuelos y viajes en cruceros y el cierre parcial de las fronteras.

El necesario distanciamiento social está tocando numerosas actividades cotidianas. La palabra suspensión pareciera no tener fronteras: clases escolares y universitarias, conciertos, servicios públicos y privados así como reuniones religiosas, entre muchas otras.

Esto genera un natural desasosiego.

No obstante, Puerto Rico posee una fuerza moral e interior que nos ayudará a salir airosos de esta hora tan difícil. Como siempre, la unidad de los sectores público, privados, iglesias, voluntarios y organizaciones del tercer sector serán un escudo para protegernos de esta pandemia.

Aquí estaremos como en los pasados 50 años.  

Tenemos la energía para seguir sirviendo al pueblo puertorriqueño con nuestro empeño incansable. Como el primer día y siempre, estamos del lado de nuestra gente. 

María Luisa Ferré Rangel

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