💬 0

Un liderato político de espaldas a Puerto Rico

El hermetismo y la lentitud con que la cúpula política ha manejado el proceso para la sucesión de la gobernación en Puerto Rico, desarmonizan con los principios y prácticas de transparencia llamados a robustecer la democracia.

La lucha de poder en el liderato de gobierno mantiene al país, no solo a ciegas, sino en angustia por la incertidumbre en torno a los pasos para establecer la gobernanza de los próximos 17 meses.

Por definición internacional, la transparencia pone luz sobre las reglas, los planes, los procesos y las acciones, en este caso, del gobierno. Provee para que los servidores públicos actúen de forma visible y entendible, y rindan cuentas sobre sus acciones. Así la gente adviene a conocimiento y toma decisiones informadas. La transparencia es el mejor mecanismo contra la corrupción, y permite aumentar la confianza en las instituciones.

El gobernador saliente Ricardo Rosselló y los presidentes legislativos, Carlos Méndez y Thomas Rivera Schatz están obligados a actuar a la altura constitucional, permitiendo que la gente de Puerto Rico cuente con un titular de Estado con las cualidades que honren la silla de la gobernación reclamada por el pueblo. Ignorar ese deber legal y moral es darle la espalda a Puerto Rico.

Cada día de desgobierno revela a los puertorriqueños, incluida la base novoprogresista, que en esta hora crítica para el país el liderato político que prevaleció en las elecciones pasadas se ha encapsulado atendiendo sus propias ambiciones. Puerto Rico necesita un gobierno responsivo que se plante firme contra el empecinamiento de facciones que luchan por disponer del control del Estado desde el Palacio de Santa Catalina.

Quien asuma el cargo en propiedad por 17 meses debe tener credibilidad y experiencia incuestionables para gobernar sin ataduras a consideraciones ajenas al mejor interés del pueblo. Tiene que ser el candidato idóneo para encaminar las reformas profundas que propicien la agilidad y eficiencia de la estructura pública mientras se ponen en orden las finanzas.

Es amplia la agenda del país. Entre muchos otros pendientes, hay que sentar las bases para implementar una reforma tributara abarcadora y justa. Elevar la calidad del sistema educativo, herramienta fundamental de movilidad social y desarrollo económico. Corresponde también encaminar los grandes proyectos de infraestructura que sostendrán al nuevo Puerto Rico. Se suman a la agenda, la búsqueda de soluciones a la insolvencia de los sistemas de retiro y las negociaciones para reestructurar las deudas.

Enseguida, quien gobierne tendrá que ponerse al día con el estado de cada agencia y asegurar que en todas se hayan adoptado controles más rigurosos contra la corrupción. En particular, en la Administración de Seguros de Salud y en el Departamento de Educación, víctimas de presuntos desvíos multimillonarios de fondos federales. Tendrá que hablarles con franqueza al país, al gobierno federal y a los mercados de inversión sobre la condición en que hereda el gobierno, y los próximos pasos que propone para recuperar la estabilidad y la credibilidad de la isla. Le tocará hacerlo en diálogo y apertura inmunes a los estilos del pasado.

Colocando el país primero, Rosselló y el liderato legislativo deben resolver sin más dilación la sucesión de la gobernación, para que los puertorriqueños entren a un nuevo comienzo este viernes.

En esta coyuntura histórica, el pueblo observa quiénes se comportan como verdaderos líderes de estado y quiénes le traicionan al poner en riesgo la credibilidad de la isla, el desembolso de fondos federales y el saneamiento de nuestras instituciones democráticas.

La prolongación de la inestabilidad institucional y la consecuente incertidumbre ponen en jaque los esfuerzos y las aspiraciones de los ciudadanos de contar con un gobierno que los represente con dignidad.

Fallar en hablarle claro al pueblo y en designar a la persona más apta para asumir cabalmente el máximo cargo de gobierno, sería imperdonable en el juicio de la historia.

💬Ver 0 comentarios