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Un modelo comunitario de protección ambiental

La creación de reservas naturales es una medida apropiada para preservar sistemas de gran valor ecológico y cultural. Ese es el caso de la Reserva Marina Arrecife de Isla Verde, la primera zona costera protegida por ley en el área metropolitana, gracias a la gesta de residentes de la vecindad.

Al centro de la reserva está el arrecife de coral del concurrido sector playero de Carolina. Proteger este ecosistema y su biodiversidad de la actividad humana irresponsable, incluidas las actividades acuáticas extremas, fue el objetivo que llevó a los residentes a organizarse. Crearon la entidad Arrecifes Pro Ciudad Inc. con miras a alcanzar la designación protectora, lo que lograron al reunir importantes apoyos de la academia, grupos ambientalistas y el gobierno.

El espacio submarino actúa como freno a la degradación ambiental, provee experiencias para la investigación científica y, por su belleza, es escenario ideal para el buceo recreativo y un atractivo para la actividad turística. Por eso, fomentar la integridad de este recurso favorece el desarrollo sostenible y una mejor calidad de vida.

Una de las funciones del arrecife de mayor beneficio para la isla es su capacidad de absorber hasta el 97% de la energía de las olas. Al amortiguar los impactos del oleaje, contribuye a contener la erosión costera, uno de los problemas más severos en nuestros litorales. En una franja con alta densidad poblacional que es centro de mucha actividad social, es importante mantener la salud y la estabilidad de esta barrera natural.

El bienestar de este recurso está atado al aumento de su biodiversidad, uno de los objetivos que persigue la creación de la reserva. De ahí que uno de los proyectos del grupo Arrecifes Pro Ciudad para este año es hacer un inventario de peces.

El hermoso paraje se destaca por su coral vivo, que incluye algunas especies amenazadas como la acrópora palmatta y la acrópora cervicornis. También provee para el reabastecimiento de las poblaciones de algas, crustáceos y peces, para el desove de tortugas marinas como el tinglar, el carey de concha, y es muy frecuentado por manatíes en busca de refugio y alimento en las praderas de las plantas thalassia. Corroborar que la biodiversidad ha aumentado sería un hallazgo positivo a la luz de las advertencias de la comunidad científica en torno a la pérdida acelerada de las especies marinas a nivel global.

Otra iniciativa meritoria de la entidad ambiental es el monitoreo de la calidad del agua de mar que, al realizarse en coordinación con la Universidad de Puerto Rico, adquiere un valor educativo. Una tercera propuesta del grupo es expandir el reciclaje de aceite que ahora se hace en un condominio a otros de la zona, lo que podría resultar en mejoras al tratamiento de las aguas usadas.

Se trata de una agenda que impacta la vida marina y se inserta en el mejoramiento de la vida comunal. Arrecifes Pro Ciudad es ejemplo de constancia y compromiso con el patrimonio natural. Los ciudadanos voluntarios asumen la responsabilidad con ese patrimonio, al presente retado por el aumento en el nivel del mar y los eventos ciclónicos.

Con un propósito claro y una ejecución adecuada, consiguieron la vital ayuda del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, y del Municipio de Carolina. Fue crucial el marco legal obtenido mediante la Ley 274, que en 2012 estableció el litoral para conservación y asigna a Recursos Naturales y Ambientales la responsabilidad de llevar a cabo un plan de manejo, administración y rehabilitación de la zona.

El imprescindible peritaje que permite la ejecución de los proyectos lo aportan la academia y la empresa privada, mientras que la Agencia de Protección Ambiental ha otorgado fondos para los proyectos.

Este un modelo de organización comunitaria que amerita ser replicado.

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