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Urge aunar esfuerzos para combatir especies invasoras

La amenaza que representa la propagación acelerada de cerdos vietnamitas por comunidades de San Juan es la más reciente y notoria evidencia de los peligros que enfrenta Puerto Rico con la entrada ilegal de especies invasoras a la isla. La extensión del problema urge soluciones responsables tanto de las autoridades como de los ciudadanos.

La fauna invasora pone en riesgo la salud y seguridad públicas, así como sectores económicos en desarrollo, y necesarios para el país, como la agricultura. También amenazan la biodiversidad nativa y, con ello, alteran el equilibro natural de nuestros hábitats.

Atender este asunto complejo requiere, por un lado, acciones de control inmediato y medidas que eviten y penalicen con más dureza la entrada de estas especies. Demanda, además, una intensa campaña para que los ciudadanos tomen conciencia sobre la ilegalidad de estas prácticas y que adquirir o importar estos animales, o plantas, pone en riesgo, incluso, vidas.

El gobierno ha dicho que atenderá el problema que representan los cerdos vietnamitas para comunidades ubicadas en los márgenes del caño Martín Peña y la laguna San José, sin precisar fechas.

En la zona, ciudadanos han denunciado que han clamado en los últimos años la intervención de departamentos como Salud y Agricultura local y federal, además del municipio, sin respuestas, aunque era evidente el crecimiento de esta especie.

Los vecinos no pueden asumir solos el manejo de estos animales. Es necesario peritaje profesional, esfuerzo combinado y la adopción de medidas de seguridad. De los ciudadanos se requiere cautela y prudencia. El contacto o la ingesta de estos cerdos pueden ser canales de contagio de enfermedades peligrosas y virales. Así lo han subrayado en los pasados días varios epidemiólogos.

La situación revela el alcance que pueden tener acciones irresponsables. Como los cerdos vietnamitas, reptiles como el caimán, el cocodrilo y la gallina de palo, que hoy plagan muchos de nuestros cuerpos de agua, fueron importados y adquiridos como mascotas sin ser aptos para ello.

Además de la negligencia de personas inescrupulosas, otras especies invasoras han llegado a la isla, a veces por accidente o por malas decisiones institucionales, como el caso de la mangosta. Sin premeditación llegaron, por ejemplo, especies como las ratas o el pez león, traídos por embarcaciones o por corrientes marinas.

Además del tráfico ilegal de animales y plantas, hay especies que llegaron por vías de programas de investigación, reforestación, de pesca o caza deportiva. Otras, arriban como huevos o larvas en tierras y plantas ornamentales o son transportados en los cuerpos de animales migratorios.

Por eso, el problema requiere acción coordinada desde múltiples frentes.

Por un lado, aun con la limitación de recursos, las autoridades tienen el deber de realizar intervenciones efectivas para atrapar estas especies, sobre todo las más peligrosaspara la vida humana. Además de las ya mencionadas, las autoridades han informado que con demasiada frecuencia atrapan especies peligrosas como boas constrictor, que pueden ser mortales y son comunes en la zona oeste. Se han atrapado en cajas enviadas a la isla, escorpiones y otras especies para cuyas picadas o mordidas aquí no existen antídotos.

También hace falta cooperación ciudadana. Primero, para rechazar la participación irresponsable en el mercado clandestino. Quien interese adquirir una especie exótica autorizada debe cumplir una serie de procesos de control. A quien posea una de estas especies que no puede manejar o mantener, las autoridades instan a no liberarla sino notificarlo de inmediato.

La situación recuerda, además, la necesidad de concienciar y formar ciudadanos respetuosos de toda vida animal o vegetal. Es pertinente reconocer que no todas las especies deben ser tratadas como mascotas. No son juguetes. Las plantas y los animales cumplen funciones específicas en sus hábitats mientras que fuera de ellos tienen la capacidad de desestabilizar sistemas vitales.

Las autoridades están emplazadas a tomar acción afirmativa sin mayor dilación para controlar estas poblaciones. Mientras, en los vecindarios hay que asumir posturas que promuevan el bienestar común. Respetar el ordenamiento natural debe ser parte de esa gestión clave como ciudadanos responsables.

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