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Urge capitalizar sobre la innovación agrícola

Provocan esperanza y entusiasmo iniciativas recientes sobre innovadores proyectos de agricultura que permiten atisbar un futuro en el que, con el apropiado apoyo gubernamental, podamos aumentar la participación del agro en nuestra economía.

Creemos que estos proyectos son un importante ejemplo al que el sector agrícola, y todo Puerto Rico, deben prestar mucha atención. Demuestran que el uso de la más avanzada tecnología y las prácticas de la agricultura ecológica pueden servir para impulsar este valioso sector, que hace años no alcanza su potencial y del que deberíamos depender más, tanto por su potencial de desarrollo económico como por la importancia que tiene aumentar el nivel de productos locales disponibles para nuestro consumo.

Uno de estos programas lo llevan a cabo estudiantes y profesores del Instituto de Biotecnología Sustentable del Recinto de Barranquitas de la Universidad Interamericana quienes lograron crear una semilla de plátano de mejor calidad de la que usualmente se produce, mediante un ingenioso procedimiento de laboratorio conocido como micropropagación. Las semillas producidas mediante este procedimiento, que es ambientalmente amigable, son de mayor calidad y libre de enfermedades, lo cual garantiza una probabilidad de supervivencia mayor en la finca.

También llama la atención el éxito que está teniendo la finca de agricultura ecológica Josco Bravo, en Toa Alta, que tras haber perdido el 90% de sus cosechas durante el huracán María en septiembre de 2017 reportaron en el 2018 haber cosechado sobre 12,000 libras de hortalizas agroecológicas, 2,816 libras de hojas, 1,651 libras de vegetales de raíz, 712 libras de hierbas aromáticas, 6,908 libras de frutas y vegetales y 560 libras de farináceos, según escribió recientemente en este diario el estudio de estos temas Miguel Marxuach Lausell.

Estas son iniciativas atractivas por donde quiera que se les mire, tanto por lo que significan para los que se benefician de este programa en específico, como por el ejemplo que dan al resto del país sobre el potencial de la tecnología en la agricultura.

Puerto Rico tiene todavía demasiado que avanzar en este campo. Desde las universidades, hay importantes esfuerzos por aportar en este sector, como demuestra el esfuerzo de la Interamericana y múltiples otros experimentos que se conducen en diversos recintos de la Universidad de Puerto Rico (UPR), así como en la Estación Experimental Agrícola y el Servicio de Extensión Agrícola, ambos adscritos a la universidad estatal.

Además, hay múltiples iniciativas privadas y comunitarias tratando de abrirse paso, con resultados alentadores, aunque todavía insuficientes, en este campo.

Por eso es que hace falta muchísimo más apoyo y atención desde las esferas oficiales, de manera que, mediante iniciativas así, pueda por fin aumentar la aportación agrícola a la economía puertorriqueña, que en el 2017 no llegó al 1% del producto doméstico bruto. Esa esuna aportación francamente inaceptable, tratándose de un sector que una vez fue el pilar de nuestra economía y que en tiempos recientes está llamando la atención incluso de jóvenes que, ante las adversidades económicas que enfrenta el país, ven elregreso a la tierra como una posible salida a la crisis.

Año tras año, escuchamos promesas de mejorar las condiciones en que se desenvuelve el sector de la agricultura, de romper la extrema dependencia de exportaciones que tenemos para alimentarnos y de aumentar la aportación de ese sector a nuestra economía.

Con los avances en el campo de la agricultura que se están gestando en nuestras propias universidades, con las muchas iniciativas sostenibles que se desarrollan en distintas comunidades, y con el interés que esa industria ha despertado en la juventud, las condiciones están dadas para que, de una vez y por todas, dé fruto, literalmente, este sector.

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