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Urge fomentar el bienestar de nuestros consumidores

Las estadísticas sobre la venta de productos falsificados en Puerto Rico reflejan la necesidad de intensificar orientaciones a los consumidores para advertir sobre la diversidad de riesgos que implica el consumo de mercancía pirata cuya producción no cumple regulaciones gubernamentales sobre seguridad y otros controles de calidad.

Las cifras recién divulgadas aluden a un negocio de $2,000 millones mensuales en ventas al detal cuya producción no necesariamente brinda garantías pertinentes para la salud y seguridad de las personas que las adquieren en la isla, donde el año pasado las autoridades federales confiscaron mercancía de este tipo valorada en $36 millones.

La considerable venta de productos falsificados en Puerto Rico impacta de forma negativa a numerosas empresas que cumplen leyes estatales y federales sobre el comercio al detal o al por mayor. La situación tiene implicaciones negativas mayores en un mercado afectado por la recesión y otros factores de inestabilidad.

La mercancía falsificada abarca amplios renglones incluyendo productos de consumo para infantes. Peritos vinculados a la fiscalización de estas actividades han señalado que en este tipo de mercadeo inescrupuloso se han detectado incluso empaques etiquetados como leche para bebés cuyo ingrediente principal resultó ser agua con un colorante.

El multimillonario trasiego de bienes de dudosa procedencia y calidad suele poner en riesgo la seguridad de las personas y así lo han documentado expertos en inspección de productos de consumo en Estados Unidos. Además, estas ventas reducen la capacidad competitiva del empresario local. Al mismo tiempo, restan ingresos al Estado para invertir en operaciones y servicios.

Cuando los productos no están sujetos a la inspección y aprobación de las agencias reguladoras se omiten aspectos de seguridad en su producción que en ciertos casos no se aprecian en su aspecto externo. Sin embargo, esas deficiencias pueden aflorar a corto plazo y los compradores ven desvanecidos de inmediato el atractivo de precios bajos que constituye el gancho principal de mercaderes inescrupulosos.

En los casos más severos, el consumidor puede sufrir daños físicos por la mala operación de productos falsificados. En el renglón de mercancía anunciada como remedios para condiciones médicas los riesgos se multiplican. Por ello, la recomendación a las familias es no auspiciar productos sin los controles de la Agencia de Drogas y Alimentos de los Estados Unidos.

Es importante, además, procurar aprobaciones de otras agencias reguladoras federales y del apoyo de entidades estatales como el Departamento de Asuntos del Consumidor. Conviene que esta dependencia local promueva de forma dinámica orientación para desalentar que los ciudadanos se expongan a los riesgos del mercado de la piratería, catapultado al presente por la amplia penetración de la publicidad cibernética y las facilidades del comerció en línea.

Lasdinámicas del mercado pirata, estimuladas por un consumismo irresponsable de ahorro cuestionable violan todas las disposiciones legales sobre la propiedad intelectual y las patentes, producto de la investigación para el desarrollo y prueba rigurosa de buenas mercancías.

Por ello, esperamos que los controles aduaneros mantengan sistemas tecnológicos y mecanismos modernos para rastrear y confiscar mayores cargamentos de mercancías transportadas para la venta en las tiendas.

No obstante, es imperioso fomentar una cultura de consumo responsable para desalentar el comercio de productos falsificados que en muchos casos son ordenados en línea y entregados por correo a los domicilios de miles de personas.El gobierno debe afinar alianzas con la empresa privada para intensificar campañas de orientación a los consumidores y desalentar la espiral creciente de estas ventas.

Los ciudadanos, por su parte, tienen que asumir prácticas responsables centradas en el bienestar familiar y no auspiciar estos productos. Además, la colaboración con las autoridades, mediante información confidencial puede contribuir a frenar este tipo de comercio. Las autoridades aduaneras así lo han reclamado para reforzar controles centrados en procurar el mayor bienestar de los consumidores puertorriqueños.

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