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Urgen nuevos enfoques para forjar un país seguro

La decisión del gobernador de convocar a una cumbre para atender el agudo problema de inseguridad en Puerto Rico debe asumirse como un paso para implantar estrategias que incluyan, tanto herramientas de respuesta inmediata contra la acción delictiva, como enfoques salubristas que arranquen las raíces del problema.

En lo inmediato, la acelerada frecuencia de asesinatos durante la primera semana de 2019, con 18 personas abatidas en ataques a tiros, algunos perpetrados a plena luz del día en lugares públicos, impone la necesidad de que la Policía tome iniciativas prácticas a corto plazo.

Sin embargo, transformar la isla en un país seguro requiere poner en vigor proyectos que integren los componentes sociales de vivienda, salud, educación y trabajo como motores de cambio para constituir a largo plazo comunidades en las que reine la paz.

No es la primera vez que desde La Fortaleza se convoca a estos encuentros para dilucidar cómo evitar la actividad criminal. Esperamos que esta vez la convocatoria se convierta en el espacio para articular una buena ofensiva contra grupos delictivos que siegan vidas y tranquilidad, como ocurrió en un centro comercial de Dorado, mientras cientos hacían compras en la víspera de la Epifanía. Allí pistoleros ultimaron a tiros a un hombre frente a una tienda. El turístico sector de Isla Verde fue escenario de otra balacera letal a pleno día; un hecho similar ocurrió frente a un céntrico almacén comercial en Puerto Nuevo. Algunos de esos ataques fueron grabados en vídeo por ciudadanos que replicaron las imágenes en redes sociales, lo que ilustra la terrible cotidianidad de estos eventos y hasta cierta resignación. Para 2018, la Policía reportó 639 asesinatos. Este mes la escolofriante frecuencia de esos delitos mantiene la de meses previos.

La reunión de ayer del mandatario con diversos componentes de seguridad y alcaldes muestra la importancia que le otorga a la colaboración interagencial, la cual se extiende a las agencias estadounidenses de ley y orden, en el esfuerzo para frenar la ola delictiva. El Ejecutivo también recalca la necesidad de asignaciones federales adicionales.

Sin embargo, desde La Fortaleza y los niveles altos de la Policía es necesario que emanen guías claras y eficientes a través de la cadena de mando. El buen liderazgo inspira confianza y firmeza en las filas, y estas transmiten lo propio al ciudadano.

Al mismo tiempo, aunque el sueldo de los agentes debe mejorarse, ello no justifica el incumplimiento de labores, muy particularmente las de ley y orden, que inciden sobre la preservación de la vida. Por eso es imperioso que los servidores públicos de la Policía, así como los integrantes de otras agencias del Departamento de Seguridad Pública, demuestren su compromiso ético y su pericia profesional con un pueblo que enfrenta serios retos.

No obstante, a este esfuerzo tienen que sumarse estrategias de enfoque salubrista que erradiquen las causas de la delincuencia y la violencia, ahorrándole al país sus horribles manifestaciones. El énfasis punitivo no puede ser la acción exclusiva, pues ya ha probado su fracaso. Además de limitar la inversión en esfuerzos preventivos, la mano dura no ha podido frenar la reincidencia, ni ofrecer la ayuda adecuada a víctimas y testigos de delitos.

Especialistas de distintas disciplinas, organizaciones del tercer sector y profesionales salubristas acertadamente definen el problema de inseguridad como uno de salud pública que atenta contra la vida en democracia.

La respuesta al serio problema de inseguridad que sufren los puertorriqueños tiene que echar mano de acciones interdisciplinarias y multisectoriales, concretas y medibles. Que hagan frente a la desigualdad, a la violencia intrafamiliar que victimiza a miles de mujeres, niños y ancianos. Ello requiere proteger los derechos humanos y promover un ambiente de equidad y de mayor calidad. Es tiempo de poner en vigor planes que incluyan una perspectiva integral que lleve a reconstruir un país de paz.

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