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Urge una estrategia atinada contra el abuso de opioides

Las muertes por intoxicación con opioides continúan devastando a familias y comunidades en Puerto Rico, resultado de la incapacidad de las autoridades y sectores salubristas de articular y poner en vigor una estrategia asertiva para resolver el serio problema del abuso de sustancias adictivas.

Los opioides, ya sean los recetados para calmar dolores o los que abundan en el mercado ilegal de drogas, son señalados como causa en la mayoría de las fatalidades por sobredosis. El abuso de los opioides en Puerto Rico se asoció a 598 decesos de 2018, mientras que en Estados Unidos ha sido vinculado a 72,000 muertes de 2017.

Estos datos estadísticos arrojan luz sobre la extensión y las complejidades de la arrolladora ingesta de drogas en la isla y Estados Unidos, tanto de las reguladas por las autoridades salubristas como las prohibidas por ley debido a su alta toxicidad. Abusar de esas drogas genera tolerancia y dependencia que requieren atención salubrista rápida y adecuada. De lo contrario, se atrofian las oportunidades de desarrollo personal del usuario, se fragmentan la unidad y la paz familiares, y se coloca sobre la sociedad un enorme peso moral y financiero.

El propósito principal de los medicamentos que contienen opioides, como la morfina y codeína, es aliviar dolencias como las provocadas por cirugías, lesiones y enfermedades como el cáncer. Sin embargo, su uso prolongado ha alcanzado niveles de epidemia.

El problema es real en Puerto Rico. Por tanto, corresponde a las autoridades gubernamentales e instituciones privadas salubristas establecer procesos de prevención y tratamiento del abuso de las drogas que lleven a resultados.

Los patrones de adicción identificados permiten desarrollar guías para encontrar soluciones. Expertos coinciden en que uno de los problemas más serios es el fácil acceso a las sustancias adictivas. Drogas mezcladas con opioides, y opioides sintéticos más fuertes y sin valor medicinal, como el altamente adictivo fentanilo, están disponibles en calles y otros lugares públicos.

Además, se ha probado que la dependencia de medicamentos conduce al consumo de heroína, un opioide muy adictivo. Por otro lado, se da por hecho que una altísima proporción de personas que abusan de opioides se abastecen a través de familiares y amigos que las obtienen de forma legal como medicamentos.

Estas circunstancias obligan a actuar para detener una tendencia de abuso que acarrea un alto riesgo de mortalidad y que destruye a muchas familias.

Sobre las agencias gubernamentales estatales recae la tarea de integrar esfuerzos preventivos, regulatorios y punitivos para encarar un mal que se aprovecha de la vulnerabilidad humana, muy en particular de los jóvenes y de personas con desventajas socioeconómicas. Es importante que las estrategias contra el trasiego de drogas incluyan el refuerzo de la identificación y desarticulación de los laboratorios clandestinos que procesan narcóticos.

Al mismotiempo, es menester orientar a la población sobre el adecuado manejo de los medicamentos que pertenecen a la familia de los opioides, los cuales constituyen el 18% de todas las medicinas recetadas en Puerto Rico.

En este esfuerzo, es esencial la participación activa del sector salubrista, por su amplio peritaje y experiencia en los temas de las adicciones y sus tratamientos. Su respaldo y consejo servirán para fortalecer el componente educativo, que debe ser parte fundamental de la educación temprana en la escuela y la comunidad. La instrucción debe extenderse a policías, bomberos y personal de manejo de emergencias que intervienen en situaciones de sobredosis.

De la unidad de propósitos deben surgir iniciativas basadas en las prácticas de mayor avanzada para enfrentar con éxito el abuso de opioides, una plaga con horrendas repercusiones en la salud y la paz individual, familiar y colectiva de nuestro país.

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