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Valorar la vida construye una sociedad de paz

Crímenes como el ocurrido días atrás en un sector de Toa Alta, en el que asoman disputas familiares, subrayan la urgencia de que Puerto Rico haga del desarrollo de destrezas sociales una prioridad.

Corresponde a todas las instituciones -gobierno, escuelas, iglesias, partidos políticos y centros de trabajo-, aportar en el modelaje de la resolución de conflictos, con respeto y empatía.

Aunque el móvil de la matanza de tres personas - presuntamente a manos de un familiar - está bajo investigación, informes atribuyen el crimen a una controversia por una vivienda.

No condonamos ninguna conducta violenta, mucho menos cuando provoca la muerte. Al contrario, enfatizamos la importancia de someter este lamentable incidente a la mayor rigurosidad investigativa y que se aplique el rigor de la ley que corresponda.

Apuntamos, no obstante, que desde la edad temprana cada persona debería aprender a apreciar el valor de los seres humanos por encima de ideas, rasgos físicos y posesiones. Esa valoración propicia el respeto a la vida.

Nuestra sociedad necesita capacitarse en competencias que deberían ser básicas para todos los ciudadanos. Entre las más fundamentales, el país necesita cultivar la destreza de escuchar activamente con la intención de conocer, en vez de procurar vencer. Esta competencia permite entender los contextos desde los cuales cada persona piensa y actúa, tanto como sus talentos y necesidades. Dicho ejercicio confirmaría que todas las personas comparten emociones, como las penas y alegrías, y la búsqueda de bienestar.

Junto a las materias básicas, nuestros niños deberían aprender desde los primeros grados a manejar emociones como el miedo, el dolor y el coraje, a conocer el poder creador del diálogo y a desarrollar destrezas para la resolución armoniosa de conflictos. La convivencia social se fortalece cuando en cada hogar, escuela y espacios comunitarios se inculca la enseñanza de los valores éticos como la responsabilidad, el compromiso, la integridad y la empatía. Asimismo, pueden promoverse más el conocimiento de los derechos humanos y la importancia de respetarlos para disfrutar de una sociedad justa y de paz.

No obstante, demasiadas veces, desde las posiciones de liderato - político, de gobierno, religioso o sectorial - la falta de razones y argumentos se escuda tras la intolerancia y se descarta a quien piense distinto. Se utiliza el poder para reprimir, para cerrar oportunidades de expresión y participación de la toma de decisiones que afectan a grupos minoritarios, lo que, en definitiva, es afectar a toda la sociedad. Estas prácticas propenden a la desigualdad, la inseguridad, la corrupción, la impunidad y la violación de derechos. El respeto al disfrute pleno de la vida no puede ser una opción; es un imperativo moral.

Por otro lado, los hechos lamentables ocurridos en el sector Cielito, en Toa Alta, revelan también otros problemas sistémicos que imponen iguales responsabilidades sobre las instituciones. De fondo está el problema de la informalidad como vía para suplir necesidades básicas, tales como la vivienda y la falta de ofrecimientos sensibles y adecuados por parte del Estado. Sobre el presunto homicida, de 77 años, pesaba una orden de desahucio.

Instancias en que las viviendas se construyen, se traspasan o se habitan sin que medien los debidos procesos se replican por toda la isla y se erigen como obstáculos en la respuesta a las emergencias como las asociadas al huracán María y a los terremotos de enero. Se presentan como dificultad que provoca, por ejemplo, que miles de familias vivan aún bajo toldos por más de dos años, a casi 100 días de una nueva temporada de huracanes.

Como en un círculo vicioso, la deshumanización e indiferencia sobre derechos fundamentales que la institucionalidad no alcanza a servir, reflejan un deterioro social que Puerto Rico no se merece permitir.

Necesitamos y podemos aspirar a trascender la cultura de la sobrevivencia que estimula la insensibilidad, que despoja y destruye para prevalecer sobre los demás, muchas veces los más desvalidos. Hagamos el propósito de aportar, desde cada escenario y en cada actividad, para construir un país de paz con respeto y equidad.

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