Jorge Schmidt Nieto
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Residenciar a Trump, un reto político

Los demócratas intentarán conseguir con el “impeachment” lo que no lograron en las urnas, derrotar a Trump. Ya desde noviembre 2018, cuando los republicanos perdieron el control de la Cámara de Representantes, se sabía que Nancy Pelosi recibiría presiones de su partido para buscar una justificación para residenciar al presidente. La encontró en el escándalo de la conversación de Donald Trump con Volodimir Zelensky, el presidente de Ucrania, en la que se alega traicionó al país.

Se dice que Trump le exigió a Zelensky que, a cambio de ayuda militar, acusara de corrupción al exvicepresidente y actual precandidato presidencial Joe Biden, y a su hijo. Implicaría presionar a un país extranjero para que atacara a un ciudadano americano para su beneficio electoral, usando fondos de los contribuyentes. Pelosi enfatizó el daño a la seguridad nacional que provoca la intromisión de un presidente extranjero en política nacional. También abundó en su aparente ataque al delator que reveló el contenido de la conversación. Insinuó que Trump cometió traición y obstaculizó la justicia. Ambos delitos conllevan residenciamiento.

El reto para los demócratas es más político que legal. La Cámara de Representantes puede aprobar el residenciamiento con mayoría simple, pero el Senado necesita dos terceras partes. Una votación estrictamente por líneas partidistas podría progresar en la Cámara, pero en el Senado harían falta 19 votos republicanos. Sólo un escándalo de proporciones catastróficas podría producir una deserción de tal magnitud en las filas del partido de gobierno. Ni siquiera el vergonzoso caso de Bill Clinton con Mónica Lewinski en 1998 consiguió que los senadores demócratas apoyaran el “impeachment” que había aprobado la Cámara. Sin embargo, el tortuoso proceso desprestigió la presidencia de Clinton y provocó la derrota de Al Gore en las elecciones del 2000.

Trump seguramente superará el proceso y no tendrá que renunciar, pero podría sufrir un daño político irreparable. El proceso captará la atención mediática. La opinión pública se convertirá en el verdadero jurado. Ahí colocan sus apuestas los demócratas. Pelosi insistió en que debían salvar la república de la usurpación del poder por parte de Trump, citando a Benjamin Franklin, uno de los más venerados padres de la patria.

El proceso podría beneficiar a Biden en las primarias presidenciales, si consiguiera convencer a los votantes de que los ataques de Trump no fueron únicamente contra él, sino contra todo el Partido Demócrata. Por otro lado, podría perjudicarle si se develara información concreta que lo conectara con la comisión de delitos en los contratos de su hijo con el gobierno ucraniano.

Los demócratas se disponen a demostrarle a la opinión pública que Trump está incapacitado para ejercer las funciones de presidente. Usarán acusaciones difíciles de explicar. No les será fácil incitar pasiones entre los votantes por delitos poco tradicionales. Dependerán de testigos con declaraciones espectaculares que despejen toda duda de la ilegalidad de las acciones de Trump y tendrán que convencer a simpatizantes del presidente de que su traición los alcanza a ellos. Hasta ahora no lo han conseguido.


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