



La menopausia es una etapa natural en la vida de toda mujer que marca el final de los ciclos menstruales y de la etapa reproductiva. Generalmente ocurre entre los 45 y los 55 años, aunque puede presentarse antes o después, según los factores genéticos, hormonales y de estilo de vida.

Durante este período, se producen cambios importantes en el organismo, principalmente debido a la disminución de los niveles de estrógeno. Estos cambios pueden manifestarse en forma de sofocos, alteraciones del sueño, cambios en el estado de ánimo, aumento de peso, pérdida de masa ósea y disminución de la masa muscular. Uno de los factores más importantes y, a la vez, más accesibles para preservar la salud son el movimiento y la actividad física regulares.
El cuerpo humano está diseñado para moverse. Sin embargo, con el paso de los años, muchas personas adoptan un estilo de vida más sedentario, ya sea por las demandas laborales, las responsabilidades familiares o simplemente por falta de tiempo. Durante la menopausia, mantenerse activa resulta especialmente importante, ya que el movimiento ayuda a contrarrestar muchos de los cambios metabólicos y hormonales que ocurren en esta etapa.
Los expertos en salud recomiendan que los adultos realicen al menos 150 minutos de actividad física moderada por semana, lo que equivale a aproximadamente 30 minutos al día, cinco días a la semana. Además, es aconsejable incluir ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos veces por semana, así como actividades que mejoren la flexibilidad y el equilibrio.
Con los hábitos adecuados, muchas mujeres descubren que pueden mantener una vida activa, saludable y plena durante décadas después de la menopausia. Mantenerse en movimiento durante la menopausia no solo ayuda a controlar los cambios físicos propios de esta etapa, sino que también fortalece la salud mental, mejora la energía diaria y contribuye a un envejecimiento saludable.

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