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En todas las áreas dominan el orden y el inventario estricto. (horizontal-x3)
Un pasillo conecta las distintas áreas de trabajo más específico, como el laboratorio de pruebas no destructivas, el taller de placas de metal, pintura, soldadura o reparaciones de piezas.

AGUADILLA - En un operativo preciso y eficiente, aviones con rayazos, paneles abollados o asientos averiados entran al hangar de Lufthansa Technik Puerto Rico (LTPR) para salir más seguros y relucientes de cinco a ocho días después. 

Para ello, más de 200 mentes y pares de manos se ocupan de inspeccionar, probar, desarmar, reparar, reemplazar y reinstalar cientos de puntos y piezas, a la vez que velan por el cumplimiento de los estándares de calidad de la compañía con sede en Alemania y las regulaciones de la Administración Federal de Aviación (FAA). 

Esa es la compleja misión del centro de mantenimiento, reparación y acondicionamiento (MRO) comenzó a operar el 21 de julio y hoy, 1 de noviembre, inaugura oficialmente, con miras a llegar a su máxima capacidad y duplicar su plantilla para 2017.

¿Cómo lo hacen? La clave está en la logística.

“Organizamos el trabajo de la forma más eficiente posible, para que la mayor parte de los trabajos se puedan hacer en paralelo y así minimizar el tiempo que la aeronave está fuera de servicio”, explicó el gerente de proyecto Sebastian Hagenmüller en un recorrido. 

Así los empleados, con sus distintos peritajes, cumplen a tiempo sus tareas sin necesariamente tener que esperar por otros colegas o invadir sus estaciones de trabajo. 

Un pasillo conecta las cinco líneas de mantenimiento, de las cuales dos están activas, con las distintas áreas de trabajo más específico, como el laboratorio de pruebas no destructivas, el taller de placas de metal, pintura, soldadura o reparaciones de piezas. 

En todas las áreas dominan el orden y el inventario estricto: es imperativo saber dónde está cada herramienta y pieza.

“Todo lo que sacamos del avión lo transportamos a los distintos talleres de reparación. Luego de que se les hagan las revisiones necesarias, se devuelven justo a tiempo para reinstalarse en la aeronave”, explicó Hagenmüller. 

Como ejemplo, explicó que los asientos se extraen y se llevan a verificar, asear e inspeccionar en uno de esos talleres. 

“Allí nos aseguramos que no tenga nada roto. Lo que esté roto lo arreglamos”, explicó. No se instalan asientos nuevos, a menos que el cliente así lo haya pedido. 

Mientras, en el taller de pintura hay varias cabinas separadas para hacer reparaciones menores, de algún rayazo o decoloración. 

Sin embargo, LTPR tiene capacidad para pintar o cambiar la pintura de aviones completos, indicó Bernhard Lindorfer, gerente de desarrollo de instalaciones de LTPR, al mostrar la quinta línea de mantenimiento que,  a la vez, es una cámara con control de humedad, temperatura estable y secadores integrados. 

Mientras, en las líneas de mantenimiento - que se conectan con la pista del aeropuerto Rafael Hernández, la más larga del Caribe -  mecánicas y mecánicos verifican por dentro y por fuera todos los puntos requeridos. Se asoman a motores, debajo de las alas. Si el componente queda muy alto, usan arnés de seguridad para prevenir cualquier caída, detallaron los ejecutivos. 

Cuando comenzaron a laborar en julio,  el proceso de alistar un avión de acuerdo con las regulaciones vigentes y las expectativas del dueño de la aeronave -  les tomaba 10 días, indicó Lindorfer. 

Poco después bajaron a ocho días. Y  ya, a punto de recibir el décimo avión, rozan la meta de culminar las tareas en cinco jornadas. “Y todavía estamos aprendiendo”, agregó complacido. 

 “Ofrecemos al cliente el servicio completo, en un solo lugar, para dejarle su avión como nuevo", resumió Lindorfer.

Metódicos, pero relajados

Las tareas duras y metódicas se dan en un evidente ambiente de camaradería y confianza en la capacidad de los colegas. Sin percatarse de la presencia de El Nuevo Día, con o sin jefes cerca, empleados y supervisores se llaman por sus nombres, bromean, comparten impresiones en español si se hablan entre boricuas, en inglés si se relacionan con el personal alemán.

Un área de descanso, en la que pronto habrá servicio de cafetería, es tan útil para pasar el periodo de almuerzo como la recepción en las oficinas administrativas, que cuentan con un diseño abierto. 

El acceso al área de administración está decorado con fotos históricas de cuando el hangar en el que trabajan era parte de la antigua base aérea. 

Ya en las oficinas, fotos de parajes icónicos de  Puerto Rico, tomadas por los propios ejecutivos de LTPR, adornan las paredes. 

“Esta la tome yo”, confesó Hagenmüller señalando una colorida instantánea de Playa Flamenco, en Culebra. 


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