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Robo de identidad, estafas de inversión y explotación infantil son algunos de los delitos que se cometen a través de las redes sociales (EFE).

Sentarse detrás de una computadora podría no ser tan inofensivo como muchos pensarían. En los últimos años, la vulnerabilidad de los usuarios de internet ha ido en aumento, particularmente por la expansión de las redes sociales, las cuales hoy son parte integral de las vidas de muchas personas, para bien o para mal.

En la actualidad, las redes sociales consumen alrededor del 30% del tiempo dedicado a internet, y sitios como Facebook han dejado atrás la barrera de los 2,000 millones de usuarios al mes.

Pero, así como estas plataformas han alterado la forma en que interactúan los individuos, también la delincuencia se sirve de ello, y ha encontrado en las redes sociales una mina dorada para perpetrar nuevos delitos o expandir sus actividades.

Por su carácter altamente destructivo, a los servicios de inteligencia les alarma la forma como estos instrumentos han afectado la lucha contra los grupos yihadistas y de ultraderecha.

De acuerdo con Europol, sitios como YouTube, WhatsApp y Facebook se han convertido en herramientas empleadas por grupos terroristas para llegar a nuevas audiencias en los países de la Unión Europea (UE), con fines de reclutamiento, radicalización, financiamiento y diseminación de técnicas para la fabricación de explosivos caseros y la ejecución de atentados.

En 2017 fueron identificadas más de 150 plataformas con nexos terroristas, algunas asociadas a las divisiones digitales del Estado Islámico, Al-Qaeda y la Organización para Liberalización del Levante.

Como resultado de la presión gubernamental y una serie de denuncias desencadenadas por diversos escándalos, como fue la transmisión en vivo por Facebook del tiroteo en Nueva Zelanda, que dejó al menos 50 muertos, es más difícil divulgar contenido violento y en inglés; no obstante, las agrupaciones están recurriendo a lenguas alternas y a la divulgación de propaganda enmascarada en proyectos sociales, sermones religiosos y poemas.

Igualmente, las redes sociales han dado una nueva dimensión al problema de la explotación infantil. “Los niños tienen cada vez más acceso a internet y usan las redes sociales a edad cada vez más temprana, lo que ha resultado en un aumento del número de casos de extorsión y coerción sexual en línea”, detalla Europol en su más reciente Evaluación de la Amenaza de la Delincuencia Cibernética.

En 2017, los miembros de la UE reportaron un aumento de 60% de la distribución de material sexual infantil online.

Por su parte, los traficantes de personas acostumbran atraer a sus víctimas por medio de mensajes en los que ofrecen descuentos, cuando son familias, o paquetes que incluyen el viaje y documentos de identidad fraudulentos. Europol brindó asistencia en 700 casos relacionados con redes sociales y tráfico de migrantes en 2017.

El resto del ecosistema delictivo lo componen, entre otros, las “estafas amorosas”, que consisten en ganar la confianza de la víctima para después pedir dinero, regalos o datos; y los robos a casa habitación a partir de la divulgación de ubicación geográfica en tiempo real.

Asimismo, las redes son una ventana de oportunidad para el robo de identidad, a través de programas maliciosos, mensajes fraudulentos dirigidos a engañar a los destinatarios para que compartan su información personal, financiera o de seguridad. Este último delito es altamente lucrativo, debido a que la información sustraída ilícitamente es revendida en el mercado negro.

A la lista se suman además las “estafas de inversión”, las cuales tienen como punto de partida oportunidades de inversión lucrativa en acciones, bonos, criptomonedas, metales raros, inversiones en el extranjero o energía alternativa.

El Center for Strategic and International Studies estimó el impacto de la ciberdelincuencia a nivel mundial en aproximadamente $600,000 millones en 2018, por encima de los $445,000 millones en 2014.

La Comisión Europea sostiene que los daños económicos en la Unión Europea se han multiplicado por cinco en los últimos cuatro años.


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