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En la actualidad, las redes sociales cumplen con un papel fundamental en la sociedad cuando existen casos de emergencia. (AP)

Como es de todos conocido, las redes sociales pueden ser en la actualidad un arma de doble filo. Por un lado son sin lugar a dudas una herramienta para la sociedad, pero por el otro se convierten en una ventana de acciones amenazantes, que todos miran pero que al final nadie detiene.

Un ejemplo de ello fue lo que sucedió con el joven de 19 años que irrumpió en una secundaria de Florida para matar a 17 estudiantes.

Mediante un video publicado en YouTube, el vlogger Ben Bennight dio a conocer que el pasado mes de septiembre, Nikolas Cruz, sospechoso de este trágico atentado, posteó un comentario alarmante en uno de los videos de su canal.

De acuerdo a “Ben the Bondsman” (nombre del usuario), el comentario decía: “Yo voy  a ser un tirador profesional escolar”, señaló para BuzzFeed. De manera inmediata, el youtuber marcó el comentario como peligroso, por lo que se dispuso a informar al Buró Federal de Investigaciones (FBI), sin embargo y evidentemente no recibió respuesta de las autoridades.

Otro ejemplo de estos lamentables casos sucedió en 2016 con el autor de la masacre de Orlando, Omar Siddiqui Mateen, quien empleó las redes sociales para ver el impacto que había generado su ataque en una discoteca gay.

Se dio a conocer que luego de perpetrar el atentado, el individuo habría realizado búsquedas en internet utilizando palabras como “Pulse Orlando” o “balacera”; las autoridades dieron con el asesino gracias a la investigación que derivó el uso de estas vías de comunicación.

De los casos más sonados también fue el de Jared Lee Loughner, quien se convirtió en 2011 en uno de los temas más buscados en portales de internet yde las redes sociales cuando realizó disparos en contra de 17 personas en Arizona, causando la muerte a cinco.

En su cuenta de YouTube, este sujeto expresaba sus ideas incoherentes sobre su malestar con el gobierno y la sociedad. En uno de sus videos hablaba de la definición del terrorismo como un arma política y expresa que no confía en el gobierno.

Un patrón similar sucedió con el asesino de Texas, Devin Kelley, cuando mediante un post en su cuenta de Facebook anunció sus planes de realizar un tiroteo publicando una fotografía de su rifle. A final de cuentas, 26 personas murieron en una iglesia de San Antonio, el año pasado.

Casos como los anteriores señalan que las redes sociales son verdaderos indicativos de una amenaza inminente: son públicas y permanecen a la vista de cualquiera, pero hasta ahora no hay acciones que con certeza eviten que las amenazas se conviertan en una tragedia real. 


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