Acompañamos al exboxeador a un recorrido por su adorado barrio en la serie De Aquí Vengo Yo

Félix “Tito” Trinidad, el boxeador que tiene un récord impresionante de 35 peleas ganadas por nocaut y la figura mediática, conviven juntos en un mismo ser. Es su esencia, su decencia, lo que se ama del hombre del que por siempre este pueblo se sentirá orgulloso.

Con Tito, considerado unos de los mejores boxeadores de este país, se cierra hoy la segunda edición de la serie “De aquí vengo yo” que se presenta a través de www.endi.com

Hay dos cosas que señalar de esta figura popular que se pueden apreciar durante esta entrevista: el Tito  que prefiere ensalzar a otros, y el que hace que nadie se puede mantener serio con él. 

El deportista nació en Fajardo por accidente, pero vive agradecido de pertenecer a Cupey Alto.  “Mi madre va a Fajardo a conocer a su mamá y y le dieron dolores de parto allá, por eso nací en Fajardo, pero a los dos días ya mi mamá regresó a Caimito”, estableció el púgil. “La mía fue una infancia muy bonita de compartir con la familia, con mis padres”, agregó. 

Tito es el mayor de seis hermanos, cuatro de parte de su  padre Félix Trinidad, y de su madre, Irmadoris García Rodríguez, y dos más pequeños que tuvo su papá con su actual pareja.

“Los cuatro de mi mamá y mi papá tenemos sobrenombres con la t. Creo que fue una tía mía la que nos empezó a llamar a todos así, supongo que por el apellido Trinidad”.  

Destacó que siempre ha sido feliz con su familia y amigos del barrio, de su Caimito querido, no importa cuán lejos haya llegado.

“Pasaba días inolvidables, tanto en la escuela como en el deporte. Aquí mismo, cuando esto era tierra y barro. Pescaba mucho, jugábamos a las canicas y al trompo”, dijo Trinidad mientras recorría la finca donde se creció y recordó su infancia con sus primos hermanos. “Prieto y Golo Gómez eran hermanos, pero Golo ya no está con nosotros pero lo amo mucho. Fue también boxeador, falleció hace más de un año y por siempre lo llevaremos en nuestro corazón”. 

Contó que su tía Luz, la mamá de estos primos, les preparaba leche con chocolate o fresa. 

“Le decía que me lo hiciera a mí primero a ver quién se lo bebía más rápido y casi siempre ganaba. El biberón venía con un agujerito y yo lo mordía para hacerlo más grande y que la leche saliera rápido.  Tengo más  familia cercana de Caimito y  siempre hemos estado al pendiente los unos de los otros”. 

En cuanto se inició en el deporte se dio cuenta que la gente se le acercaba para animarlo.  “Me hablaban bonito, me decían que siguiera en el  boxeo que empecé a practicar a los 7 años y a los 9 estaba dentro del deporte”.

Trinidad reconoce que sus padres eran muy trabajadores y le enseñaron a luchar por lo que quería.

“Mi madre vendía productos de belleza por catálogo, de esa manera se ayudaba para poder seguir hacia adelante. Desde muy joven mi padre trabajaba de albañil  con sus primos y mástarde en su vida en el área de las piscinas. Era el jefe del grupo y aprendió mucho  hasta que logró tener su propio negocio que llamó, Félix Pool Construction, que tuvo por muchos años. Todavía quedan muchas piscinas en Puerto Rico que fueron hechas por sus manos”.  

Con esa misma admiración compartió todas las enseñanzas que le dieron sus progenitores.

Aprendió a ser responsable

 “A mí no me gusta hablar de mí pero sí hablo de ellos porque tanto mi padre como mi madre poseen una  humildad tremenda. Le doy gracias a Dios por tenerlos conmigo vivos, fuertes, y que puedo verlos casi todos los días para pedirle la bendición, darle un beso y vivir agradecido de ellos. Me enseñaron muchos valores”. 

El campeón estudió en la escuela Segunda Unidad de Cupey Bajo que hace unos años le cambiaron el nombre por el de Juan Antonio Corretjer. 

“Tengo muchas añoranzas bonitas de mi escuela en la que mandaron a hacer un busto en bronce de mí. Agradezco a las personas que hicieron lo posible para que se pudiera lograr en mi memoria, me siento contento con ese homenaje”. 

En su memoria están vivos aquellos años en que su mamá los llevaba a la escuela. “Nos trasladaba en la guagüita que teníamos y si no podía, nos llevaban mis tías. Íbamos 5 o 6 nenes y nenas, y en el camino recogíamos otros amigos. Llegábamos a la escuela en la mañana con un pesito o dos y comíamos algo bien liviano y  a las 3:30 a 4:00 p.m. nos íbamos con mi padre para seguir en el deporte”. 

Ya de grande, Tito quería ser contable pues le fascinaban los números tanto como el deporte. 

“Me gustaban las matemáticas y quería ser contable, todavía me gustan. No seguí los estudios, aunque llegué a ir a la universidad por año y medio. Pero los detuve  porque quise dedicarme 100 % al  boxeo. Hablé con mis padres y me dieron el visto bueno porque ya para entonces yo era boxeador profesional. Empecé a los 7 años en el boxeo y en ese momento necesitaba descansar un poco porque con el entrenamiento era muy duro. Me levantaba en la mañana para salir a la universidad hasta las 2 o 3 de la tarde para llegar a casa  e irme al gimnasio. Estuve haciendo esa rutina desde pequeño pero en la universidad el agotamiento se sentía más. Nunca retomé los estudios. Fui un estudiante promedio, de c y d”. 

Su interés en el boxeo se dio a través de don Félix, quien estuvo toda su vida en ese deporte y llegó a ser campeón nacional peso pluma en las 126 libras.  “Luego de una carrera no muy extensa,  se retira  porque se lastimó la vista y pasó a formar el Club de boxeo Cupey con un primo, Juan “Popo” Guzmán que ya murió, pero estuvo mucho tiempo junto a nosotros. Muchas cosas que sé de este deporte se las debo a él y a mi papá”. 

Siempre quiso emular a su padre. Tito no tiene reparos en admitir que quería ser como don Félix, su ídolo.

“Empecé a los 7 años con mi padre, quería imitarlo y me ponía a darle golpes en la barriga y le practicaba el jab, la recta y el gancho.  A los 9 hice mi primer combate, me acuerdo muy bien porque lo perdí. Ya en el segundo  saboreé la victoria. Practicaba también pista y campo en Cupey Track de Florencio González 'Edengo'. Salíamos los sábados a correr al Parque Sixto Escobar y a otros muchos parques fuera del Área metropolitana a entrenar”. 

Afirma que el boxeador que no quiera correr en las mañanas “se le hace difícil llegar lejos en el boxeo”. 

La cuna de sus  sueños

“En todo mis combates,  competí por Cupey. Los años que Dios me dé de vida espero poder seguir visitando y disfrutando con todas las personas que conozco, quiero seguir dando todo de mi a este barrio bonito y humilde”. 


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