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Los niños son ciudadanos del mundo. Ese sentir de Sarah Santiago, fundadora y directora de Adoption Services of the Caribbean, una agencia privada de adopción en la que desde Puerto Rico y en colaboración con otras entidades ha facilitado la adopción de niños de varios países del mundo, resume la esencia de los hogares multiculturales configurados por padres que adoptan niños que vienen de países diferentes al de ellos.

“Hay que realmente ser sensible a ese ser humano que tenemos frente a nosotros y dignificar su herencia; me refiero a reconocer y entender que cada experiencia vivida, la unicidad de la persona es igual de válida que la que puede adquirir en su nueva familia o cultura”, destaca Santiago sobre la responsabilidad que tienen las familias adoptivas en tender puentes y balancear los orígenes de su hijo y el panorama sociocultural de su hogar actual.

En Puerto Rico hay muchas familias que han adoptado niños que vienen de culturas opuestas a la de ellos, lo que supone mantener y estimular la sintonía de sus niños a dos trasfondos; el que traen en la sangre y en el que viven.

“Debemos tratar de complacer las peticiones de estos niños a ciertos alimentos, la tendencia a escuchar una música en particular, sus rasgos hereditarios en que se reflejan sus gustos y la forma que manifiestan su personalidad”, dice Santiago sobre esos detalles que, aunque algunos les resten importancia, explica que forman parte de las necesidades y la personalidad de las personas.

La experiencia de Yolanda Soto y Herminio Méndez da cuenta de lo necesario que es hablarles a los niños con apertura y honestidad de sus orígenes. Con Kevin Alejandro, quien es natural de Colombia, y su hija biológica Paola Nicole han cifrado su hogar.

“Cuando buscamos a Kevin él tenía tres meses y por eso el choque cultural no lo ha sentido. Él nos ha preguntado de su origen y le hemos dicho: ‘Estuviste en una barriga que te amó mucho y decidió que tuvieras papás y una familia’. Kevin está claro que es colombiano y que nació en Colombia”, cuenta Yolanda Soto al enfatizar que adoptar es “una experiencia única” y que a quienes le preguntan les asegura que no hay por qué tener reservas. “Soy madre biológica y adoptiva, y no hay diferencias”, agrega.

Soto enfatiza que la clave para balancear las dos culturas que viven en Kevin ha sido darle información a su nivel. “Él sabe dónde está Colombia, cuáles son los colores de la bandera, las cosas básicas de su edad. No se les puede contar más de lo que preguntan o de lo que entienden; hay que hablarles según su edad”, comparte quien afirma que Kevin les ha pedido ir a Colombia y que ellos como padres esperan cumplirle su deseo cuando sea un poco mayor.

Después de todo, como subraya Santiago, mientras más los niños conozcan y tengan la apertura para respetar las culturas de su trasfondo y la de su hogar, eso los ayuda a armar su identidad y a ser ciudadanos integrales.

Algunos consejos

• El Internet puede ser un recurso informativo para obtener literatura, música y caricaturas del país de donde proviene el niño.

• Brindarle información al niño que sea apropiada para su edad.

• En la comunidad se ofrecen clases de idiomas que pueden ayudar a mantener la lengua original del niño cuando esta es diferente al castellano.

• Cada país se destaca por sus aspectos culturales y sus tradiciones, y para poder estimularle al niño que valore ese bagaje, puede contactar universidades, organizaciones o institutos que tengan alguna iniciativa por esa línea y matricularlo para que aprenda, por ejemplo, un baile folclórico de su país de origen.

• Mantenerse activo en grupos de apoyo de familias adoptivas, gubernamentales o de agencias privadas para que las distintas familias comparen notas, se apoyen y manejan la crianza informados y con naturalidad.

Fuente: Sarah Santiago, psicóloga y directora de Adoption Services of the Caribbean


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