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Pedro Rivera tiene 32 años y ya ha sido asaltado tres veces en su pueblo de Toa Alta. Dos de los asaltos fueron consumados en el supermercado del que es gerente. El último fue en su propia casa, en el sector El Cielito de ese pueblo.

Tras vivir estas experiencias, Rivera concluyó que su vida y la de su esposa estaban en peligro real y para garantizar la protección de ambos debía poseer un arma de fuego.

Una experiencia parecida le tocó vivir a Fernando Pagán, de 34 años, de Vega Baja. “Donde yo vivo ya han asaltado a mucha gente y no voy a esperar que me pase a mí o a mi esposa”, dijo Pagán.

Daniel Sierra tiene 31 años y es piloto en una compañía de vuelos de carga que cubre toda la zona del Caribe. Vive en un apartamento en Ocean Park en San Juan y con regularidad sale de madrugada a trabajar. Hace mucho tiempo que viene pensando en la posibilidad de poseer un arma de fuego, como medida de protección ante la alta delincuencia que se vive en la zona metropolitana.

“Nunca he tenido un arma y no sé si me voy a sentir bien con un arma en mi casa. Si después de tenerla no me gusta, la vendo”, sostuvo Sierra.

Estos tres ciudadanos, entrevistados en la Oficina de Registro de Armas (ORA) de la Policía, donde solicitan licencias de posesión de armas, ejemplifican una tendencia que ha crecido notablemente en los últimos dos años: ante el aumento de la ola criminal, con el auge de asesinatos y asaltos, cada día más personas están solicitando licencias de armas para protegerse.

Las licencias de armas nuevas registraron un dramático aumento de 39% entre el 2008 y el 2009 y la cifra de este año casi alcanza el año pasado, faltando tres meses por contar.

En el 2008, se emitieron 2,548 licencias nuevas, pero la cifra aumentó a 3,548 en el 2009. En el 2010, las licencias nuevas van por 3,526, lo cual indica que superará el año pasado.

Falsa sensación de seguridad

Walter Lamela, subdirector de la ORA, dijo que, antes del 2009, el promedio de solicitudes nuevas al año era de 2,500. En la actualidad, en la Isla hay 55,711 licencias activas y 135,685 armas legales registradas. Hay más armas que licencias porque, dependiendo del tipo de licencia, una sola persona puede tener dos o más armas.

Este cuadro sugiere que ante el auge de la criminalidad, más la sensación de impunidad que reina en el País ante el bajísimo nivel de esclarecimiento de delitos que tiene la Policía, más y más gente está recurriendo a armarse como medida de protección.

Pero estudiosos de este tema advierten que la sensación de seguridad que puede dar un arma es engañosa y que pretender enfrentar la violencia que reina en el País armándose puede crear más problemas de los que resuelve.

“La literatura de este tema indica que la mayoría de la gente que tiene armas enfrenta problemas por el mal manejo, lo que provoca muertes accidentales de niños y muertes causadas por el uso del arma en momentos de coraje contra la pareja, un vecino o un amigo”, dijo el criminólogo Salvador Santiago.

Igualmente, Santiago señaló que la mayoría de las personas que adquieren un arma para su protección no residen en lugares de alta incidencia criminal, que tienen unas características como alta densidad poblacional, pobreza y donde hay trasiego de drogas.

Aumenta el peligro

Mientras, el doctor Edwin Pagán Asencio advirtió que sobre el País se cierne otro peligro como resultado de una reciente decisión del Tribunal Supremo de Estados Unidos, que determinó que el derecho a portar armas, reconocido en la Segunda Enmienda de la Constitución de ese país, debe ser respetado plenamente por todos los estados y todas las ciudades del país.

“Esa decisión podría tener graves efectos en la ley actual de armas que rige en Puerto Rico y eso sí es preocupante, que cuando hace falta más control de armas y drogas se flexibilice más la posesión de armas”, señaló Pagán Asencio, director de la Escuela Graduada en Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Ponce.

“Se ha pretendido enfrentar la violencia con más violencia y eso es un error. Por eso el ciudadano quiere tener una licencia y comprar armas. Y si en la calle hay armas de asalto, la gente quiere comprar armas de asalto también. El problema con esas armas y municiones legales es que no hay manera de evitar que lleguen al bajo mundo para que se sigan cometiendo crímenes”, señaló Pagán Asencio.

Los armeros, no obstante, creen que poseer un arma es un disuasivo genuino y que quien la posee es menos probable que sea víctima de un crimen que quien no la tiene. “Hay mucha gente que antes compraban una pistola de aire y de pronto se han decidido por sacar la licencia y tener una pistola de verdad y eso se debe al alza en la criminalidad”, sostuvo Marcel Blay, vicepresidente de Armería Metropolitana, ubicada en Puerto Nuevo.

“La gente se siente más segura con un arma y la verdad es que una sirve como protección. Se compran más armas por la crisis económica y el crimen. Una pistola es como una motora que, cuando la usas, le pierdes el miedo”, agregó, por su parte, Maximino Rivera, dueño de la armería RL de Caguas.


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