Daniel Colón Ramos

Tribuna Invitada

Por Daniel Colón Ramos
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Boricuas, alcen sus voces de pie

Hay un momento breve, entre el desplome y el ponerse de pie, cuando se suspira de rodillas. Es un espacio donde se encuentran la esperanza y el miedo, el deseo de levantarse y el temor de volver a caer. Todos los pueblos han transitado por este estrecho pasaje en algún punto de su historia. Para las razas y los pueblos colonizados, no es un lugar de paso. Es la ergástula que habitamos.

Quienes nacimos ahí, vivimos con la visión distorsionada de quien siempre ha estado de rodillas sin saberlo. Pocos conocemos otro horizonte que el impuesto por las circunstancias que heredamos, y así aprendemos a convivir en silencio con el temor y la esperanza. Pero no nacimos para caminar de rodillas. Y a veces, como el águila criada en jaula de gallinero, se mira más allá de la jaula y se reconocen los espacios infinitos destinados para el espíritu humano.

Durante las pasadas semanas, sobre cien mil personas alzaron sus roncas voces en un reclamo de dignidad por la liberación del preso político Oscar López Rivera. Es un esfuerzo que representa otra batalla por Puerto Rico en un año que será, sin duda, uno de los peores de nuestra historia. Fue un esfuerzo histórico. Pocos han sido los momentos en que se ha logrado aglutinar tantas voluntades de todo el espectro político en pos de una misma meta. Si bien es cierto que la liberación de Oscar López Rivera no nos saca de la crisis fiscal ni resuelve nuestros profundos problemas sociales, la restitución de la justicia nos devuelve un poco la dignidad como pueblo. Y fue en parte, en defensa de esa dignidad, que muchos alzamos nuestras voces.

La respuesta que recibimos fue indigna. Para muchos de nosotros, es difícil de ignorar el hecho de que fuimos, con la mano extendida, a mendigar justicia. Que el mecanismo disponible fue una petición cibernética. Que fue hecha a un Presidente a quien, como pueblo, no elegimos. Retratada en nuestro esfuerzo, y en la respuesta, queda la caricatura burda del colonialismo, y el desinterés de los Estados Unidos por las circunstancias de Puerto Rico.

En estos momentos, quizás sintamos, justamente, que nosotros, reclusos no podemos liberar al preso. En la mirada libre de Oscar López Rivera, algunos veamos reflejada la realidad de nuestra propia jaula; y en ella, nos veamos de rodillas.

A veces se está de rodillas en súplica, pero a veces se está de rodillas en resistencia. Aunque la excarcelación de Oscar López Rivera no esté bajo nuestro control, como no lo están la mayoría de las decisiones de peso que afectan a nuestro gobierno colonial, sí está bajo nuestra incumbencia. Los que repudian nuestra voluntad como pueblo, no conocen el resorte de nuestro espíritu. Más de cien mil personas, en cuestión de pocas semanas, firmaron la petición de liberación de Oscar López Rivera. Que la respuesta recién recibida del gobierno federal no sea la última palabra. Redoblemos esfuerzos. Lleguémosle al Presidente Obama, directamente y a través de sus ayudantes claves, antes de que abandone la Casa Blanca. Que antes de esta Navidad sean un millón los boricuas que alcen sus voces, de pie.

1.Mr. Neil Eggleston, White House Counsel: [email protected]

2.Mr. Jerry Abramson, Deputy Assistant to the President, White House Director of Intergovernmental Affairs, and Co-Chair of the President’s Task Force on Puerto Rico: [email protected]

3.Ms. Cecilia Muñoz, Assistant to the President and Director of the White House Domestic Policy Council:

[email protected]

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