Astrid Díaz

Tribuna Invitada

Por Astrid Díaz
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“El Osiris que yo conocí"

Me enseñaste dentro del calor familiar a hacer patria. Desde niña, entre juegos y reuniones familiares, aprendí de ti a valorar nuestra cultura. De adulta, me di cuenta la dicha de haber crecido en una familia en donde la educación y cultura fueron parte de nuestra crianza diaria. Mi tío Osiris Delgado fue figura clave en esa enseñanza, un ser que la vida me regaló pues naturalmente me transmitió su pasión por defender nuestra historia y arquitectura. 

Fueron muchas las horas de tertulia en su taller, descubriendo sus grandes aportaciones al arte local y mundial, su visión sabia y amplia como historiador, sus libros, y su desempeño rescatando el Viejo San Juan junto a Ricardo Alegría y como director del Instituto de Cultura Puertorriqueña.

Pero detrás de toda esta formación, personalidad, talento e ingenio, está “el Osiris que yo conocí". Ese Osiris familiar, cariñoso, con un buen sentido del humor y orgulloso de sus raíces. De hecho, nuestro primer proyecto juntos fue buscar nuestro árbol genealógico de los "Delgado y Díaz" entre Humacao y Gurabo hasta Islas Canarias... ¡Como lo disfrutamos!

Lo visitaba continuamente en la intimidad de su taller en los altos de lo que fue la famosa “Librería Domingo Delgado”. Era tanto su conocimiento y enseñanza que el tiempo nos parecía eterno, era como si se detuviera entre él y yo, pues casi como un juego de niños nos olvidábamos del mundo mientras gozaba adentrarme en sus vivencias y conocimientos. A la par filosofábamos sobre nuestra Isla buscando ideas, posturas y caminos futuros.

Cuando decidí estudiar arquitectura, ¡cuanto me ayudó el respeto que me transmitió por conservar nuestro patrimonio… junto a su visión de urbanismo y restauración! Cada vez que me asignaban buscar información de Puerto Rico no tenía que recurrir a bibliotecas o libros, solo una llamada a Osiris y tenía una disertación fidedigna que me abría la mente a explorar infinidad de temas.

"El Osiris que yo conocí" era humildemente grande, jamás hizo ostentación de sus talentos y sabiduría, ni buscó protagonismos, solo trabajó en lo que le apasionó: Puerto Rico.

Era un ser humano desprendido, siempre que fuera para enseñar y aportar a nuestro país me decía que si a todos los proyectos que le pedí envolverse. Su gran regalo, invaluable hacia mi, fue dedicarme un año completo como corrector histórico de mi enciclopedia arquitectónica, lo que nos permitió revivir otra vez esas interesantes tertulias que de niña disfruté y que al pasar los años atesoré mas. Muchas veces bromeaba con él diciéndole en forma de admiración: "Osiris pon tu mano en mi y transmíteme todo ese bagaje cultural", y entre risas lo hacía como mandándome un mensaje de continuar aportando con orgullo y respeto a nuestra cultura y arquitectura puertorriqueña. 

Hoy me reafirmo que "El Osiris que yo conocí" y aprendí a querer de niña, es un inmenso baluarte e ícono para todos los puertorriqueños. Osiris Delgado hizo una contribución de naturaleza patriótica en términos del celo y cuidado en reconocer y proteger nuestros valores culturales. Gracias por enseñarme el amor a la familia y a la patria.

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