Israel Rodríguez Sánchez
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Keleher debe renunciar

El gobernador Ricardo Rosselló debería pedirle la renuncia a la secretaria de Educación, Julia Keleher, en lugar de justificarla. Sería mucho esperar que después del aumento salarial gestionado por ella misma en medio de las circunstancias económicas del país y del gobierno, muy en particular, Keleher tenga la vergüenza de renunciar al puesto. 

No hay justificación alguna para que se haya aumentado el salario -mediante un contrato de consultoría por $125,000 en la misma agencia que ella dirige como condición para dirigir Educación- con la excusa de que renunció a su sueldo como secretaria.   

Ese entuerto no lo entiende nadie.

Por más explicaciones que ofrezcan la secretaria de Justicia, Wánda Vázquez, y la directora de la Oficina de Ética Gubernamental, Zulma Rosario, para decir que no hay nada malo, sigue siendo una desfachatez.

Dice Keleher que nunca habló de este tema públicamente porque nadie le preguntó. Y le creemos.

¿Quién en su sano juicio pensaría que la Secretaria de Educación negociaría un aumento de salario en momentos en que el gobierno se apresta a recortar las pensiones de los jubilados, los fondos de la Universidad de Puerto Rico y no hay dinero para la salud ni para la misma educación pública?

Keleher es la misma funcionaria que eliminó de golpe y porrazo la carta circular sobre perspectiva de género en las escuelas públicas, sin dar una justificación intelectual o racional válida.

El gobierno, que anda buscando dinero hasta debajo de las piedras, tiene alternativas más económicas para reestructurar su sistema de educación pública: el talento reconocido de la Universidad de Puerto Rico, donde existe un caudal para consultoría de primer orden. Dejen ya de estar buscando afuera lo que aquí sobra. Terminen con el menosprecio a lo nuestro.

El gobernador le pide un plazo a la Junta de Supervisión Fiscal, que vino a meterle tijera a todos los servicios públicos, para proponerle un plan económico que permita conciliar las metas del país con sus aspiraciones de pagarle hasta el último centavo a los acreedores buitres; y por el otro lado, permite que una jefa de gobierno siente la pauta de por dónde hacer la trampa. Todo el que entró a esta nueva era de gobierno tenía que saber que estamos en la etapa del sacrificio. Ese tiene que ser para todos.

Aquí el que quebró a Toa Baja, tiene un contrato para consultoría administrativa en el Senado; el exrepresentante que renunció luego de dar una positivo a una prueba de cocaína también tiene un contrato asegurado en la Legislatura; y hasta el exsuperintendentente del Capitolio, que enfrenta acusaciones por corrupción, tiene trabajo en la Casa de las Leyes.

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