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Deuda ambiental con el pueblo de Vieques

El presidente Barack Obama tiene el deber de intervenir directamente con las agencias federales responsables de la limpieza de los terrenos de la isla municipio de Vieques, contaminados como resultado de 60 años de prácticas con municiones vivas por parte de la Marina de Guerra de Estados Unidos.

Si las agencias federales no ponen de una vez de su mano para remediarlo, la magnitud de la contaminación que persiste en Vieques podría traerle al País una de las más grandes debacles ambientales de su historia, lo que afectaría no sólo su imagen como destino turístico, sino su plena capacidad para recuperarse y salir adelante.

Ha sido en esta ocasión un científico puertorriqueño, profesor de Biología Celular de la Universidad de Yale, Daniel A. Colón Ramos, quien, con motivo del Día del Planeta Tierra, que se celebra el próximo miércoles 22 de abril, ha dirigido al presidente Obama una carta reseñada hoy por El Nuevo Día donde recalca el caos latente en la contaminación que afecta de manera directa a la población viequense y los recursos naturales.

En el pasado, otros científicos se han referido al peligroso foco que representa la laguna Anones, un gigantesco caldo de sustancias tóxicas que la convierten en el lugar más contaminado del planeta. A través de un canal que comunica con la costa, esa laguna expulsa hacia el mar sedimentos que contienen plomo, mercurio, arsénico y uranio reducido, los cuales son arrastrados por las corrientes marinas hacia balnearios y puntos de pesca.

Se estima que el canal, de unos 50 metros, se abrió, de manera natural o deliberada, hace más de una década. Y no se ha hecho nada para impedir que la contaminación siga extendiéndose. Es por esa razón que sectores de la comunidad científica, y del propio pueblo de Vieques, han pedido encarecidamente a las autoridades federales -en concreto a la Marina- que emprendan las labores urgentes para poder sellar la salida al mar de la laguna.

El Gobierno de Puerto Rico, si bien debe seguir exigiendo que la Marina cumpla, también debe tomar la iniciativa de adelantar alguna medida para poner barreras en ese peligroso canal.

Vieques siempre ha estado abandonado, pero cayó en un abandono más criminal si cabe, hace ahora dos años, cuando la Agencia para Sustancias Tóxicas y Registro de Enfermedades (ATSDR, por sus siglas en inglés), decretó que no había relación entre la contaminación por sustancias y detonaciones bélicas y los problemas de salud de los residentes, quienes tienen un porcentaje mucho más alto de incidencia de cáncer que cualquier otro municipio de Puerto Rico.

Sea en actitud de encubrimiento o por falta de rigor científico, el informe de dicha agencia federal llegó al extremo de decir que los residentes podrían estar expuestos a niveles peligrosos de mercurio si consumían pescado “por encima de las cantidades recomendadas”.

En otras palabras, la culpa del aumento en los problemas de salud la tenían los propios viequenses por comer pescado, con lo cual recomendaba hacer encuestas sobre hábitos alimenticios y limitar el consumo de especies marinas. Un planteamiento como ése no soporta la más simple valoración científica, sobre todo cuando se tiene la certeza, sustentada por especialistas nacionales e internacionales, de que el aire, las aguas y la tierra de Vieques han padecido el embate de continuos bombardeos que desencadenaron la contaminación.

Resulta paradójico que en la Semana de la Tierra, cuando se exponen con crudeza sus principales problemas ambientales, se trate de ocultar lo que es el punto de contaminación más intenso en todo el mundo, ese sistema de lagunas de Vieques que reclama remedios. Al mismo tiempo, urge denunciar que los que tienen en sus manos la capacidad de descontaminar, se amparan en incompetentes y anticientíficos informes que se burlan del sufrimiento de los viequenses.

Es buena coyuntura, pues, para que el presidente Obama reciba un recordatorio de ese desastre y de los peligros que corren los seres humanos y la biodiversidad de la isla municipio.

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