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Si existe un lector enteramente sincero, seguramente no tiene más de diez años. Pues, es más de uno el escritor o la escritora que ha reconocido en los niños a su lector más crítico. Si no les gusta cierran el libro, sin más.

Por eso, una obra de literatura infantil, no sólo debe manejar el lenguaje de modo apropiado a la edad sino que debe además hacerlo de manera que mantenga a las pequeñas manitas pasando páginas. Ése es uno de los elementos que se toma en cuenta al momento de seleccionar una pieza como ganadora del premio de literatura infantil El Barco de Vapor, instituido en el País hace tres años por Ediciones SM.

La obra favorecida en su más reciente edición, la novela breve “La escuelita Do-re-misteriosa”, de Isabel Arraiza-Arana, se presenta esta noche -como parte del Festival de la Palabra- a las 7:30 p.m. en el teatro del Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe en el #52 de la Calle del Cristo en el Viejo San Juan. Elsa Tió será la encargada de la presentación en la que se leerán dramáticamente fragmentos de la obra con acompañamiento musical a cargo de Amed Irizarry.

La autora, natural de Vega Baja pero radicada en Texas, se encuentra en el País, esta vez, para conocer por primera vez el libro impreso e ilustrado por Verónika Chaves. Mirar el texto convertido en objeto fue tan sorprendente como el propio proceso creativo de la historia que está repleta de referencias musicales.

“Tengo una amiga que es maestra de música y me pidió que le ayudara a presentarle los instrumentos a los niños en la edad preescolar con algunos cuentos. Sobre la marca se me ocurrieron personajes a los cuales les puse los nombres de sus abuelos y los míos. Con la escritura me di cuenta de que lo que tenía era más bien una novela que se fue construyendo sola”, cuenta la autora sobre el relato en el cual los instrumentos cobran vida.

Para el manejo del lenguaje la escritora se fijó en el punto de vista de un niño de 7 años. Para eso, observar cómo su hija Paola, precisamente de 7 años, resolvía sus conflictos y manejaba una lógica afín con la cantidad de referencias que se poseen a esa edad.

“Siempre escribí para mis hijos cuentos para que ellos conocieran a Puerto Rico y me di cuenta de que a ellos les atrapa el humor”, dice la madre de otro chico de 6 y una de 10 que comenzó a escribir precisamente cuando nació su primera hija.

“Ése es el público que me interesa”, asevera la autora que ha publicado cuentos infantiles en este diario y ha trabajado escribiendo el material que se utiliza en las pruebas institucionales para medir el aprovechamiento académico. La música siempre ha sido una constante, al igual que las referencias familiares.

“Mi primer libro se llama ‘Cuentos musicales’, eran alegres. A mí me fascina la música es un tema que atrapa porque nadie duda del poder y la magia que tiene”, dice.

Y respecto a sus recuerdos de la niñez y cómo los integra en sus relatos confiesa que lo hace porque “Quiero inmortalizar la memoria”.

Respecto al premio, Arraiza-Arana celebra ante todo el hecho de que una novela “tan puertorriqueña” pueda difundirse internacionalmente, algo que evidentemente redundará en una mayor difusión de la cultura nacional, así como en una presencia más notable en el activo mercado de la literatura infantil en español.

“Son importantes puertas que se abren”, afirma Arraiza-Arana quien, a juzgar por el entusiasmo con el cual habla de la obra, promete más historias al servicio de la imaginación de los lectores más fieros.


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