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Promueve actividades como observación de aves y pesca recreativa. (GFR Media)

Por Jorge F. Bauzá-Ortega / Director Científico Programa del Estuario de la Bahía de San Juan

La zona metropolitana sabe a congestión vehicular, ruido, gente y cemento. Pero si observas, encontrarás riquezas ecológicas que nada envidian los grandes y aislados bosques protegidos en el mundo. 

Una de estos lugares es el Lago Las Curías, ubicado entre las montañas de la capital de Puerto Rico, en Cupey Alto.  Único lago artificial construido en San Juan para la Segunda Guerra Mundial, entre 1943 y el 1946, por la Administración de Obras Federales y el Ejército de  Estados Unidos. 

El propósito… suplir a la zona metropolitana de agua potable a través del Antiguo Acueducto de Río Piedras. No obstante, culminó sus operaciones 34 años después, en 1980, debido al cierre del Antiguo Acueducto. Aunque desde entonces  no provee agua potable, sí provee unos encantos ecológicos y recreativos de primer orden, únicos en la zona metropolitana.

 Lo primero que se observa en el Lago Las Curías, es la llamada “trompeta” o “cono”, agujero en cemento que sirve para controlar el nivel de sus aguas.  Aguas que llegan al río Piedras y  desembocan en la Bahía de San Juan, convirtiendo el lago en parte integral de la cuenca hidrográfica del Estuario de la Bahía de San Juan. 

El agua sustenta la vida en todas sus formas en el Lago Las Curías.   Peces, crustáceos, aves, árboles, plantas de todo tipo comparten e interactúan en el lago y sus alrededores. 

Algunas especies son de aquí y otras introducidas por el humano (exóticas). En ocasiones creemos que las especies exóticas perjudican nuestro ambiente.   Pero no todo el tiempo es así.  El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales se dio a la tarea de introducir peces para la pesca recreativa como la lobina, el tucunaré, la chopa criolla y la chopa caracolera.  Encontramos otras especies exóticas como el diablito rojo, tilapia  y barbú o pez gato. Todos crean una gama de especies que enriquecen ecológicamente el lago. Sobre todo, proveen diversidad de captura a los pescadores recreativos que van  a probar  suerte.

En los márgenes del lago, hay grandes árboles creando bosques verdes y espesos. Estos árboles proveen albergue y alimentación a las aves y a otras criaturas.  Además, proveen, día a día, servicios gratuitos de los cuales dependemos los humanos. Por ejemplo, un árbol grande equivale a 10 acondicionadores de aire operando 20 horas diarias, refrescando nuestro ambiente sin consumo de energía eléctrica.  Y mientras enfría el entorno, produce 260 libras de oxígeno en un año, cantidad de oxígeno que necesitan dos personas. Además de purificar el aire que respiramos, purifican el agua del suelo, proveen valor estético  y  reducen el ruido de la ciudad.

Además, en el Lago La Curías hay una gran diversidad de aves residentes (que viven y se reproducen  todo el año en el lugar), endémicas (se encuentran solo en Puerto Rico), nativas (se encuentran también en otra región) y migratorias (nos visitan en una época del año).   Todas esas aves nos recrean con su cantar, con su vistoso plumaje y comportamiento.

El Lago Las Curías es un vivo ejemplo de riqueza ecológica, paisajista y recreativa. Toda esta diversidad de especies de flora y fauna promueven actividades como la pesca recreativa, la observación de aves y los recorridos de interpretación ambiental.  Visitar el Lago Las Curías es una manera eficaz de conocer un ecosistema y de aprender sobre la flora y fauna.

Existe una fuerza motor que dirige la conservación y disfrute de las riquezas del Lago Las Curias, y es la comunidad de vecinos y residentes que activamente aman y cuidan este cuerpo de agua para el disfrute de todos los Puertorriqueños y visitantes.


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