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Torres (soprano) y Cintrón (cuatrista) se dedican con mucho esmero a superarse en sus respectivas expresiones musicales. (Xavier J. Araújo Berríos)

Cualquier atisbo de desesperanza se esfuma al ver la entrega y el profesionalismo con que dos jóvenes promesas de la música puertorriqueña asumen, sin dar muestras de temor, un nuevo reto que les permita llevar su talento un paso más adelante.

Cuando El Nuevo Día llamó a las familias de Vianca Alejandra Torres Orama y Xavier Cintrón Muñiz para coordinar su visita a la redacción de GFR Media, lo hizo con un pedido especial. Estos adolescentes -de 17 años ella y de 13, él- son dos de los más de 20 niños artistas invitados al Concierto Tradicional de Reyes de la Orquesta Sinfónica de Puerto Rico, a presentarse el jueves, 5 de enero, a las 7:00 p.m. en la Sala de Festivales del Centro de Bellas Artes de Santurce.

Vianca es soprano y Xavier cuatrista. Llegaron desde Humacao y Peñuelas, respectivamente. Cuando el pedido les fue hecho, con menos de 24 horas de anticipación, los chicos aun no se conocían. Nuestro deseo era que interpretaran una pieza juntos como regalo para la audiencia de Elnuevodia.com.

Gracias a su familiaridad con el uso de la tecnología, los artistas se comunicaron, decidieron qué pieza interpretar y en qué tono, Xavier grabó la música y se la envió a Vianca, y a la mañana siguiente, 30 minutos antes de su cita con la periodista y el fotoperiodista de El Nuevo Día, ensayaron.

Llegado el momento de la grabación pocas palabras le bastaban para comunicarse en ese lenguaje único de la música. Se unieron la voz aguda y profunda de operista, las cuerdas juguetonas y campestres del cuatro, las letras del pintoresco “Villancico Yaucano” de Amaury Veray Torregrosa, y terminada la pieza ante el lente de El Nuevo Día fue imposible no sentir deseos de aplaudir.

Imposible no sentir ilusión como la que sintieron Carmen y Ariel Orama, madre y tío de Vianca, cuando con apenas dos años de edad la niña comenzó a sonorizar; esperanza como la del maestro cuatrista Máximo Pérez al ver el deseo de su discípulo por despuntar.

Voz de ángel

“Yo diría que desde que nací me encantaba (cantar). En las parrandas a las que íbamos con nuestra familia, porque mi mamá mi tío y mi otra tía también cantan. Siempre estuve rodeada de este ambiente musical y gracias a mi mamá y a mi tío es que entré al Coro de Niños de San Juan. Ellos fueron los que me apoyaron”, recuerda Vianca, que este año, a los 16, logró su sueño de entrar al Conservatorio de Música y convertirse en alumna del maestro Antonio Barasorda.

La joven universitaria ya integra el Coro del Conservatorio de Música, la Coral Lírica de Puerto Rico (a la que solo podía entrar una vez terminara el cuarto año de escuela superior) y en diciembre interpretó el Ángel de “Auto Sacramental de los Reyes Magos” de Alberto Guidovaldi.

“Ella desde chiquita componía. En el carro se ponía a cantar y hacía frases que, o rimaban o tenían una melodía que para mí resultaba interesante. Asíque creo que vino en ella ese don”, recuerda su tío Ariel.

La primera composición oficial de la joven fue “Little Angel” y solo tenía nueve años cuando la creó. Orama, quien además de cantante es actor y dirigió el cortometraje “Esteban” (2011), estrenó la pieza en esta producción.

Pero Vianca comenzó a cantar formalmente cuando aun estaba en primer grado de escuela elemental, como parte del coro Voces de Jesús, del Colegio Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Humacao. A los siete ingresó al Coro de Niños de San Juan, a los 14 comenzó a tomar clases de canto con Jo-Anne Herrero y luego de piano con Víctor Meléndez antes de su primer solo en el Centro de Bellas Artes de Santurce interpretando la ballena del musical “Navidad en el Polo Norte”, de Evy Lucío Córdova, fundadora del Coro de Niños de San Juan.

Como Vianca parece vivir con prisa e intensidad, ya sueña con proseguir estudios fuera de Puerto Rico y participar en las competencias Operalia y del Metropolitan Opera House.

Tradición en cuerpo de niño

Distinto a su compañera de aventura, Xavier no tuvo influencia musical directa de nadie, solo sabe que un bisabuelo suyo tocaba cuatro. “A los siete años pedí de regalo de cumpleaños una guitarra y mis padres me la regalaron. A los tres meses conozco a don Máximo (Pérez, maestro y artesano de cuatros peñolano) en la tiendita que estaba en el pueblo. Estuve aproximadamente un año en guitarra y llegó el momento en que él me dijo: ‘ahora tú vas a tocar guitarra y yo cuatro para que te vayas familiarizando con el tiempo y vayas escuchando otros sonidos’. A la vez que él empezó a tocar, yo como que me enamoré del cuatro... Y me cambié al instrumento del cuatro puertorriqueño”, rememora.

Xavier, quien además de cargar con su instrumento lleva un pequeño cuatro colgado del cuello, ha seguido exigiéndose más. “Sigo tomando clases con don Máximo, cojo clases en Ponce, en el Instituto de Música Juan Morel Campos, estudio en la Escuela Especializada en Bellas Artes Ernesto Ramos Antonini en Yauco y lo último fue que empecé a coger clases con Jorge Camacho, el director de la Rondalla de Humacao”, enumera.

Al tiempo que espera para subir al escenario de Bellas Artes esta víspera de Reyes, Xavier sueña con la gira cultural que tendrá el próximo verano junto a la Rondalla de Humacao por varias ciudades de Cuba. Cuenta que la mayor parte de su tiempo la dedica al cuatro, y no parece molestarle para nada. Él sigue explorando nuevas avenidas, aceptando retos, aun cuando no tiene claro de dónde le nace su pasión. “No sé por qué pedí una guitarra porque aunque mi bisabuelo tocaba el cuatro, más nadie en la familia salió músico (del instrumento nacional). Yo solo la pedí”, señala.


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