Joy Lynn Suárez, de SCS, junto a Sheilla Torres y José Lebrón, de Sunne. (vertical-x1)
Joy Lynn Suárez, de SCS, junto a Sheilla Torres y José Lebrón, de Sunne. (Angel Luis García)

Por más de dos décadas, Grupo Guayacán, Inc. (GGI) una entidad sin fines de lucro con sede en San Juan, ha estado estrechamente involucrada en el segmento local de empresas emergentes, también conocidas como “startups”, mayormente a través de capacitaciones y competencias tales como EnterPrize.

Pero no fue hasta recientemente que la organización finalmente dio el salto para invertir directamente en un “startup” del patio.

Se trata del Puerto Rico IDEA Seed Fund, un fondo de capital semilla lanzado en colaboración con la Fundación Banco Popular y un insumo monetario adicional de tres inversionistas privados. Aunque el programa se implementó en diciembre del año pasado, no fue hasta hace poco —luego de un proceso largo de evaluación en el que 67 empresas entregaron solicitudes—, que el fondo escogió a dos startups locales, School Climate Solutions (SCS) y Sunne Cleantech Lab, para una primera fase que conlleva $25,000 en capital por empresa.

Serio potencial

A tono con lo que persigue IDEA, ambas empresas —las primeras de un puñado de diez que eventualmente se escogerán en el programa— ofrecen propuestas innovadoras con un gran potencial de escalar en mercados fuera de Puerto Rico. SCS, fundada por Joy Lynn Suárez junto a Maribel González, ofrece herramientas y módulos diseñados para mejorar el ambiente escolar tanto para estudiantes, maestros y padres. Mientras, el matrimonio de Sheilla Torres y José Lebrón, quienes fundaron Sunne en 2014, buscan reinventar el calentador solar, poseyendo una patente de un dispositivo de este tipo más compacto y liviano —al punto de poder venderse en las tiendas al detal— así como más resistente a los elementos y capaz de ahorrar cerca de 30% en electricidad.

Para Torres y Lebrón, la inversión por parte de IDEA representa un paso trascendental, ya que les ha permitido completar los pasos finales en el proceso de certificación para el calentador en los Estados Unidos, efectivamente abriendo las puertas de dicho mercado. “Es como comprar un casa con todos los gastos asociados que eso conlleva, solo que con diez veces el papeleo”, señaló entre risas Lebrón, quien junto a Torres regresó a Puerto Rico desde la diáspora en el 2015. Ambos son ingenieros, con Torres desempeñándose como profesora en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez. La pareja añadió que los calentadores estarán disponibles para instalación a partir de agosto de este año.

Por su parte, la plataforma de SCS, con sus módulos diseñados a base del peritaje de sus cofundadoras, ha tenido acogida en varios mercados de EE.UU., principalmente en Florida. Ha sido una inyección de confianza tremenda, dijo Suárez, añadiendo que utilizará los fondos para mercadear el servicio más efectivamente en otro de sus mercados principales: California.

Actualmente, la empresa impacta a más de 20,000 estudiantes con un nivel de satisfacción reportada por padres, estudiantes y maestros de más de 90%, Suárez indicó.

Un nuevo modelo

Por años, Grupo Guayacán se había resistido a invertir directamente en startups, decidiendo enfocarse estrictamente como ente asesor y educador para dichas empresas. “Es un salto grande”, dijo Laura Cantero, directora ejecutiva de GGI, a Negocios.

“Lo que tenemos (los colaboradores) en común es que buscábamos una manera responsable de apoyar empresas en etapa temprana y ninguno queríamos hacerlo solos”.

Las inversiones llevadas a cabo por el fondo de capital semilla toman la forma de notas convertibles, una modalidad usada frecuentemente a nivel global pero poco común en la Isla. En esencia, una nota convertible permite a un inversionista hacer un préstamo a una startup, con la oportunidad de que se pague de vuelta a ciertos plazos. Si el deudor no hace los pagos el inversionista, en vez de cobrar intereses o penalidades, obtiene lo que se llama “equity”, o una participación accionaria en la empresa.

A partir de la primera fase de inversión, se establecen varios objetivos para la startup, sujetas a su desempeño y cumplimiento con un plan de crecimiento. De ser elegible, una segunda fase otorgaría a cada empresa $75,000. Para la tercera fase, el programa buscaría inversionistas dispuestos a lograr un pareo de fondos de hasta $125,000 cada uno, para un total de un cuarto de millón de dólares, Cantero explicó

Llenando un vacío

Aunque existen varios programas de aceleración e incubación de startups a nivel local que proveen capacitación y hasta fondos a empresas para ayudar en su desarrollo, la Isla ha carecido de un mercado robusto de capitalistas de riesgo (venture capitalists en inglés) dispuestos a llevar a cabo una inversión sustancial a largo plazo en empresas particularmente prometedoras.

El resultado de ello, Cantero indicó, es que muchas empresas en etapa temprana caen en lo que se conoce como el “valle de la muerte”, una etapa del cual hasta nueve de cada diez startups languidecen al no poder obtener el capital necesario para escalar la operación.

De igual manera, conseguir apoyo de parte de inversionistas “ángeles” provenientes del exterior se dificulta porque muchas startups locales carecen de un historial de inversión local capaz de generar la suficiente confianza.

La situación incluso llamó la atención del Banco Popular, cuando empresarios con necesidad de capital trataban de obtener préstamos convencionales de parte de la institución. “(El banco) veía que muchos de ellos no cumplían con los criterios de crédito y quería contribuir de alguna otra forma a la formación de estas empresas”, relató Cantero al explicar la razón por la cual el Banco Popular se unió a este esfuerzo de inversión a través de la Fundación Banco Popular.


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