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Conscientes de que la arena es “bien dinámica”, los expertos del PEBSJ se propusieron buscar la manera de atraparla mientras viaja suspendida en el viento. (Suministrada/ Joselin Ramírez)

Si en el pasado mes y medio ha ido a la playa de Torrecilla Baja-Loíza, en Piñones, con toda probabilidad se ha topado con unas estructuras que a simple vista lucen como verjas para impedir el paso.

Son, sin embargo, trampas de arena naturales, construidas en bambú seco, como parte de un proyecto demostrativo de restauración de dunas del Programa del Estuario de la Bahía de San Juan (PEBSJ).

Es un proyecto que busca exponer cómo, con materiales disponibles y de bajo costo, puede restituirse uno de los ecosistemas costeros más impactados, particularmente por acciones humanas.

Jorge Bauzá, director científico del PEBSJ, explicó que las dunas, sobre todo las de Piñones, están impactadas por la extracción de arena para la construcción, la creación de la represa Carraízo (que interrumpe la fuente de arena a estas playas) y el tránsito de vehículos todoterreno.

Se han visto afectadas, además, por la erosión costera que provoca el aumento en el nivel del mar a causa del calentamiento global.

“El mar se lleva parte de la arena que va quedando”, dijo Bauzá, al advertir que en la medida que el mar ocupa el espacio de la tierra, los recursos ecológicos, culturales y recreativos de la costa, así como la vida y propiedad, están bajo amenaza.

Conscientes de que la arena es “bien dinámica”, los expertos del PEBSJ se propusieron buscar la manera de atraparla mientras viaja suspendida en el viento, y fue así como dieron con las trampas de bambú seco.

Este material, destacó Bauzá, es natural, disponible en abundancia y libre de contaminantes. Cuando está seco, usualmente obstruye los canales, ríos y quebradas, y termina descomponiéndose en estos cuerpos de agua y en el estuario.

Por eso, con este proyecto “convertimos un problema en un recurso para fortalecer las costas como medida de adaptación ante los cambios climáticos, y para restaurar ecosistemas costeros de alto valor ecológico, económico y recreativo”.

Así funciona

Bauzá explicó a El Nuevo Día que las trampas de bambú seco en la playa de Torrecilla Baja-Loíza atrapan la arena que viene suspendida en el viento, precipitándola y acumulándola como dunas.

(Suministrada/ Joselin Ramírez)

“La estructura tiene que ser porosa para dejar el viento pasar; tiene que haber un espacio entre los lingotes de bambú. Es una especie de barrera mecánica y la acumulación se va creando, particularmente detrás de la estructura”, dijo.

Desde el pasado 30 de abril –cuando se instalaron las trampas– hasta la semana pasada, la acumulación de arena reportada era de aproximadamente dos pulgadas. Estos resultados se están documentando métrica y fotográficamente.

“Es un proceso lento, a largo plazo; hay que dejar las trampas ahí varios meses, pero ya estamos viendo cierto grado de acumulación”, agregó Bauzá, quien indicó que hay planes de extender la restauración de dunas a otras playas dentro del área de trabajo del PEBSJ.

Como parte del proyecto, se sembró la planta conocida como bejuco de playa (Ipomoea pes-caprae), descrita por Bauzá como una enredadera nativa típica de dunas.

Según indicó, es una planta “muy importante” pues estabiliza las dunas, atrapa la arena suspendida en el viento y crea condiciones ecológicas favorables para que la fauna y flora lleguen al área.

“Son plantas que crean hábitats para cobitos, cangrejos y otras plantas. Son lo que se conoce como enredaderas pioneras, es decir, que colonizan primero, pero crean condiciones para que lleguen los demás”, dijo.

Bauzá destacó que el proyecto también tiene un componente educativo, razón por la cual todas las trampas –de cuatro pies de alto– tienen rótulos por ambos lados, en español e inglés, que informan sobre la restauración. Dichos rótulos piden a los ciudadanos que guarden distancia.

En el predio  se erigió un rótulo más grande, que contiene información sobre qué son las dunas, cuáles son sus beneficios e importancia y por qué hay que conservarlas.

“Es un mensaje sencillo y amistoso”, expresó Bauzá, tras detallar que el proyecto cuenta con el apoyo del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) y la Agencia Federal de Protección Ambiental.

Añadió que el proyecto se desarrolló con un presupuesto de solo $900. El material vegetativo fue donado por el DRNA y la instalación de las trampas fue hecha por voluntarios.

Ayer, el PEBSJ y la compañía Banana Boat colocaron más trampas de arena y sembraron más bejuco de playa en el área del proyecto. Además, se realizó una limpieza, un monitoreo de calidad de agua y se tomaron datos para hacer un perfil de la playa.


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