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No hay cifras oficiales, pero se estima que es uno de los diagnósticos más populares,  incomprendidos y hasta erróneos que  permea en un siete por ciento de la población. Se trata del déficit de atención, usualmente con  hiperactividad, condición que algunos profesionales de la salud mental, incluso, niegan que exista.

Entre los escépticos se encuentra el doctor Jaime Grodzinski, neurosicólogo que considera que el déficit de atención es “una categoría bien industrializada” -especialmente por las compañías farmacéuticas-  que un gran número de profesionales de la salud mental se apresuran en diagnosticar “sin reconocer que se puede tratar de otros diagnósticos”.

“Muchos padres dicen que las escuelas los presionan a que sus niños sean medicados y eso es muy preocupante. Se está presionando a que los padres lleguen a un diagnóstico”, sostuvo el experto.

Otros profesionales de la salud mental, como el psiquiatra José Galarza, también han advertido previamente sobre lo peligroso de que se encasille erróneamente a un niño bajo esta condición.

“No se puede confundir el comportamiento, inquietud y actitud normal de los niños con un problema de salud, como el déficit de atención con hiperactividad”, manifestó Galarza  hace unos años cuando, como titular de la Administración de Servicios de Salud Mental y Contra la Adicción (Assmca), advirtió a los padres y a los profesionales de la salud sobre el peligro de diagnosticar esta condición “cuando el niño es, sencillamente, inquieto”, según dijo entonces.

Según Grodzinski, el error más común se manifiesta cuando los padres le informan que la escuela reporta que el menor es hiperactivo, pero  ese comportamiento  no lo exhibe en el hogar.

Otro de los errores más frecuentes, según el neurosicólogo,  es que muchas de estas conductas están ligadas a un trastorno emocional, usualmente enmarcado en el escenario familiar.

“Por eso le digo a los padres, vamos a explorar otros aspectos, como el historial familiar, la dinámica en la familia, la relación entre hermanos y entre padres y la modificación de conducta utilizada en el hogar, como el sistema de castigos y de retiro de privilegios, dos errores que pueden llevar a síntomas de depresión”, dijo Grodzinski, quien también tildó de equívoca  la utilización del conocido “time out” (tiempo fuera) ya que al pedirle al niño que se retire del salón unos minutos puede “incentivarlo  al aislamiento social y a reprimir sus problemas, en lugar de enfrentarlos”.

Según el experto, la educación, el modelaje positivo desde el hogar y  calidad de tiempo entre padres e hijos son factores que se pueden insertar en la crianza y enseñanza.

De acuerdo con  Grodzinski, el déficit de atención con hiperactividad nace de un término acuñado en la década de 1970 conocido como “minimal brain disfunction”.

“Es un síndrome del lóbulo frontal, una lesión cerebral en el área orbital. Es cuando ocurre un golpe en esa área que la persona desarrolla una conducta  desinhibida, más hiperactiva”, dijo al comentar que en la gran mayoría de los casos diagnosticados con esta condición no ha ocurrido tal lesión en el cerebro.

Recalcó que  los casos de déficit de atención tipo inatentos son usualmente “el reflejo directo de estructuras emocionales”, aunque indicó  que es sumamente importante que se hagan pruebas diferenciales o específicas para descartar que, incluso, pueda tratarse de un problema de visión o audición, entre otras posibles condiciones.

“Para mí, el déficit de atención con hiperactividad no existe. Sí, tiene un trasfondo emocional y educativo pero, como neurosicólogo, sólo puedo explicarlo si hay un golpe en el cerebro”, enfatizó al comentar que, en la adultez, podría estar ligado a “otras veinte condiciones emocionales que se pueden atender con terapia (sicológica)”.


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