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Gladys Peña vive hace 38 años en la comunidad Las Monjas, aledaña al caño Martín Peña, y ha perdido la cuenta de las veces que su casa se ha inundado. (Luis Alcalá del Olmo)

Ya no hay que hacer referencia a la imagen de un oso polar desnutrido  sobre un pedazo de hielo  en el   ártico para entender los  devastadores efectos del cambio climático.

En Puerto Rico, la principal amenaza  a la que el mundo se enfrenta tiene rostro, y son personas que en menos tiempo del imaginado podrían convertirse en “refugiados climáticos”, es decir, verse obligadas  a desplazarse de sus lugares de origen por motivos  ambientales.

Se encuentran, principalmente, en comunidades costeras o aledañas a cuerpos de agua, como las ocho que circundan el caño Martín Peña, Condado y Ocean Park, en San Juan; Piñones, en Loíza; y Juana Matos, en Cataño, entre muchas otras.

En todas, el denominador es el mismo: el aumento en el nivel del mar, como efecto del calentamiento global y el derretimiento de los polos, está provocando inundaciones y cambios en la marea nunca antes vistos. Los episodios de lluvia cada vez más intensos agravan la situación.

 Ante eso –y no necesariamente conscientes–, los ciudadanos están tomando medidas de adaptación para proteger vida y propiedad. Muros de contención en las puertas,  estacionamientos elevados y electrodomésticos que no tocan el piso son ejemplos de cómo lucen algunas residencias en estas comunidades.

Son medidas que, a la larga, lo que buscan es retrasar o posponer una posible reubicación. Y es que, según constató El Nuevo Día, muchos  ciudadanos rechazan la idea de un realojo debido, sobre todo,  a que llevan “toda la vida”  en el mismo sitio. Otros creen que lo que están viviendo es temporal.

“Algo terrible”

Gladys Peña vive hace 38 años en la comunidad Las Monjas, aledaña al caño Martín Peña, y ha perdido la cuenta de las veces que su casa se ha inundado. Lo que sí tiene muy claro, sin embargo, es que los episodios de mayo y septiembre del año pasado no tienen comparación.

“Fue algo terrible”, recordó Peña, en cuya casa hay muros de contención de dos bloques de alto en las puertas. La nevera, el congelador (freezer) y la lavadora también están sobre bloques o paletas de madera. Ningún interruptor está a menos de tres pies del piso.

“Todo está trepado. Empecé con los muros, pero luego elevé hasta los muebles porque me cansé de estar botando y comprando nuevos. Decidí vivir con lo mínimo. A veces, el agua pasa por encima del muro y entra como perro por su casa”, ilustró.

¿A qué atribuye lo que está viviendo?, preguntó este diario, a lo que Peña respondió  que al deterioro ambiental. “Desconocía que el agua iba a llegar hasta mi casa cuando me mudé. No pensé  que rellenar el caño iba a provocar que la comunidad se llenara de agua. Cuando ahora hay inundaciones, se inunda peor que nunca. La lluvia es más intensa. Y cuandosube la marea, las casas máscercanas al caño se inundan”, dijo Peña, de 70 años.

Una de esas casas que se afectan cuando sube la marea en el caño es la del matrimonio  Jorge Luis Nieves, de 67 años, y Carmen Cáez, de 70, vecinos de la comunidad Parada 27.

“Se inunda cuando sube la marea, pero también cuando llueve. Yo limpio las alcantarillas para que el agua baje un poco más rápido, pero siempre llega hasta el frente de la casa”, relató Nieves. “Cuando sube la marea, el agua del caño se mezcla con la del alcantarillado y sale por las tuberías de la casa”, agregó Cáez.

Los esposos, al igual que Mario Montañez, vecino de Las Monjas, descartaron ser reubicados. Nieves y Cáez dijeron no tener dinero para adquirir una nueva propiedad, mientras que Montañez  expresó su deseo de “morir donde nací y me crié”.

“Hay que aprender a vivir con esto. Hasta ahora no he tenido pérdidas en mi casa, pero es porque me he preparado. Rellené el patio para subirlo y elevé el espacio para estacionar el carro”, dijo Montañez, de 66 años.

Mala situación

De acuerdo con el oceanógrafo Aurelio Mercado, el impacto del aumento en el nivel del mar en varias comunidades del País “no es casualidad”, pues las estadísticas confirman una tendencia sostenida al alza desde 1955, pero acelerada desde inicios de esta década.

 Datos de mareógrafos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) revelan que, en promedio, el aumento en la bahía de San Juan  ha sido a razón de 2 milímetros (mm) por año, mientras que en La Parguera ha sido de 1.76 mm por año. Al considerar los datos a partir de 2010, el alza en la bahía de San Juan ha sido a razón de 14.90 mm por año, mientras que en La Parguera ha sido de 12.40 mm por año. En febrero pasado, ambos mareógrafos registraron elevaciones históricas.

“Si seguimos rompiendo récords de elevación, las comunidades costeras y en humedales van a  estar en mala situación. Para los que creían que el aumento en el nivel del mar en Puerto Rico era algo académico, ya ven que no es así. Tenemos ciudadanos que tienen que caminar por encima de la verja para llegar a su carro sin mojarse. Esos van a ser los primeros refugiados de cambio climático en Puerto Rico, pero oírlos decir que se van a adaptar o que es algo temporal, me da a entender que no entienden lo que está pasando. Yo estaría pensando ya en relocalizar a estar personas”, manifestó Mercado.

Las medidas de adaptación en las comunidades aledañas al caño Martín Peña y otras fueron investigadas por el Programa del Estuario de la Bahía de San Juan (PEBSJ), que realizó un estudio para saber qué acciones estaban tomando para reducir su vulnerabilidad al cambio climático, aunque no le llamaran de esa forma.

“Las comunidades en las costas y humedales son más vulnerables al aumento en el nivel del mar y las lluvias intensas; sufren los impactos antes que el resto de las comunidades”, dijo el director científicodel PEBSJ, Jorge Bauzá, tras explicar que elestudio consistió en un inventario de modificaciones estructurales para reducir la vulnerabilidad a eventos de inundación y marea alta.

“Con los resultados que encontramos, queremos que sean las mismas comunidades las que lleven el mensaje de que hay que prepararse para los cambios climáticos que están ocurriendo. La proyección es que estos eventos de inundación y marea van a ocurrir más”, indicó.

Otro efecto del aumento en el nivel del mar es la erosión costera, destacó la oceanógrafa Maritza Barreto, al detallar que en la Isla hay playas que están perdiendo hasta cinco metros de ancho al año. Tal es el caso de Parcelas Suárez, en Loíza, y otras playas en Aguada y Rincón.

“No es que antes no había erosión, pero en los últimos cinco años se ha acelerado. En consecuencia, la infraestructura se está perdiendo más rápido y las comunidades están  más vulnerables. Si desde ya el agua está tan adentro, cuando venga un huracán o una marejada de frente frío, los efectos serán peores”, dijo Barreto, quien en 22 años estudiando erosión nunca había visto lo que ahora.


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