Las áreas de arrecifes en Rincón, La Parguera y Ponce son tres de las más impactadas por los robos, aunque hay incidencia en toda la Isla. (horizontal-x3)
Las áreas de arrecifes en Rincón, La Parguera y Ponce son tres de las más impactadas por los robos, aunque hay incidencia en toda la Isla. (Archivo / GFR Media)

El robo de corales y sus organismos asociados se ha convertido en un dolor de cabeza para el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA), debido a los graves daños –a veces irremediables– que sufre el ecosistema a causa de la extracción indiscriminada.

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Se trata de una práctica ilegal que se reporta alrededor de toda la Isla, con particular incidencia en los arrecifes de Rincón, La Parguera (Lajas) y Ponce.

“Es algo que ocurre dondequiera que haya un arrecife accesible al público. La gente los colecta tanto para sus acuarios personales como para la venta de los organismos”, dijo la bióloga marina y coordinadora del Programa de Especies Protegidas del DRNA, Nilda Jiménez.

Indicó que las personas “se llevan literalmente todo”, desde pedazos del coral hasta peces, erizos, caracoles, anémonas y estrellas de mar, entre otros organismos.

Destacó, incluso, que se han reportado casos de turistas que han sido intervenidos por las autoridades aeroportuarias, porque cargan en su equipaje pedazos de coral u organismos vivos “como si fueran souvenirs”.

“Una vez, el personal de seguridad del aeropuerto nos trajo 800 libras de distintos materiales incautados, entre esqueletos de corales y organismos. En otra ocasión, se intervino con un pasajero que llevaba un carrucho vivo dentro de su maleta, en la ropa. La persona lo sabía y se lo estaba llevando como recordatorio. Y en otra ocasión, se intervino con una persona que llevaba en un tarro plástico, con agua, y unas gorgonias (corales suaves) adentro”, relató.

Destrozos

Jiménez, quien también es asesora técnica del Negociado de Pesca y Vida Silvestre del DRNA, señaló que la extracción de corales puede, en cuestión de minutos, destrozar un ecosistema que demora cientos de años en desarrollarse.

“La gente arranca el coral a martillazos o con un cincel pensado que es un pedazo de roca, pero en realidad es un organismo vivo”, dijo.

“No tan solo matan el coral, sino que les quitan el hábitat a muchas otras especies y afectan los alrededores. Las personas que roban los corales no toman medidas cautelares para no dañar otros organismos, y eso es bien detrimental”, agregó.

Jiménez recordó que en Puerto Rico existen siete especies de coral clasificadas como amenazadas, por lo que su protección es garantizada por estatutos federales y estatales.

En virtud de la Ley 147-1999, el DRNA puede imponer multas administrativas por extraer, remover, mutilar, destruir o dañar cualquier coral, arrecife de coral o comunidad coralina, sistema marino asociado o parte de estos. Las multas no serán menores de $500, ni mayores de $10,000.

El Cuerpo de Vigilantes del DRNA es el encargado de intervenir quienes violen las disposiciones de la Ley 147-1999. Desde el año pasado, se han reportado 12 de estos casos.

Campaña

A fin de reducir la incidencia, Jiménez contó que el DRNA inició una campaña educativa, que básicamente consiste en la instalación de letreros, en los que se advierte sobre los daños que sufren los corales y las consecuencias para quienes los roban.

Los letreros han sido ubicados en las playas con arrecifes más visitadas, tanto por locales como extranjeros.

“Queremos que la gente cree conciencia, particularmente del daño acumulativo que les hacen a los corales. El mensaje al público es que pueden disfrutar de la vida marina observándola, no colectándola”, afirmó la experta, e instó a denunciar a quienes roben corales llamando al Cuerpo de Vigilantes del DNRA al (787) 724-5700.

Remueven embarcaciones

Por otro lado, el DRNA removió tres embarcaciones abandonadas y encalladas en Las Croabas, Fajardo, con ayuda de $57,000 en fondos que obtuvo de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).

“En total son cinco (embarcaciones), pero comenzamos con tres que están en Las Croabas; estas son más fáciles de remover. Hay otras dos al pie de la colina de El Conquistador que se van a remover, pero un poco más tarde, ya que es una operación un poco más complicada. Algunas de ellas llevaban encalladas desde el huracán Hugo (1989); otras, desde hace dos años”, dijo la secretaria Tania Vázquez.

Añadió que las embarcaciones abandonadas “son un problema desde hace mucho tiempo”, cuyos pedazos y escombros –si no se remueven– impactan físicamente otros organismos y ecosistemas, como corales y hierbas marinas.

“Al removerlas, le otorgamos una oportunidad a los ecosistemas marinos a recuperarse”, subrayó.


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