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La cantidad de personas que emigraron de Puerto Rico a los Estados Unidos durante el 2015 se estimó en 89,000 personas, 5,000 más que en el 2014. (Archivo / GFR Media)

El proyecto de ley aprobado en la Legislatura para incentivar la retención y el retorno de profesionales de la salud, despertó la mirada hacia otros sectores laborales que, de igual forma, padecen la crisis y atraviesan el dilema del éxodo masivo.

A partir de la implantación de la ley, todo profesional de la salud que resida en la Isla, ejerza la profesión a tiempo completo, carezca de deudas con el Departamento de Hacienda y cumpla 180 horas anuales de servicio comunitario, verá su tasa de contribución actual de 33% disminuida a 4%.

El éxodo de profesionales es una realidad latente. En su más reciente Perfil del Migrante, el Instituto de Estadísticas detalló que la cantidad de personas que emigraron de Puerto Rico a los Estados Unidos durante el 2015 se estimó en 89,000 personas, 5,000 más que en el 2014. 

De todas esas huellas que se perdieron en el aeropuerto rumbo a otros lares –principalmente a los estados de Texas y Florida, al sur de Estados Unidos–, el 41% se encontraba fuera de la fuerza laboral. Por lo tanto, según las cifras aproximadas tomadas de la Encuesta sobre la Comunidad del U.S. Census Bureau, más de la mitad –decenas de miles– dejaron sus trabajos en sus respectivas industrias y se despegaron del terruño isleño.

La mayoría pertenecía al sector gerencial y profesional (26%) y al de ventas y oficina (26%). De los 11,924 trabajadores que integran el primer grupo, se desprenden profesionales de salud, que suman 1,480 pasajes de avión. Pero también se desprenden maestros, ingenieros, arquitectos, contadores, artistas, deportistas, matemáticos, programadores, gerentes de operaciones, entre otros. 

De acuerdo con el presidente del Senado, Thomas Rivera Schatz, la población no debe mirar el proyecto como un privilegio a un sector profesional sobre otros, sino como un beneficio para el pueblo. 


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Fuga de maestros

En ciertos países del mundo, la profesión del médico está equiparada a la del docente. Ambos se ven como alas de un mismo pájaro; de ambas se nutre el crecimiento y desarrollo de un país.

Sin embargo, en Puerto Rico, “el magisterio es uno de los sectores peor pagos del sector público”. Así dijo de entrada la presidenta de la Federación de Maestros, Mercedes Martínez.

Los docentes, que tienen como mínimo un bachillerato, inician en el sistema con una remuneración de $1,750 al mes. “El salario no ha aumentado desde el 2008, pero el costo de vida se ha triplicado. Es insostenible mantener una familia con un salario de miseria”, objetó.

En el 2015, un estimado de 3,197 maestros arrancaron vuelo hacia otros lugares de Estados Unidos. En el 2014, también el sector de la educación sobrepasó los 3,000 emigrantes, cuando en el 2013, solo sumaban 1,384. La mala paga es el primer factor por el cual, a su juicio, existe una fuga consistente de maestros. Pero es solo una de las razones.

Las condiciones laborales y la calidad de vida inciden en la ecuación. “Vemos cómo el Departamento de Educación, año tras año, ha privado a los maestros de materiales para ofrecer sus cursos. No hay libros, no hay cuadernos, no hay tecnología, no hay acceso a internet ni computadora para dar una clase amena. Las condiciones a las que nos son sometidos, son deplorables. Además, tenemos que invertir de nuestro bolsillo para poder acondicionar el salón, para pintarlo, para comprar lápices y papel”, enumeró la líder sindical.

También, el hacinamiento de estudiantes –a veces 35 alumnos en un salón de clases– perjudica el proceso de enseñanza y el aprovechamiento académico, sostuvo. También el papeleo administrativo que se ve obligado a llenar el maestro sin los recursos disponibles para hacerlo, así como los métodos de evaluación con renglones subjetivos, imponen mayor presión al docente, agregó Martínez.

Para la presidenta de la Asociación de Maestros, Aida Díaz, también juega en contra la falta de reconocimiento al docente en el plano social. Desde ahí, reaccionó al proyecto de ley que incentiva la retención y el retorno de médicos. “Yo no lo critico, pero la realidad es que cuando yo leí eso, yo pensé en el magisterio... A nosotros no nos ponen en ningún nivel, ni siquiera nos han mencionado”, lamentó.

Su contacto con la Legislatura incluye conversaciones con el senador Abel Nazario con el objetivo de que se incluya a los maestros en las aportaciones patronales al seguro social y se aumente la del seguro médico.

Ambas entrevistadas coincidieron en que la secretaria de Educación, Julia Keleher, se ha mostrado dispuesta a atender los reclamos, e incluso ha divulgado oficialmente su intención de aumentar el salario docente.

Sin embargo, con la aprobación de la ley que congela aumentos para empleados públicos, Martínez carece de esperanza alguna para que se atienda el reclamo histórico. Lo que vislumbra es la fuga de más profesionales.

“El País se va a quedar desierto. La emigración se va a disparar porque va a ser insostenible vivir en una isla que congela cualquier tipo de reclutamiento externo en cualquier agencia de gobierno”, destacó.

Estancamiento económico

Para otros sectores profesionales, no es tanto las condiciones de trabajo y la remuneración, sino la escasez de empleo lo que ha inyectado la fuga.

De acuerdo con Ralph Kreil Rivera, presidente del Colegio de Ingenieros y Agrimensores, en efecto existe un “éxodo masivo de profesionales altamente preparados y cualificados”.

Según las cifras agrupadas por el Instituto de Estadísticas, en el 2015 se marcharon del País 942 ingenieros y arquitectos. Para Kriel Rivera, es la falta de empleo el principal factor que despeja el camino hacia el aeropuerto. “Necesitamos que se creen nuevos empleos para que ese éxodo se detenga”, reclamó. 

Por tal razón,el Colegio ha apoyado las medidas que ha impulsado la actual administración para, a su juicio, subsanar un estancamiento económico que incide en la ausencia de proyectos de infraestructura que abra posibilidades laborales a los ingenieros y arquitectos.

El Colegio de Ingenieros cabildeó a favor de la reforma laboral, la cual flexibiliza las leyes laborales y resta beneficios a empleados futuros. Además, se ha reunido con colegas de la profesión que ahora integran el gobierno, como el ingeniero Manuel Laboy, secretario de Desarrollo Económico y Comercio, y María Gordillo, presidenta de la Junta de Planificación, para atender el letargo en la permisología, lo cual “ha aguantado la motivación para crear proyectos”.

A la par, se encuentra cabildeando con el secretario de Hacienda, Raúl Maldonado, para eliminar el 4% de impuesto al servicio, o al intercambio entre negocios (B2B), dado que incrementa el costo operacional.

“Nuestra posición es que, a medida que haya menos impuestos y más dinero en el bolsillo, va a haber más creación de empleo y va a llegar más al fisco. Es una cadena”, concluyó.

Situación estable

En otros sectores profesionales, la situación migratoria se presenta estable. El presidente del Colegio de Abogados, Alejandro Torres Rivera, aseguró que no padecen de una situación descontrolada en términos migratorios “como se produce en el caso de los médicos”. 

De acuerdo con el Perfil del Migrante del 2015, en el área designada “legal”, emigraron 720 personas. “Muchos de los que se van, es a trabajar en áreas donde hay alta concentración de residentes puertorriqueños, así que mantienen su vínculo con la Isla”, agregó.

El licenciado reconoció que la naturaleza de su profesión dificulta la movilidad, dado que un abogado tiene que conocer al dedillo toda la legislación de un país para poder defender a sus ciudadanos. “Nuestra profesión nos mantiene dentro de nuestra jurisdicción y, en el caso de Estados Unidos, nos permite un desempeño en tribunales federales”, subrayó.

Por su parte, el presidente del Colegio de Médicos Veterinarios, Elvin Reyes, coincidió en que su profesión tampoco se está viendo afectada por la migración. De los 279 veterinarios con licencia activa que practican en Puerto Rico, solamente se han ido dos en los últimos años. 

Pese al pequeño número de veterinarios, Reyes descartó que hubiese escasez de dichos profesionales en Puerto Rico. A su parecer, por el contrario, se ha catapultado la profesión según ha aumentado la demanda, y ahora cuentan con veterinarios en Aibonito, Utuado, Cayey, “zonas que carecían de esos servicios”.


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