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Oscar Lopez Rivera (horizontal-x3)
últiples sectores en Puerto Rico apoyan la liberación de López Rivera. (GFR Media)

WASHINGTON - En la hora cero de su petición de clemencia al presidente Barack Obama, el prisionero político Oscar López Rivera prepara su mente para seis años más de cárcel.

Si el presidente Obama ignora el pedido de clemencia –que tiene el apoyo de importantes personalidades de la comunidad internacional, del más alto liderato del gobierno, la clase política, religiosa y sindical de Puerto Rico–, López Rivera puede tener que esperar a 2023, cuando cumple 42 años de cárcel, para poder ser excarcelado.

Su derecho a libertad condicionada será oficial en mayo de 2023, aunque puede ocurrir unos meses antes por el tiempo que se le acredita debido a buena conducta. Para entonces, López Rivera, quien cumple 74 años el próximo 6 de enero, Día de los Tres Reyes Magos, habrá alcanzado los 80.

Sus defensores están nerviosos contando los días. Pero, ni siquiera cuando le quedan solo 47 días en la Casa Blanca al presidente Obama, López Rivera piensa en un asunto que no puede controlar.

En estos días, López Rivera –convicto principalmente por conspiración sediciosa debido a sus vínculos con el antiguo grupo clandestino Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN)– lee el libro de ensayos del fallecido neurólogo estadounidense Oliver Sacks, titulado “Gratitude”, que incluye un texto sobre el significado de alcanzar los 80 años de vida.

En entrevista con El Nuevo Día, que tuvo lugar el jueves, por teléfono, López Rivera se refirió, sin embargo, a que Sacks cuenta cómo un paciente suyo perdió la vista, pero siguió recreando escenas por medio de las imágenes que tuvo en su vida y logró retener.

Para un prisionero político que estuvo doce años en solitario y privación sensorial, y lleva 426 meses en cárceles estadounidenses, recuperar imágenes del pasado es un ejercicio fundamental.

Usted me ha dicho antes que no piensa en el tiempo. “El tiempo va a ser mío”, me indicó en junio de 2013. Pero, ¿cómo no estar pendiente en estos días en que al presidente Obama solo le quedan (47) días en la Casa Blanca?

–Para mí lo principal es no caer en el optimismo ilusorio. Tengo que pensar que me quedan seis años de cárcel y prepararme para enfrentarlos. Si el presidente Obama decide algo positivo, entonces enfrentarme a eso.

Usted ha reconocido que su gran oportunidad con el presidente Obama es este período postelectoral, para que una decisión favorable no tuviera grandes consecuencias políticas.

–Todos hemos estado conscientes de eso. Lo único es que el presidente Obama es una persona bien cuidadosa y que se cuida bastante. Así fue que bregó con los estudiantes indocumentados.

 Si el presidente Obama le ofrece clemencia, ¿espera que imponga condiciones?

–No tengo la menor idea. Me imagino que sí, que va a imponerlas.

¿Alguna sería inaceptable?

–Tendría que bregar con eso cuando vea lo que está pidiendo.

¿Cuál es el legado de Obama?

–Ha hecho cosas positivas. Creo que desperdició los años en que la Rama Legislativa estaba en manos de los demócratas para pasar una ley positiva para los inmigrantes (indocumentados). Pudo trabajar también mejor el tema de la infraestructura, para crear más trabajos. Sin embargo, le dio prioridad a las industrias automovilísticas, los bancos, los que llaman ‘muy grandes para fracasar’. La reforma de salud pudo haber sido más amplia.

¿Le daría hoy algún mensaje?

–Si él estuviera dispuesto a escuchar, podría ver que todavía puedo ser productivo. No tengo nada por lo que se pueda decir que soy una persona maligna. Las largas sentencias que nos dieron no eran necesarias. Ninguno de los compañeros que salieron de prisión en 1999 ha causado problemas a este país. Creo que es un malgasto de dinero tenerme preso. Se gastan $40,000 al año por preso, sería positivo dejarme salir.

Está en marcha una petición en la página de internet de la Casa Blanca para reclamar una respuesta del presidente Obama sobre el reclamo de clemencia que usted presentó en 2011. Si alcanza las 100,000 firmas para el 11 de diciembre, Casa Blanca deberá responder.

–El presidente Obama –quien habló de forma particular sobre Nelson Mandela– debe entender que ningún puertorriqueño puede conspirar sediciosamente en contra del gobierno de EE.UU., porque el colonialismo es un crimen en contra de la humanidad. Por ley internacional eso está bien claro. Todo ser colonizado tiene derecho a ejercer su libre determinación y a su independencia, utilizando todos los métodos disponibles, incluyendo la violencia. Puerto Rico, sin embargo, no ha sido violento. Los puertorriqueños hemos sido bien tolerantes.

Todavía hay quien alega equivocadamente que usted rechazó la clemencia que le ofreció el presidente Bill Clinton en 1999 porque no quiso renunciar a la lucha armada. Usted me ha dicho que las razones fueron la no liberación entonces de dos compañeros –Carlos Alberto Torres y Haydee Beltrán–, y desconfianza en el sistema por la espera que tenía que hacer de una década más de cárcel.

-Fuimos bien claros en la decisión de no practicar violencia ni abogar por violencia. Históricamente ya no tenía ningún sentido. La lucha de Vieques nos demostró que podemos alcanzar metas sin acudir a la violencia.

También me ha dicho que no tiene sangre en sus manos. ¿No está claro eso en el récord federal? ¿Le preguntaron sobre el atentado del 24 de enero de 1975en la Franceus Tavern de Nueva York –en el que murieron cuatro personas– durante el proceso de 2011 ante la Junta federal de Libertad bajo Palabra?

–Si las agencias federales tuviesen una huella digital mía asociándome con cualquier cosa en que haya habido muertos, estuviera sentenciado a cárcel de por vida. Ellos saben dónde yo estaba.

¿Se refiere a cuando ocurrió el atentado en la Franceus Tavern?

–Sí. Tuvimos una reunión de la comisión hispana de la Iglesia Episcopal en Isabela. Tienen el récord del hotel en que me quedé, cuando entregué el carro que alquilé, el pasaje. Hasta el 26 de enero de 1975 en que escuché la noticia en Puerto Rico nunca había oído de la Franceus Tavern ni sabía que existía. Hay algo que verdaderamente las agencias federales han tenido en contra mía, y es que nunca me pudieron capturar. Estuve cinco años en el clandestinaje y no fueron ellos los que me capturaron. Por eso también su comportamiento en contra de mi familia.

¿A qué se refiere?

–Mis dos hermanos fueron llamados ante el Gran Jurado. Los dos rehusaron. Mi hermano menor cumplió 13 meses de cárcel por rehusar declarar. Mi hermano mayor fue despedido de su trabajo. Mis hermanos no sabían absolutamente nada de lo que yo hacía. Nunca los involucré en nada. Una de las prácticas más feas era que los agentes iban a visitar a mi madre. Se metían a la casa cuando ella estaba fuera. Cuando ella regresaba la estaban esperando, diciéndole que si no me entregaba me iban a matar. En esos cinco años nunca vi un familiar mío. Cuando mi madre me dijo eso, para mí fue doloroso.

¿Piensa que si no se le libera ahora tendrá que esperar hasta mayo de 2023?

–Es la fecha mandatoria de liberación, cumplir 42 años de una sentencia de (70). Muchas veces tienen que calcular también el tiempo que uno acumula sin infracción.

El presidente Obama ha conmutado la sentencia de 1,000 personas que fueron convictas por delitos de drogas, como parte de un programa de reforma de justicia criminal. ¿Los que le defienden se quejan de que no miren su caso?

–Son dos cosas diferentes. El presidente Obama decidió desarrollar un programa específico para casos relacionados con drogas. He conocido algunas de las personas a las que les ha conmutado la sentencia. Imagino que es algo que tenía que hacer porque la mayoría de las personas sentenciadas por la ley que pasó Bill Clinton en 1995 estaban bastante orientados hacia la comunidad afroamericana y latina. Muchas de estas personas eran jóvenes y se les dieron unas sentencias larguísimas. Creo que se sentía obligado a responder a algo que había afectado adversamente a su propia comunidad.

¿De su prisión ha salido gente bajo esas conmutaciones?

–Un puertorriqueño, un mexicano y varios afroamericanos. El puertorriqueño lo conocía bastante bien, es de Lares.

Donald Trump es el presidente de EE.UU. ¿Le sorprendió?

–Los últimos tres días (previos a la elección) creí que era posible que ganara. Trump es un experto en utilizar el odio y el miedo. Propagó por cinco años el racismo, antes de ser candidato. Es el timador más grande y mejor preparado en el mundo. Es un timador, es lo que ha hecho toda su vida. En esta nación el racismo existe. En esta prisión, los carceleros, si hay un trabajo disponible, prefieren dárselo a un blanco no hispano con el que se identifican que a un preso afroamericano o latino.

Ganó Trump, pero perdió el voto popular.

–Más de dos millones de diferencia. Qué democracia es esa que permite que la persona que obtiene la mayoría de los votos, no es quien gana la elección. La otra cuestión es la cantidad de dinero que se tiene que invertir en estas campañas. El año pasado, los hermanos Koch tenían disponibles más de $900 millones para la campaña política, mientras que el Partido Republicano tenía $450 millones.

Hablando de democracia. En Puerto Rico tenemos en funciones la Junta de Supervisión Fiscal, que controla asuntos fundamentales del gobierno.

-Podemos ver el poder de Wall Street. Obama pudo tomar una decisión diferente, sin embargo, aprobó la ley y tenemos la Junta de Control Fiscal. Nuestro pueblo no entiende todavía el papel de esa junta. La pobreza en Puerto Rico va a aumentar.

En Puerto Rico, los partidos principales perdieron respaldo. Ganó Ricardo Rosselló y el PNP, pero candidatos independientes mostraron fuerza.

-Me impresionó principalmente la victoria del doctor José Vargas Vidot (en el Senado). Hizo una campaña solo, sin organización, basado en su récord. Lo respeto enormemente.

Murió Fidel Castro. ¿Cómo se enteró?

–Dejo el radio prendido, eran las dos o tres de la mañana cuando salí a usar el baño y lo escuché. Me senté luego frente a la televisión a confirmarlo.

¿Qué representó para usted Fidel Castro?

–De todos los gobernantes latinoamericanos era el que más estaba al tanto de la realidad latinoamericana. Creó la solidaridad compasiva, una práctica que tiene el pueblo cubano de responder a necesidades sin interés ninguno.

Se criticó a Fidel Castro por, entre otras cosas, no permitir elecciones multipartidistas.

-No sé si las democracias son los partidos. La democracia se encuentra en la participación del ciudadano. No he estado en Cuba. Conozco a muchos cubanos, tuve el privilegio de compartir cinco años con Fernando González, uno de los cinco héroes nacionales cubanos (del caso de la red Avispa). Tengo una idea de por qué Cuba tiene ese sistema, pero para mí es una decisión del pueblo cubano. Vemos los resultados en Irak, Siria, Afganistán, de meterse en los negocios de otros países. Soy veterano de la guerra de Vietnam y experimenté la guerra de carne y hueso. Puedo garantizar que el pueblo vietnamita no nos aceptaba.

Cuando dice que no tiene sangre en sus manos, ¿usted no mató a nadie en Vietnam?

-Cumplí siete meses como infantero. Estar dos o tres días en la base y tres o cuatro semanas en operaciones. Disparé. Las balas son direccionales. Uno va y mira. La gente en la guerra toma crédito por las personas que mata. Estoy bien seguro de que no maté a nadie.

Hablamos de sus Cachorros de Chicago la primavera pasada y me dijo que es fanático del equipo aunque esté en el sótano. 108 años después ganaron la serie final de las Grandes Ligas.

-Me alegró mucho. Tremenda la celebración en Chicago. (Javier Báez) tiene mucho potencial. Me gustó la serie porque Cleveland tenía a dos boricuas y los Cachorros uno.

¿Se siente la Navidad en prisión?

-Los anuncios en los medios –radio y televisión– traen el mensaje de la Navidad. Pero, disfrutar uno la Navidad, no. Es algo que los boricuas no olvidamos y casi siempre nos sentamos juntos a pasar la Nochebuena. Como cumplo años el Día de Reyes, también nos sentamos juntos a pasar un ratito.

¿Cómo la celebró antes?

-Vengo de una familia bien unida. Siempre tratábamos de pasar la Navidad juntos. Si estaba en Puerto Rico me iba con los que estuvieran llevando parrandas. En Chicago, iniciamos las parrandas y se ha convertido en algo tradicional. Hasta una película se hizo (“Nothing Like the Holidays”).

¿Cómo la celebraría ahora?

–Me gustaría estar con la familia y mis amistades cercanas.

Le envío un mensaje a Puerto Rico

Antes de terminar la entrevista, López Rivera –quien ha expresado su intención de volver a su pueblo de San Sebastián, aunque haga una parada en Chicago para ver a familiares y amigos– habla de regresar al estadio Wrigley Field a ver un partido de los Cachorros de Chicago.

Y en medio del apoyo que recibe, solicitó enviar un mensaje al pueblo puertorriqueño:

“Yo vivo profundamente agradecido de mi pueblo y de haber nacido en Puerto Rico. En todos estos años que he estado preso nunca me ha faltado el amor y el apoyo del pueblo puertorriqueño. Quiero dejarle saber al pueblo que soy una persona agradecida”.


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