Puertorriqueños rellenan sacos de arena para proteger sus hogares por el posible paso cercano del poderoso ciclón

Kissimmee – Newilka Maldonado, natural de Toa Alta, y su esposo Néstor Robles, toabajeño, echaban esta mañana arena en pequeños sacos blancos. Los colocarían alrededor de su casa móvil para tratar de protegerla de la inundación que se espera aun si se cumple el pronóstico de que el ojo del huracán Dorian no toque directamente a la Florida.

“Será como un pequeño dique y luego que lo pongamos nos iremos a la casa de unos amigos en Poinciana. El Condado de Osceola siempre recomienda a los que vivimos en ‘movil homes’ que no nos quedemos pues es peligroso”, dijo Robles sin soltar la pala con que llenaría las 25 bolsas que le entregó un empleado del ayuntamiento.

Al menos en este condado, cada ciudadano tenía derecho a 25 bolsitas de nilón. El único detalle es que cada cual tiene que llenar los suyos, lo que convierte el ejercicio en una tarea ardua considerando el calor en esta zona. Cada condado estipula sus reglas sobre los sacos de arena. En algunos condados, se entregan 10 por familia y en otros se entregan ya rellenos de arena.

Cerca de otro montículo de arena blanca estaban Ricky Rubio, de Río Grande, y Jerry Met, de Ponce.  “Estamos llenando sacos, pero no para nosotros, sino para unos viejecitos que no pueden llegar aquí a hacer esto”, dijo Met. “¡Nunca había trabajado tanto! ¡Dorian, renuncia!”, gritó Rubio en tono de broma como para aliviar la ansiedad que viven los boricuas en la Florida central ante el hecho de que el huracán se dejará sentir en todo el estado, aun cuando parece alejarse.

Ángel González, de Vega Baja, también llenaba saquitos para unos vecinos. “Llevo viniendo aquí desde el jueves cuando abrieron este centro. Vivo en Buenaventura Lakes y allí siempre se inunda. Imagínate que se inunda con los aguaceros que caen aquí todas las tardes”, dijo el hombre quien llevaban una gorra que lucía la bandera puertorriqueña.

“En Florida haces un boquetito en la tierra y sale agua. Esto es bien inundable aquí”, comentó.

En otro lado, Lucy Narváez, natural de Humacao, le sometía con intensidad a un gran montículo de arena. Llevaba un pañuelo en la cabeza para tratar que el sudor le cayera en sus ojos. “Cuando el huracán Irma en el 2917 ya viví la mala experiencia de que se me metió el agua a la casa por el garaje. Te voy a decir, estos sacos ayudan un poco, pero cuando es mucha la lluvia, no sirven de nada”, declaró.

“Hay que protestar para que en Buenaventura Lakes arreglen los drenajes”, afirmó. Buenaventura Lakes es una comunidad en Kissimmee predominantemente boricua y llegar allí es como arribar a un sector de Bayamón o Carolina.

Sentado en su guagua blanca, Don Carlos Arroyo, también ponceño, miraba a su esposa Martina quien con magistral dominio enterraba la pala en la arena y luego vaciaba en los saquitos de nilón. “Tengo la espalda mala. Por eso no puedo palear”, dijo el hombre quien en una época trabajo en tareas de manejo de emergencia y hoy día está retirado.

El poderoso huracán Dorian dio un giro al este esta mañana y parece que no tocará tierra floridiana. Pero esto está lejos de suponer que el peligro ha pasado para este estado. El tamaño de huracán y su fuerza ya casi cercana a un categoría cinco hace pensar a los expertos que este estado sentirá cientos y mucha lluvia.


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