La parada estuvo dedicada al municipio de Guánica.

Orlando, Florida – Gerardo Pabón movía enérgicamente, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha, el paño con el cual buscaba sacar el mayor brillo posible al vehículo a bordo del cual, y, en pocos minutos, discurriría por la Avenida Orange del centro de Orlando epicentro de la Parada Puertorriqueña en esta ciudad.

“Tengo mucho orgullo boricua”, dijo Pabón, quien no es cualquier puertorriqueño. Es el ayudante del Alguacil del Condado de Osceola, un importante cuerpo policial. El carro que brillaba era su patrulla.

Pero esta tarde, dejó a un lado la formalidad que requiere su puesto, soltó varios “¡wepas!” y hasta colgó de la ventana del vehículo una camiseta conmemorativa de la Serie del Caribe del 2009. “Siempre la saco cuando vengo a la parada”, aseguró.

Hoy fue la tercera edición de este desfile que desde temprano en la mañana congregó a miles de puertorriqueños que mostraban su bandera en todas las formas posibles: camisas, pantalones y hasta bufandas a pesar del intenso calor floridano.

“Hace como dos o tres décadas lo más boricua que había aquí era el negocio de Medina que estaba en la carretera 50. Era la única cosa hispana y ahora mira esto, hay toda una comunidad, hay políticos puertorriqueños como Darren Soto y el comisionado Tony Ortiz, hay emisoras boricuas y hasta hay aquí periódicos de Puerto Rico. Estamos organizado y hemos adquirido fuerza”, dijo el senador de Puerto Rico, Carmelo Ríos, uno de los invitados del evento.

La avenida Orange es una importante vía que cruza el centro de Orlando, parecida en importancia a la avenida Juan Ponce de León de San Juan, pero mucho más extensa. A cada lado, los asistentes se apostaron buscando un buen lugar donde observar el desfile, que tuvo como gran mariscal al alcalde de Orlando Buddy Dyer.

Por una esquina estaba Carmen Rosa, natural de Canóvanas, pero quien lleva 16 años viviendo en la Florida Central. “Hay muchos boricuas hoy y debe ser por todos los que llegaron después del huracán María”, dijo. Tan entusiasmada estaba que cantó a capella y, junto a unas amigas que la acompañaban, el coro de “Qué bonita bandera”.

El desfile fue dedicado al jefe de la Policía de Orlando, Orlando Rolón, primer hispano y puertorriqueño en ocupar la máxima dependencia de seguridad en esa ciudad. Rolón, natural de Bayamón, vive en Florida hace cuatro décadas y fue quien abrió el desfile, el cual inició exactamente a las12:00 del mediodía.

“¡Ya era tiempo, un boricua, ya era tiempo!”, gritó alguien desde la acera mientras Rolón caminaba por la avenida que fue cerrada al tráfico vehicular para permitir el evento.

Más adelante, desfilaron figuras como Darren Soto, congresista de ascendencia puertorriqueña; la maestra Johanna López, la primera hispana y puertorriqueña en lograr una posición en la Junta Escolar del Condado de Orange y el comisionado Ortiz, también boricua.

El evento discurrió con tranquilidad, con la excepción de una particular discusión entre un representante del municipio de Guánica, ayuntamiento al que también se le dedicó el desfile. El hombre llevaba una llamativa vestimenta con la cual representaba un crustáceo.

Alguien del público gritó, “¡Mira, un cangrejo!”. Pero el hombre del atuendo, que desfilaba por la avenida y en ese momento tuvo que hacer una pausa, se viró hacia quien le gritó y le ripostó de forma enérgico y con gran molestia: “¡De cangrejo a juey hay una gran diferencia!”. El otro trató de imponerse y ripostó, “¡Que no, que eres un cangrejo!”.

La disputa quedó irresuelta pues el desfile se reanudó y el hombre disfrazado de crustáceo tuvo que proseguir el paso. Emprendió la marcha, aunque de vez en cuando miraba hacia atrás buscando a su contrincante como buscando venganza por semejante ofensa. Desapareció en la lejanía.

Uno de los momentos más emocionantes fue cuando una carroza a bordo de la cual iba los jóvenes de la Orquesta juvenil de violines de Guánica comenzó a interpretar “En mi Viejo San Juan”. A la melodía, que se amplificaba a través de micrófonos y altoparlantes, se sumaron las voces de los boricuas sentados a cada lado de la Avenida Orange. Unos cantaban tranquilos, otros a todo galillo. Pocos quedaron en silencio y las voces retumbaban como un gran coro bien ensayado.

En el desfile no faltó Mickey ni Minnie Mouse, personajes de Walt Disney. Tampoco la reconocida vedette boricua Iris Chacón, quien iba a bordo de la carroza de la empresa Advantage Medical Group, donde trabaja ofreciendo charlas a personas de la tercera edad que se reúnen en un centro que tiene esa oficina médica en Kissimmee.

La vedette recibió los aplausos a radiar de las gemelas Marisel y Raquel Ruiz, ambas de Yabucoa. “Yo llevo 30 años viviendo aquí y es la primera vez que vengo al desfile”, dijo Marisel. En cambio, su hermana, intervino para decir que nunca se pierde el evento. A la menor provocación se metían en medio de la avenida para bailar sin soltar una gran bandera que sujetaban.

En el desfile se observaron también representantes de otros países que desfilaron en apoyo a la comunidad puertorriqueña, el grupo hispano más influyente en Florida. Se estima que en Orlando viven más de 400,000 boricuas y 1.2 millones en toda Florida, según estimados del Censo. Participaron representantes de México, Hawái y la República Dominicana.

Al final del desfile, se separó un área cerca de la alcaldía donde se instaló una enorme tarima para espectáculos, musicales como fue la llamativa representación del Conjunto Criollo, formado por jóvenes amantes de la trova y otros ritmos puertorriqueños y que realizaron diversas actividades para pagar sus pasajes y asistir al evento.

Allí se vendían pinchos a $7, empanadillas de carme a $5, arepas a $5 y otras exquisiteces de la gastronomía boricua y caribeña como alcapurrias y bacalaítos.

Entre otros invitados a esta fiesta estuvieron al famoso cuatrista puertorriqueño Prodigio Claudio, la familia Sanabria, el grupo Jataca y el cantante Bobby Cruz.


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