“A la basura” el Plan Fiscal (vertical-x1)

Dos de las secuelas más duraderas del huracán María serán la reconfiguración absoluta del plan con el que la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) buscaba cuadrar las finanzas públicas y un paquete de ayuda para paliar la devastación que causó el ciclón hace unas dos semanas.

Pero ninguno de esos efectos y tampoco un recorte en la deuda pública echará a un lado la responsabilidad de hacer cambios estructurales a la economía puertorriqueña, lo que requerirá incluir la inversión privada en la ecuación y tampoco implicará la desaparición del organismo federal creado por la ley federal PROMESA.

En entrevistas separadas, los economistas Juan Lara y Orlando Sotomayor señalaron que el huracán María es una ficha que cambia el juego económico para Puerto Rico, el gobierno federal y los bonistas, y que bien jugada podría poner fin al ciclo de contracción que se ha experimentado por casi 12 años.

“Es un juego distinto y creo que implementar PROMESA ha pasado a un tercer plano. Ya no puede pensarse en un Plan Fiscal sino en un plan de recuperación”, dijo Lara.

“El plan tendrá que tirarse a la basura. Los estimados de gastos y sobre todo, de los ingresos del estado, serán muy diferentes a lo proyectado”, comentó por su parte Sotomayor, quien anticipó que el huracán María contribuirá a aumentar el déficit presupuestario.

De acuerdo con Lara, ahora “hace falta otro libreto” para atender la encrucijada en que se encuentra Puerto Rico y el curso de las decisiones y políticas públicas que se implementen en lo sucesivo requerirá establecer el proceso de concertación que, hasta la fecha, ningún sector ha querido abrazar.

“Una cosa es la ayuda de emergencia, lo que en inglés se describe como ‘relief’, y otra muy distinta es la ayuda que se provea a Puerto Rico para la recuperación”, destacó el catedrático en Economía en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

Dudas con los estimados de daños

Lara no está convencido de que la devastación causada por el huracán María se aproxime al tamaño de la economía medida por el producto bruto de la isla, que ronda unos $74,000 millones, pero cree que podría superar la mitad de esa cifra. 

Moody’s Investors Service publicó el martes que los daños provocados por el huracán podrían fluctuar entre $40,000 y $95,000 millones.

Sotomayor también puso en duda las cifras de daños que han circulado a la fecha. Ello, porque según explicó, ese tipo de estimados requiere de encuestas y otros mecanismos de análisis que no podrán hacerse en una semana.

Según Lara y Sotomayor, Puerto Rico necesitará un paquete de ayuda en el que se consideren las soluciones que antes se descartaron y en el que se considere la inversión privada.

Cuando se aprobó la ley federal PROMESA, el Congreso no dio a la JSF poder para emitir deuda o acceder a financiamiento, a pesar de que economistas y expertos en procesos de reestructuración aseguraron que la recuperación de Puerto Rico no sería posible sin financiamiento.

“Brady Bonds” y un plan Marshall

Ahora, dijo Lara, el Congreso estadounidense y el Tesoro federal tendrán que considerar instrumentos como los “Brady Bonds” o una iniciativa parecida al Plan de Reconstrucción de Europa.

A grosso modo, los Brady Bonds son emisiones de deuda que emiten ciertos países con el respaldo del gobierno estadounidense. En tanto, el Plan de Reconstrucción de Europa, creado bajo la presidencia de Harry S. Truman, fue un programa de soporte financiero que Estados Unidos otorgó a esa región del mundo después de la Segunda Guerra Mundial. A esa iniciativa se le conoce como el Plan Marshall, en referencia al secretario de Estado de ese momento, George Marshall.

“Eso es lo que tendrá que suplantar a PROMESA y en ese plan, la JSF podría tener un rol importante”, dijo Lara.

Según Sotomayor, para asegurar la efectividad de cualquier plan de recuperación y ante el pobre manejo de las finanzas públicas por parte de distintas administraciones de gobierno, el dinero que se consigne a Puerto Rico tendrá que estar bajo una entidad externa al gobierno del territorio.

“No creo que uno pueda esperar a que la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA, en inglés) cubra todo el gasto de recuperación”, indicó Lara, quien sostuvo que todos los sectores deben apuntar hacia Washington D.C. para reclamar un paquete de recuperación para la Isla.

En ese sentido, Lara manifestó que Puerto Rico y sus diversos sectores económicos y sociales deben articular con urgencia el proceso de concertación que hasta ahora nadie ha querido hacer suyo, pues una vez la situación de emergencia provocada por el huracán cese, Puerto Rico puede quedar desplazado por otras prioridades a nivel federal.

Los bonistas y la economía

El nuevo escenario fiscal, donde los oficiales de gobierno ya han aceptado que quedarán sin efectivo en cuestión de semanas, forzará a la JSF a continuar su agenda de recorte a la deuda pública.

“Otro de los grandes efectos de (el huracán) María, será aumentar el tamaño de recorte a los bonistas”, dijo Sotomayor, quien dicta cursos de Economía en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Mayagüez, al agregar que ahora habrá argumentos “contundentes” para impulsar un recorte que ya de por sí era significativo en el plan fiscal.

El plan fiscal contemplaba un recorte promedio de 80 centavos de dólar en el servicio de la deuda por los próximos diez años. Si el recorte al principal adeudado fuera significativo, ello terminará dando otro golpe a las empresas y los individuos que se necesitan para la recuperación, pues buena parte de la deuda está en manos de las cooperativas, aseguradoras y ahorristas locales, que a la fecha, todavía albergan la esperanza de recuperar algo de lo prestado al gobierno.

Sotomayor, sin embargo, aseguró que aun si la JSF lograra un recorte mayor de los bonistas, eso no hará crecer la economía de la isla.

“Antes o después de María, lo único que salvará a Puerto Rico es el crecimiento económico, algo que nunca ha venido ni vendrá de afuera”, dijo Sotomayor. “Tenemos que trabajar para hacer de esta isla un lugar en donde las personas quieran invertir dinero, algo que ocurre solo cuando se entiende que es una buena idea”.

“Hace falta un ambiente institucional predecible y favorable a las decisiones de inversión. Hace falta que haya mano de obra disponible y de alta productividad, empresarios con capacidad y deseo de arriesgarse, universidades que actúen como imanes de talento. Nada de esto llegará de Washington ni se dará con una reducción de deuda. Es nuestro trabajo”, acotó Sotomayor.


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