La directora del Fideicomiso de Ciencia, Tecnología e Investigación, Lucy Crespo, moderó el panel. (Suministrada) (semisquare-x3)
La directora del Fideicomiso de Ciencia, Tecnología e Investigación, Lucy Crespo, moderó el panel. (Suministrada)

De cara a la próxima emergencia, líderes en distintos sectores productivos recomendaron dar prioridad a la redundancia de energía, al uso de recursos existentes en vez de repartir contratos a entidades que no conocen el terreno y a evitar que las autoridades ataponen la operación de puertos y aeropuertos.

Tales recomendaciones trascendieron ayer durante la primera jornada de la conferencia “Caribbean Strong: Building Resilience with Equity”, que explora las lecciones del huracán María y cómo emprender una reconstrucción resiliente que tome en cuenta todo el andamiaje socioeconómico. El evento organizado por el Fideicomiso de Ciencia, Tecnología e Investigación, se extiende hasta mañana viernes en el hotel Sheraton del Distrito de Convenciones en Miramar.

“Hay que tener redundancia fuerte en comunicaciones, tanto física como celular”, recalcó Félix Negrón, vicepresidente de Medtronic, durante el panel moderado por la CEO del Fideicomiso, Lucy Crespo.

Pero como esas comunicaciones dependen de energía eléctrica, también se requiere contar con más de una fuente de energía, recalcó Negrón. Como ejemplo de este esfuerzo, indicó que dada la dificultad para reconectar la planta de Villalba tras el huracán, colaboraron con el municipio para adelantar el traspaso de la hidroeléctrica al ayuntamiento, lo cual se concreta hoy.

Sobre el problema de energía, aún en operaciones que tenían listos sus generadores y sus planes de continuidad de negocio, Crespo destacó que “nunca uno hubiese contado con que FEMA iba a confiscar todo el diésel”.

Por esto coincidió en la necesidad de diversificar y “tener una cartera de alternativas para situaciones que no podemos predecir”. Esto debe incluir redundancias con menor consumo de combustible y que dependan menos de las redes avanzadas, como sería radios y radioaficionados autorizados.

En materia de la respuesta gubernamental al colapso del sistema energético, la profesora Marla Pérez Lugo, del Instituto Nacional de Energía y Sostenibilidad Isleña adscrito a la Universidad de Puerto Rico, denunció que los 90 recursos expertos de esta entidad “ofrecimos nuestra asistencia (en el Centro de Operaciones de Emergencia, o COE) y simplemente nunca se nos dio la oportunidadde colaborar”.

La profesora presentó además evidencias de que las autoridades optaron por dar “a universidades de Estados Unidos contratos de $200,000 a $300,000 por hacer cosas que ya el sistema de la UPR había hecho o tenía la capacidad más efectiva para hacer”.

El efecto fue que “por carecer del contexto y el conocimiento local” tales instituciones saturaron de ayudas a ciertas áreas, nunca llegaron a muchas otras y tuvieron que subcontratar a recursos de la UPR para cumplir con las tareas para las que fueron contratadas, según expuso. A su vez Pérez exhortó a “tener cuidado con romantizar la resiliencia”, porque puede perpetuar condiciones precarias o que impiden el verdadero desarrollo.

Por su parte, Iván Román, consultor de la Asociación de la Industria Farmacéutica (PIA), indicó que “poner toda la ayuda humanitaria en el puerto de San Juan y el aeropuerto de Isla Verde no ayudó”.

Mientras, adelantó que la industria farmacéutica se está moviendo a tener un plan conjunto, que complemente los que cada operación manufacturera tiene y revisa periódicamente.

“Quiero invitarlos a pensar en la posibilidad de un terremoto. Hicimos una simulacro en nuestra industria y la gran diferencia es que no tienes la oportunidad de prepararte como en un huracán”

Por su parte, el vicepresidente y gerente general de T-Mobile Puerto Rico, Jorge Martel, recordó que la empresa invirtió $120 millones en la recuperación de su red y en mantener sus operaciones, pero que ello no cambió la realidad de que el gobierno no trató las telecomunicaciones como la prioridad de vida o muerte que demostraron ser, porque no había cómo comunicarse con hospitales o socorristas.

“A nivel de diésel (para energizar su infraestructura), no cogimos ni un galón del gobierno. Lo trajimos nosotros mismos en una barcaza que se la escondimos a FEMA para que no nos la quitara”, indicó. También utilizaron el aeropuerto de Aguadilla para eludir las demoras en el área metro.

Por ello, urgió a “dar prioridad a la redundancia de energía en las instalaciones de telecomunicaciones claves, al tiempo que se abordan con cuidado los aspectos de confidencialidad y seguridad cibernética”.


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