En Puerto Rico llegaron a consumirse más de 1,000 millones de galones anuales a principios de esta década (semisquare-x3)
En Puerto Rico llegaron a consumirse más de 1,000 millones de galones anuales a principios de esta década. (GFR Media)

Atrás quedaron los años en que ser dueño de una estación de gasolina era como tener “una minita de oro”. Hoy el negocio no es tan lucrativo, y tanto el número de estaciones como el valor de estas continúan disminuyendo.

De 1,400 estaciones que había siete u ocho años atrás, hoy quedan menos de 1,100 y esa cifra incluye casi un centenar que están cerradas, algunas de ellas desde antes del huracán María. De igual forma, las estaciones independientes, que llegaron a sumar casi el 50%, han bajado dramáticamente, y en la actualidad representan apenas un 12% del mercado.

Distinto a otros sectores económicos, en el que el azote del ciclón les ha dado un impulso sustancial -aunque sea pasajero- a las ventas, como sucede con los autos, los supermercados o los materiales de construcción, en el renglón de la gasolina ese no ha sido el caso, y el consumo está estable a un año del paso de María.

El economista Rolando Aponte, de la firma RAR & Asociados y experto en la industria de combustible, indicó que “ha habido un efecto colateral en el consumo después del huracán debido a un mayor uso de plantas eléctricas”, pero ya se ha normalizado. Ello ocasionó que en el año 2017 el consumo aumentara 10% en comparación con el año anterior, para un total de 951 millones de galones, según las estadísticas del Departamento de Asuntos del Consumidor (DACO). No obstante, en los primeros seis meses de este año -que es la cifra disponible más reciente- el total de galones suma 441.2 millones.

En Puerto Rico llegaron a consumirse más de 1,000 millones de galones anuales a principios de esta década. Pero ese volumen ha ido reduciéndose consistentemente todos los años a partir de 2012, excepto en el 2017. Para el 2016 el volumen había descendido a 864 millones de galones.

“La tendencia a la baja en población, así como las mejoras en la eficiencia de los automóviles, ambas, han contribuido a la reducción en el consumo de gasolina. El envejecimiento de la población es otro factor que hay que tomar en cuenta porque las personas muy mayores, por lo general, dejan de guiar”, sostuvo el economista Vicente Feliciano de la firma Advantage Business Consulting y autor del “Estudio del mercado de la gasolina en Puerto Rico”, presentado en junio de 2017.

Entre los hallazgos de dicho estudio, Feliciano resaltó el hecho de que entre los años 2008 y 2015 se redujo el número de estaciones en 26%, así como que la estación típica en Puerto Rico opera con pérdidas en la venta de gasolina, y para mantener la operación a flote sus operadores recurren a los ingresos de otras fuentes, como lo son las tiendas de conveniencia. De hecho, el 83% de las estaciones en el país tienen una tienda de conveniencia, ya que con la venta de gasolina solamente el negocio no sobrevive.

Se busca operador

El panorama económico unido a la realidad demográfica han propiciado una escasez de operadores que quieran comprar la llave de gasolineras. Un detallista que conversó con Negocios con la condición de que no se le identificara, dijo que la situación es tal, que conoce de varios casos en los que mayoristas han alquilado estaciones a operadores sin que estos últimos hayan aportado un centavo. “No han pagado nada por la llave”, afirmó.

Luis Petrovich, ejecutivo a cargo del Desarrollo de Marca de Best Petroleum, dueña de la red de estaciones Gulf, coincidió por separado con el detallista. “El negocio de la llave, lo que se conocía como el ‘goodwill’, eso se perdió. Hoy no se da tan a menudo porque con la crisis algunas perdieron valor”.

Por su parte, Luis Vázquez, gerente general de Peerless, dueña de la marca EcoMaxx, reconoció que en la actualidad “no se hace fácil conseguir operadores”. Señaló que el detallista necesita invertir, por lo menos, $60,000 para empezar a operar una estación pequeña que genere 40,000 a 60,000 galones al mes y $20,000 en ventas en la tienda. Y si la estación es más grande, de 130,000 galones, la inversión sube a entre $150,000 y $200,000.

“Es difícil encontrar operadores y que estén dispuestos a invertir capital. Ya no es como antes, el dueño operador ha ido desapareciendo; prefieren recibir una renta y no asumir el riesgo de operarla”, aseveró Vázquez, al explicar que ahora los dueños de las propiedades las están arrendando a los mayoristas, y estos a su vez son los que se encargan de alquilarle la estación a un operador. “Lo que hemos hecho es que hacemos la inversión nosotros en cuanto a requisitos ambientales, bombas nuevas y otros gastos, a cambio de un contrato de suministros”, explicó.

La bandera EcoMaxx entró al mercado local en el 2012 y hoy tiene un centenar de estaciones, de las cuales un 5% pertenece al mayorista. Varios de los operadores que recién se han unido a la red son profesionales que se han quedado sin empleo y desean convertirse en comerciantes. “Le enseñamos a manejar el negocio, tenemos una escuelita que los adiestra”, dijo Vázquez, al señalar que aprenden, no solo a correr la estación, sino a administrar los negocios complementarios.

“El modelo de negocios es no vivir solo de gasolina. Queremos que las EcoMaxx sean estaciones de servicio y por eso estamos invirtiendo en ‘quick lubes’ y restaurantes, para que así el detallista tenga una mayor liquidez”, agregó el gerente general de la empresa.

A diferencia de EcoMaxx y otros competidores, la mayoría de las estaciones Shell -45%- pertenece a dueños operadores, según Hiram Acevedo, gerente de Ventas y Mercadeo. Otro 35% es propiedad de la compañía y el 20% son arrendadas a terceros.

Crecen en venta de galones

Shell, que está en Puerto Rico ininterrumpidamente desde el año 1921, cuenta con 173 estaciones, y la misma es manejada por Sol Petroleum, empresa que llegó a la isla en el año 2006 tras adquirir la licencia. Por número de estaciones, es el tercer jugador en la isla con 15%; pero en términos de volumen de galones vendidos, ocupa el puesto número uno con una participación de mercado de 35%.

“Hemos tenido un crecimiento en los últimos cinco años, en parte, porque hay nuevas estaciones en la red y porque las existentes están vendiendo más”, dijo Acevedo, al señalar que, en promedio, las Shell venden 117,000 galones mensuales, más del doble del promedio de la industria, el cual ronda los casi 50,000 galones.

Incluso, el promedio de la venta de gasolina premium es superior en las estaciones Shell que en los competidores. En términos generales, el mercado de la premium representa el 12.5% de la venta total de gasolina en Puerto Rico, y en Shell es el 17%. Acevedo señaló que el 48% de todo el consumo de gasolina premium que se genera en la isla se adquiere en sus estaciones.

Crece el consumo “premium”

Por su parte, el economista Aponte indicó que los consumidores han aumentado, aunque no en demasía, la compra de gasolina premium en los últimos tres años. “Ha habido una ligera tendencia desde el 2010 a adquirir una mayor proporción de premium, de 10% en el 2015 a 12.5% en el 2018”. Aponte no supo precisar a qué se debe esa preferencia, pero dijo que tal vez pueda obedecer a que el consumidor desee obtener un mayor rendimiento de combustible, o a que mayoristas como Gulf están vendiéndola con un diferencial de apenas tres o cuatro centavos el litro sobre la regular.

La totalidad de las estaciones Shell, excepto una, reanudó operaciones después de sufrir daños por el huracán, pero a un año de María solo la mitad ha sido reparada. “Todavía estamos en la reconstrucción. La falta de materiales y de contratistas son algunos de los retos que tenemos para terminar, además del pago de los seguros. Si el seguro no les paga, los operadores no pueden reparar las estaciones”, dijo Acevedo, quien estimó que el proceso de arreglar el 50% restante podría durar otros seis meses.

El impacto del cabotaje

Un jugador de peso en la industria es la francesa Total Petroleum, con 197 estaciones, aunque varias de ellas cerradas. Para su gerente general, Pierre-Emmanuel Bredin, la Ley Jones es uno de los retos principales que enfrenta el sector, ya que encarece los costos de operación, y por ende el precio al que se vende el producto en el país. “Si la ley cambia, podríamos utilizar embarcaciones con banderas de otros países para traer producto de Estados Unidos. Los costos serían menores, acortaría el tiempo y reduciría la huella ambiental”, manifestó el alto ejecutivo.

Hablando de precios, en los últimos tres meses –junio, julio y agosto– el litro de la regular ha marcado, en promedio, entre 77 y 79 centavos, siendo estos los precios más altos que se han registrado desde noviembre de 2014, según las cifras del DACO.

Otro jugador importante es Puma Energy. Entró en el 2008 y ya ocupa el primer puesto en número de estaciones, con 340, la mayoría de ellas –77%– propiedad de la empresa, según Víctor Domínguez, gerente general.

Probarán con franquicias

Consciente de la importancia que han tomado las tiendas de conveniencia para atraer clientes a las estaciones, Puma está renovando 90 de sus tiendas bajo la marca Super 7. Ya inauguró las primeras dos, una en la avenida Los Ángeles en Carolina y la otra en la Parada 18 en Santurce. Estas operarán bajo el concepto de franquicia.

“Estamos explorando modelos donde el detallista pague una regalía por el uso de la franquicia”, dijo Domínguez, al tiempo que aclaró que a Puma Energy no le interesa operar estaciones. El comentario surgió, pues hay rumores de que algunos mayoristas están cabildeando para que se enmiende la Ley 3 de 1978 y se les permita nuevamente estar al frente de su operación. Aunque hay mayoristas que son dueños de decenas de estaciones, estos tienen que conseguir operadores para que las administren, pues por ley, ellos están impedidos de hacerlo.

La Asociación de Detallistas de Gasolina (ADG) ya se activó para evitar que se cambie el estatuto, indicó Carlos Montañez, asesor legal de la organización. “Estamos en total oposición a ese intento. Hemos ido a la Llegislatura para expresarnos en contra. Sabemos que hay dos compañías que tienen un buen número de estaciones cerradas porque no consiguen detallistas para operarlas”, sostuvo el abogado.

En cuanto al concepto de cobrar regalías por las franquicias en las estaciones, Montañez relató que tal práctica no es nueva. “Aquí lo inició Esso, siguió Shell y luego Texaco en los años 90. Con el tiempo lo descontinuaron porque era insostenible para el detallista pagar la regalía y mantener la operación”, aseveró el abogado, al tiempo que dijo que los detallistas temen que otros mayoristas quieran hacer lo mismo que Puma.

Costco operará estaciones

Otra situación que le preocupa a la ADG es la intención de Costco de abrir estaciones. Tras años de lucha por conseguir el permiso, finalmente la megacadena lo obtuvo recientemente y planifica montar una estación en los predios de su tienda en Carolina. La misma tendría entre ocho y 12 surtidores y serviría solo a los socios de la cadena.

No obstante, la ADG apeló la decisión. “Hay 14 estaciones dentro de esa milla radial; no podemos entender cómo se justifican más estaciones. Ello abriría la puerta para la entrada también de Walmart y Sam’s Club. Son lo que llamamos súper detallistas”, expresó Montañez.

Mientras, a los mayoristas no les preocupa la incursión de Costco en el segmento de gasolina en Puerto Rico. Petrovich, ejecutivo de Gulf, opinó que Costco no tiene terminal aquí y tendrá que depender de que otro le supla el producto. Además, entiende que una o dos estaciones que Costco establezca no afectarán al mercado, compuesto por un millar de estaciones.

Por lo pronto, su empresa está enfocada en mejorar la eficiencia. Desde marzo de este año, Best Petroleum entró en posesión de un terminal en Guaynabo, con capacidad para almacenar 350,000 barriles, lo que le permitirá entregar el combustible más rápido. Antes despachaban todas sus órdenes desde su terminal en Peñuelas, pero ahora podrán hacer viajes más cortos, ya que suplirán al área norte desde Guaynabo.

Petrovich coincidió con Bredin, el ejecutivo de Total, en que el cabotaje encarece los costos de transportación. “No hace viable comprarla en la costa del Golfo. Aunque consigas un buen precio, la Ley Jones puede sumar 18 centavos más por galón. Por eso, nadie trae gasolina de Estados Unidos; nosotros la traemos desde el norte de Europa”.


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