Elizabeth Warren, senadora de Estados Unidos (semisquare-x3)
Elizabeth Warren, senadora de Estados Unidos (AP)

Massachusetts - Cuando Elizabeth Warren anuncie su candidatura a la presidencia, no lo hará desde su ciudad Cambridge, donde se encuentran Harvard y MIT, ni desde la vecina Boston, donde una cantidad de aspirantes a la presidencia lanzaron sus candidaturas por generaciones.

Se espera que esta demócrata de 69 años haga el lanzamiento el sábado 50 kilómetros (30 millas) al norte, en Lawrence, una ciudad industrial venida a menos, que es una de las más pobres de Nueva Inglaterra y tiene una enorme comunidad hispana.

Esta urbe deteriorada, que supo ser un importante centro de la industria textil y donde tuvieron lugar algunas de las huelgas más notorias del país, ofrece un escenario adepto para el mensaje de Warren, quien promete luchar por los trabajadores y hacer frente a las grandes corporaciones para tratar de acortar la creciente brecha económica.

Es una ciudad que siempre ha recibido a los inmigrantes, cuya población es un 80% hispana y donde el tema de la inmigración cobra particular fuerza.

Lawrence es un microcosmos del relato que hacen los demócratas respecto a lo que ha sido Estados Unidos y lo que quiere ser”, comentó John Cluverius, profesor de ciencias política de la Universidad de Massachusetts en la vecina Lowell.

Es una ciudad industrial en la que los trabajadores pelearon por sueldos justos y mejores condiciones laborales. Es también una ciudad de inmigrantes, que progresó gracias a muchas de las políticas a las que el presidente Trump y los republicanos se oponen ahora, como la inmigración de familiares”.

Pero lo que hace que esta ciudad, donde más del 80% de los votantes apoyaron a Hillary Clinton en el 2016, un sitio ideal para los demócratas, la convierte también en un blanco fácil para los republicanos.

El presidente Donald Trump y los gobernadores de Maine y New Hampshire, dos estados vecinos, afirman que Lawrence es un centro del comercio de heroína y fentanilo. Y critican a la ciudad por limitar la cooperación con los agentes del servicio de inmigración.

“Acabar con las ciudades santuario es vital para frenar la crisis de la adicción a las drogas”, declaró Trump en marzo pasado, citando un estudio del Dardmouth College según el cual Lawrence era una de las principales fuentes de fentanilo en seis condados de New Hampshire.

El alcalde demócrata Dan Rivera admite que no es fácil combatir la reputación de Lawrence como ciudad violente y con mucha corrupción, pero dijo que hay algunos indicios alentadores.

Están empezando a aparecer cafés y restaurantes bonitos en locales que habían quedado vacantes.

Viejas fábricas están siendo ocupadas por empresas de biotecnología y de otros ramos, que junto con una fábrica de New Balance sobre el río Merrimack son los símbolos más visibles del pasado industrial.

“Hubo una época en la que los políticos querían mostrarse en Lawrence”, dijo Rivera. “Pero en Lawrence no pasan solo cosas malas. Hay muchas más cosas”.

La noticia de la llegada de Warren fue recibida con sorpresa y curiosidad en Lawrence.

Muchos se complacen de que la ciudad reciba atención positiva mientras se recupera de una serie de incendios y de explosiones de gas natural. El desastre de septiembre pasado mató a una persona, les causó heridas a varias, dañó casas y negocios y dejó a miles de personas sin gas para cocinar y para la calefacción por semanas en el inicio del invierno.

Susan Sirois, quien dirige Bread and Roses, un comedor popular, confía en que Warren ofrecerá soluciones tangibles a los retos que enfrentan Lawrence y otras ciudades viejas en su discurso del sábado.

“Tiene que hacerlo si viene aquí. Tiene que hacerlo”, dijo Sirois. “Seremos la ciudad más pobre de Massachusetts, pero eso no es una aberración. Esto es Estados Unidos. Así son las cosas aquí”.

Residente de la vecina Salem, New Hampshire, Sirois está afiliada al partido Demócrata pero dice que no sabe por quién votará en el 2020.

Frente al edificio Everett Mills, una vieja fábrica textil, donde hablará Warren, Carmen Reyes espera entusiasmada escuchar a la legisladora que apoyó en sus dos campañas por una banca en el Senado. Asegura que si las elecciones fuesen hoy, votaría por ella.

“Quiero una mujer presidenta”, dijo Reyes. “Seguramente haría las cosas mucho mejor que el actual presidente”.

A pocas cuadras de allí, en el café El Taller, David Cabrera dice que todavía no sabe a quién votará.

Este vendedor de artículos de telecomunicaciones de 47 años, dice que le llaman la atención Sherrod Brown y Beto O´Rourke, ninguno de los cuales lanzó su candidatura por ahora, pero que votaría por Warren si es la nominada por los demócratas.

“Está un poco más a la izquierda de lo que yo quisiera”, explicó. “Educación gratis, por ejemplo, suena muy lindo, pero ¿cuánto vamos a tener que pagar en impuestos para que se dé eso? ¿Cómo va a afectar eso mi sueldo?”.


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