El tercer sector ha realizado una labor monumental en la reconstrucción de viviendas tras el paso de María. (Teresa Canino )

No habían cesado las primeras ráfagas del huracán María cuando ya estaban recorriendo las calles del país.

Así estuvieron los meses subsiguientes: caminando, trabajando, alimentando, cuidando, educando, sanando y restaurando a un país que había quedado en ruinas.

Las organizaciones sin fines de lucro, sin duda, han tenido y continúan jugando un papel protagónico en la recuperación del país a dos años del paso del fenómeno atmosférico.

“Nosotros atendimos la emergencia desde el lente de la equidad. El huracán reveló la vulnerabilidad de las personas que tienen menos recursos, esa es la gente que muere”, sostuvo el director ejecutivo de Fundación Comunitaria, Nelson Colón.

A dos años del huracán María, Fundación Comunitaria ha otorgado -gracias a aportaciones de individuos y entidades- sobre $8.5 millones en donativos a organizaciones sin fines de lucro e individuos para ayuda inmediata y renovación sostenible.

En ese renglón de ayuda inmediata, se distribuyeron $1.7 millones en donativos a 123 organizaciones, 210 purificadores de agua y 54 generadores eléctricos. Mientras, cinco entidades de desarrollo de viviendas de interés social reconstruyeron 52 casas en 15 pueblos.

Superado el período de respuesta, explicó Colón, se movieron a la fase de la sostenibilidad y ahora trabajan en la construcción de esa equidad. “Durante ese período de respuesta, atendimos a los más vulnerables, pero inmediatamente te das cuenta que estás metido dentro de una arquitectura de inequidad y que había que crear mecanismos de sostenibilidad”, recordó Colón.

En el área de acceso a energía, han establecido siete acueductos con energía solar, han provisto a 37 clínicas de salud primaria (Centros 330) con energía solar en sus salas de emergencia y 28 familias de Toro Negro, Ciales, reciben electricidad a través de 20 microrredes.

Mientras, la comunidad Esperanza Village, en Juncos, fue certificada por el Negociado de Energía de Puerto Rico como la primera microrred solar.

“En la medida que las comunidades sean las poseedoras de sus bienes, como el arte, la educación, la vivienda, la electricidad, aumentamos el capital comunitario y se irá reduciendo la brecha de desigualdad de esas comunidades”, dijo.

Colón sostuvo que el gobierno tiene que cambiar su diseño si quiere crear comunidades fuertes e independientes y que la tragedia provocada por María no se repita en similar magnitud.

“Los diseños que existen ahora es que tú vas, contratas un proveedor comercial que va y hace su trabajo, lo hace a medias o lo hace mal, se retira y la comunidad se queda igual. Lo que estamos proponiendo es un diseño que parte de la comunidad”, expuso.

En marzo de 2018, la Red de Fundaciones publicó los resultados de un estudio, realizado por la firma de Estudios Técnicos, para medir el impacto del tercer sector en medio de la emergencia, que concluyó que las organizaciones sin fines de lucro -las cuales alcanzan las 4,500- impactaron a 1,100,000 personas en los meses subsiguientes al huracán.

Son múltiples las entidades que han dado la mano en este período. Ese es el caso de REHACE, de la Iglesia Metodista de Puerto Rico, y de Hábitat para la Humanidad, entre otras tantas que se mantienen activas.

REHACE, por ejemplo, ha reparado 398 casas e impactado a 7,698 personas y 2,522 niños. Estableció 14 centros de acopio y distribución de alimentos y ha prestado unas 70,000 horas de voluntariado.

Mientras, por los pasados 24 meses, Hábitat ha seleccionado 122 familias para formar parte del programa de reparaciones a través de los municipios de Bayamón, Yabucoa, Caguas, San Juan, Carolina y Loíza. Hay 47 reparaciones comenzadas, 33 completadas y 42 listas para iniciarse.

Transformada

La organización educativa Nuestra Escuela, al igual que muchas otras entidades sin fines de lucro, transformó sus operaciones y se ajustó a las necesidades del pueblo tras el huracán.

La organización, compartió Ana Yris Guzmán, directora de ejecutiva de Nuestra Escuela, estableció dos comedores en sus centros de Loíza y Caguas, desde donde sirvieron más de 14,ooo comidas calientes. Crearon, además, brigadas de apoyo que estuvieron lideradas por los estudiantes.

“El tema más difícil que nos tocó manejar fue el de las pérdidas de las familias que tuvieron que emigrar del país”, dijo Guzmán sobre la iniciativa para prestar ayuda emocional que impactó a unos 275 estudiantes y sus familias y fue una realidad gracias al apoyo de Global Giving.

Como parte del proceso de reflexión y aprendizaje, la organización decidió mover su quehacer hacia el desarrollo económico. “Pero no uno que simplemente genere dinero, sino que también apoye el proceso de transformación de país desde una perspectiva más integrada, consciente y sustentable”, dijo.

Durante el mes de junio, Nuestra Escuela fue sede del primer encuentro de economía socialy solidaria del que participaron decenas de organizaciones.

Como un primer paso, la entidad ya tiene su finca escuela Casa Collores en Orocovis con 27 cuerdas de terreno, en las que hace tres meses sembraron sus primeras 5,000 semillas de batata. “Estamos empezando a generar dinero, pero vamos a apoyar a la seguridad alimentaria”, expresó Guzmán.

Falta camino por recorrer

Glenisse Pagán, directora ejecutiva de Red de Fundaciones de Puerto Rico, recordó que, a un año de María, se habían creado más de 30 fondos a través de los cuales se recibieron sobre $337 millones no gubernamentales.

Sin embargo, Pagán sostuvo que esa cantidad resulta menor ante los $20,000 millones en fondos federales que se estima Puerto Rico debe recibir para su proceso de reconstrucción. Por ello, dijo, la importancia de que el tercer sector esté alineado con el sector público, que está liderando la mayor parte de la recuperación.

“El dinero filantrópico es menos en relación con el público y ya se repartió, y es el que está reconstruyendo el país a diferencia del dinero público que todavía lo estamos esperando”, puntualizó.

Durante este período, dijo, se ofrecieron fondos de reserva a 16 organizaciones para que lograran estabilidad financiera. Igualmente, han respaldado a entidades como Espacios Abiertos que promueve la participación pública y la transparencia gubernamental.

Mantener los lazos de cooperaciones con el sector filantrópico que llegó al país tras María, al igual que exigir una recuperación justa y la participación del talento local, son dos de sus metas proyectadas. “Los locales son los que pueden resolver esto y son los que realmente pueden expresar las necesidades, pero no pueden participar de esa recuperación”, mencionó.

Pagán dijo que los donativos han menguado, aunque hay entidades extranjeras que se comprometieron por varios años y siguen trabajando por el país.

Compromiso sin fin

El huracán María representó para Taller Salud mover sus fichas y comenzar a canalizar las ayudas para sus participantes y la comunidad de Loíza, donde ubican sus oficinas.

Coordinaron brigadas de salud junto al Recinto de Ciencias Médicas, distribuyeron alimentos y artículos de primera necesidad y desarrollaron el proyecto Vivienda Digna a través del cual ayudaron a 18 mujeres en necesidad.

“Como organización feminista esa distribución se hizo con perspectiva de género, dándole prioridad a las personas encamadas, mujeres con niños y familias con envejecientes cuidados por mujeres”, compartió Grace Blanco, organizadora del área de Comunidad y Liderazgo.

Blanco explicó que el área que dirige dentro de Taller Salud está enfocada en darle continuidad a ese liderato comunitario que surgió durante la emergencia. También han hecho trabajo de “advocacy” o incidencia política para exigir la participación ciudadana en el proceso de recuperación.

“Hay comunidades con toldos y los criterios de elegibilidad para ayudar siguen excluyendo a las mismas personas que les fue denegada la ayuda por FEMA”, planteó Blanco.

Cambios energéticos

Cambio Puerto Rico se centra, principalmente, en el desarrollo de política pública para la transformación del sistema eléctrico y velar que se utilice de manera más agresiva y creativa las inversiones de fuentes de energía renovable.

“Si se toman malas decisiones, no solo puede ser más costoso, sino que continuamos expuestos a la vulnerabilidad del mercado de compra de combustibles fósiles”, expuso Ingrid Vila, fundadora y copresidenta de la entidad.

Sostuvo que los fondos federales que vengan para la transformación se deben utilizar para lograr un sistema que reduzca la vulnerabilidad. En ese aspecto, promueven sistemas distribuidos en los techos de los hogares que se puedan desarrollar a nivel individual y comunitario.

“La Autoridad de Energía Eléctrica debería tomar un rol incentivando que las personas adopten estos sistemas en una nueva modalidad de gobernanza pública”, expresó Vila.

Traducir al español el Plan Integrado de Recursos de la AEE para que sea más accesible a la comunidad es otra responsabilidad que ha asumido la organización. “Nos hemos dado a la tarea de digerir la información y que sea más accesible a la ciudadanía”, enfatizó.

Los fuertes vientos del huracán María destruyeron la infraestructura del sistema eléctrico del país, lo que provocó no solo que ciudadanos estuvieran más de un año sin servicio, sino que fueran víctimas de la ambición de unos cuantos, lo que retrasó el proceso de recuperación.


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