Desde el huracán María, esta casa de dos pisos cuelga de una montaña. Cada vez que llueve, la tierra se desliza poco a poco y los residentes viven amenazados.

La casa de Milagros Rodríguez se fue por un barranco en medio del azote del huracán María. Un año y tres meses después del paso del ciclón, la estructura aún permanece risco abajo en el barrio Palmarejo, en Corozal.

Cada vez que llueve el terreno cede y la casa, que está inclinada con todas las pertenencias de la dueña adentro, amenaza con dejar incomunicadas a las 17 familias que viven en la comunidad.

Si la estructura sigue cediendo, pudiera bloquear el único acceso que existe para el sector Pancho Febus.  

Milagros vivió con varios familiares en Corozal desde que pasó el huracán en septiembre de 2017, pero hace dos meses se tuvo que mover a Estados Unidos.

Aunque recibió un desembolso de la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA), no pudo construir una nueva casa, pues el terreno ya se perdió. Adquirir uno nuevo, y por consiguiente construir un nuevo hogar, no fue posible por la cantidad que se le otorgó.

“Antes de yo venir por acá hable con FEMA y me dijo que al alcalde le correspondía mover la propiedad y el me dijo que no tenían dinero”, sostuvo.

La dueña de la casa dijo sentirse “frustrada” porque las agencias gubernamentales no han asumido responsabilidad sobre la propiedad que al irse risco abajo cayó en los terrenos de una finca privada.

“Me siento frustrada porque, aunque ellos (el gobierno) digan que no, es un peligro para los vecinos que viven al otro lado”, indicó la mujer que vivió en la casa por 16 años.

Precisamente, Irma Negrón es una de las vecinas del sector que vive temerosa del deslizamiento de propiedad.

La mujer confesó que desde el paso del huracán María se sumergió en una profunda inestabilidad emocional.  

Negrón dijo que la situación de la casa en el risco se combina con la de la quebrada que ubica justamente debajo de la residencia que se fue por el barranco.

Según Negrón, cuando llueve la quebrada se tapa y crea una montaña de lodo que los deja incomunicados. La tierra proviene de la montaña donde ubica la casa afectada y áreas circundantes.

“Me siento con depresión, cada vez que llueve yo empiezo a llorar, porque imagínese, veo que va a llover y digo que ya el camino se a tapar, no hay paso. Tenemos miedo de que la casa siga bajando y nos coja abajo, todo eso nos tiene bien preocupados a todos los vecinos”, estableció.

Aunque los vecinos sostienen que han tocado las puertas de las autoridades, indicaron que la respuesta ha sido el silencio.

Ante ese panorama la comunidad se organizó y cuando la quebrada los deja incomunicados contratan, con su propio dinero, una maquinaria para limpiar el camino.

Cuando no hay dinero, son los propios vecinos los que a pico y pala abren tránsito para poder salir a la calle principal.

Pero como si esto fuera poco, otra quebrada que aparta a unas cuatro familias, de las 17 que viven en el sector, también acecha con colapsar y dejar sin hogar a José Nieves, otro de los vecinos del lugar.

Desde el paso del huracán María la quebrada que discurre justo al lado de su casa ganó más terreno.

Los efectos se dejan ver en una columna de la estructura que ya comenzó a ceder y en el propio puente que pasa por encima de la desembocadura del agua que cae de entre las montañas, pues ya está hueco.

Tanto es así que el camión que recoge los desperdicios sólidos en el sector ya no puede transitar por la estructura.

“Aquí esto es un área que si no se recogen las aguas va a ocurrir una desgracia. En un momento como los otros días que llovió mucho, nosotros nos fuimos porque le tememos a eso”, dijo Nieves.

El municipio contesta

Ante el reclamo de la comunidad, la directora de la Oficina de Planificación del Municipio de Corozal, Mignelia Torres, expresó que el ayuntamiento tiene conocimiento de la situación de la casa que está en el risco, pero que desconocían del estado de las quebradas.

“Hemos visitado mil veces el lugar, pero no sabíamos que eso era una quebrada”, indicó.

La funcionaria estableció que la residencia está dentro de un plan de mitigación que trabaja el municipio para poder incluirla dentro un proyecto que creó FEMA para poder atender deslizamientos de terrenos que se desarrollaron en propiedades privadas.

Torres reconoció que el municipio no tiene la capacidad para intervenir con la residencia “porque es muy riesgoso”.

“Tiene que ser gente que se especialice en eso por el tipo de tierra del lugar”, explicó.

Según la funcionaria, un ingeniero le comunicó que la residencia tiene una parte sumergida en el terreno, por lo que procede destruirla completa o por pedazos.

Torres no pudo precisar cuándo comenzarían los trabajos de remoción de la estructura ya que “dependemos de FEMA.

No obstante, el ayuntamiento se comprometió en contratar una compañía para mitigar los daños en las dos quebradas que acentúan el peligro que atraviesa la comunidad.


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