Benjamín Morales

El Catalejo

Por Benjamín Morales
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Un efecto llamado Fidel

Fidel Castro Ruz ha muerto. Es lo que muchos de sus detractores estuvieron esperando por décadas, soñando con ese momento en el cual el polémico dirigente político partiera a mejor vida porque así “acabaría la Revolución cubana”.

Lo cierto es que nada pasó. De la ansiada explosión social que se esperaba al momento de su muerte no hubo rastro alguno. De hecho, ocurrió todo lo contrario, con las calles inundadas en tributo al fenecido líder histórico de la Revolución y muestras de condolencias llegando de todas partes del mundo.

Entonces, ¿qué pasó? ¿Por qué en Cuba se rindió luto a un personaje que los que viven fuera del sistema llaman un “tirano”?

Las explicaciones inician por una realidad innegable de que entre Fidel Castro Ruz y el pueblo de Cuba hay una relación de esas de tipo filial, de esas de amor y odio, que sólo puede explicarlo quien vive en tierras cubanas.

Hay una canción del músico Alexander Abreu cuyo coro dice que “para saber de verdad lo que es sentirse cubano, debes haber nacido en Cuba, debes haber vivido en Cuba”. Y creo que entender esa realidad es fundamental para comprender por qué los cubanos actúan como actúan cuando se trata de Fidel Castro Ruz.

“Fidel” o “El Comandante”, como ellos lo llaman, se convirtió en una figura paternal para este país. Era él quien daba las malas noticias, quien celebraba las buenas y quien siempre, siempre, dio la cara en los más simbólicos momentos de su casi medio siglo de gestión.

Una de las pocas cosas que quien no ha vivido en Cuba no puede entender es la realidad de que la mayor arma de Castro Ruz para ganarse a la gente fue que lideraba con el ejemplo. Esa es una fuerza muy complicada de enfrentar, pues un líder que dirige con efectividad desde el terreno y no desde las nubes es sumamente complicado de contrarrestar.

Tomemos dos ejemplos concretos. El primero fue la invasión de la Bahía de Cochinos. Allí Castro Ruz, desafiando todos los consejos, se trepó en un tanque y él mismo dirigió el ataque que acabó repeliendo al ejército formado por remanentes de los soldados de Fulgencio Batista. El otro caso, en el 1994, cuando una serie de disturbios callejeros se registraron en la zona de Centro Habana, el fallecido expresidente se fue solo en un vehículo todoterreno, se bajó en el área afectada, conversó con los revoltosos y acabó dirigiéndolos en una marcha a su favor.

Esa figura imponente, esa proyección de tener los pantalones en su sitio, ese desafío al gigante del Norte, formaron un mito entre la población, una relación única, una complicidad que es muy complicada de explicar y que sólo puedo describir como “el efecto Fidel”.

Atrévase a hablar mal de Fidel frente a un cubano que vive en la isla. Ellos, en la intimidad de la confianza, lo critican con dureza, le reconocen lo bueno, pero le señalan lo malo sin titubeos. Ahora, atrévase usted como extranjero a decir algo malo del “Comandante” para que vea lo que le pasará. Le caerán chinches y recibirá un buen aguacero por su atrevimiento. La mayoría de esta gente adoraba a Castro Ruz, lo admiraba, lo respetaba y, aunque le caiga mal a los más comefuego, la verdad es que confiaban en él. Claro, tampoco era un billete de 100. No pocos cubanos no estaban de acuerdo con sus decisiones, con su empecinamiento en mantener el modelo socialista y de monopartido a pesar de la caída del bloque soviético, pero lo cierto es que aún entre esa gente permea un reconocimiento de los dotes de jefe de Estado que tenía Castro Ruz y que nadie en el país volverá a tener en mucho tiempo.

Claro, vendrá de inmediato el argumento de la represión como posible causa de ese respeto, pues no es un secreto de la efectividad de la inteligencia cubana para disolver focos de disidencia. Pero aquí hay algo más que eso, algo más de fondo, ese “efecto Fidel”. En Alemania Oriental, la misma Cuba de Batista, en Argentina, en Brasil, en Dominicana, en Nicaragua, en fin, en muchos países del mundo, las policías políticas fueron sumamente eficientes, pero ninguna pudo al final sostenerse cuando el pueblo dijo basta. Entonces, ¿por qué Cuba, como se supone ocurra según quienes se oponen al sistema, no dice basta?

Ahí viene la siguiente explicación y está basada en que, por más que se trate de negar, la Revolución ha tenido grandes logros. La educación, la salud, la seguridad pública, el deporte y la cultura son conquistas que quien las niegue simplemente es mezquino. Quien ha vivido en Cuba sabe que el problema fundamental del país es uno económico, no de modelo político o social.

Es la economía lo que los cubanos más recriminan a Fidel, las malas decisiones que tomó y que él mismo reconoció con el paso de los años. Aquí sí se habla de democracia, derechos civiles y temas sensitivos como esos, pero no son lo que se come en el día a día en la calle. El problema fundamental de la población está en el contexto económico del país, un rubro en el cual Castro Ruz se equivocó, sobre todo ante el escenario de bloqueo o embargo económico fomentado por Estados Unidos y ante la caída del bloque socialista.

Y aún así, ¿por qué lo seguía queriendo tanto? ¿Por qué millones salieron a despedirlo? ¿Por qué hay tanta gente preocupada de que Fidel ya no está si llevaba 10 años fuera del poder?

Yo lo resumo en carisma. Fidel Castro Ruz es quizás el político más carismático en América en los últimos 50 años. Era un tipo que provocaba algo, que no pasaba desapercibido, que lo odiabas o lo amabas, pero no podías dejarlo pasar sin juzgarlo de alguna manera.

Con él murió una era, un estilo de política, una manera única de dirigir que los mandatarios de estos tiempos no tienen la capacidad de reproducir.

Fidel Castro Ruz es único, no habrá otro como él, para bien o para mal, y ahí está el mayor desafío de Cuba, tener que vivir sin su caudillo y enfrentar un futuro repleto de desafíos que su “Comandante” hubiese enfrentado dando la pelea en la primera fila de batalla.

Un estilo de hacer política que luce que no será replicado por quienes dirigirán la Revolución a corto y mediano plazo, lo cual podría ser el mayor reto para los cubanos, pues les toca pasar nuevamente por una ruta llena de espinas y caminos empinados, pero sin el aura imponente de su líder histórico cerca, lo cual no será nada sencillo.

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