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Firmes con Cataluña de frente al cobarde terror

La cruzada terrorista que conduce el Estado Islámico con atroces tácticas de asesinatos en masa, secuestros y decapitaciones es sin duda uno de los mayores desafíos que enfrentan las sociedades democráticas por todo el mundo.

Grandes ciudades europeas como Niza, Estocolmo, Berlín, París y Londres han sido víctimas recientes del odio del islamismo extremista. El jueves fueron las ciudades mediterráneas catalanas de Barcelona y Cambrils las que sufrieron el embate del fanatismo que quiere acabar con la diversidad, la libertad y los valores humanos más preciados para imponer su radicalismo ciego y criminal.

El pánico se apoderó de La Rambla, en el corazón turístico de la cosmopolita y dinámica Barcelona, cuando una furgoneta que embistió a mansalva a la inocente multitud dejó trece personas muertas y más de cien heridas.

Pero el odio y el miedo no prevalecerán. El resiliente pueblo catalán transmutó el caos que creó la barbarie en la concurrida zona turística por la solidaridad y la rápida acción policial contra sus enemigos gratuitos.

Horas después, el intento de llevar a cabo una segunda masacre, esta vez en la localidad turística de Cambrils, en Tarragona, fue repelido por los Mossos d’Esquadra. Los cinco perpetradores fueron ajusticiados tras arrollar a peatones a su paso y a los policías que trataron de detener el vehículo en el paseo marítimo. Este acto de terror sumó seis heridos y un fallecido a la sangrienta jornada en el suelo catalán.

Vayan nuestras condolencias a las víctimas de estas acciones cobardes, entre las que hay personas de una treintena de países. Nuestra solidaridad está con la nación española que hoy vuelve a luchar contra la violencia terrorista. Con el grito “No tenemos miedo”, los líderes políticos y la ciudadanía retomaron las plazas de Barcelona, reabiertas al visitante y a la pluralidad.

El presidente español, Mariano Rajoy, con toda razón afirmó que el terrorismo es una amenaza global que amerita una respuesta global. Dio en el clavo al señalar que para vencerlo se requiere una combinación de unidad institucional, cooperación política, apoyo internacional y acuerdos políticos amplios.

España conoce en carne propia la barbarie del terrorismo que se propaga por Europa. Esta es la segunda vez que el odio islamista golpea con fuerza a la sociedad española. En el fatídico 11 de marzo de 2004, diez explosiones de bombas causaron 191 muertes y más de 1,500 heridos en las cercanías, los andenes y trenes de la estación de Atocha, en el centro de Madrid.

El viernes, las autoridades finlandesas abrieron fuego contra un hombre que mató a dos personas e hirió a otras seis a puñaladas en la tranquila localidad de Turku. Al cierre de esta edición, no se descartaba una vinculación al terrorismo.

No se puede bajar la guardia. Que estos ataques ocurran en importantes arterias económicas, de transportación y turismo no es casualidad. El 11 de septiembre de 2001, el extremismo de Osama Bin Laden escogió el centro de comercio internacional simbolizado en las torres gemelas de Nueva York para su agenda de destrucción. Hoy esta manifestación del yihadismo, aún más cruenta que al-Qaida, se ceba con el motor económico y la pluralidad cultural que es Barcelona y sus plazas de libertad, visitadas por turistas de todo el mundo, incluidos puertorriqueños.

Nos unimos a la condena internacional de estos viles ataques con que los llamados soldados del Estado Islámico quieren poner de rodillas al mundo libre. Como el reiterado desprecio a la vida y desafío a los derechos humanos que son, no pueden quedar impunes.

La coalición internacional antiyihadista que opera en Siria e Irak tiene en sus manos tomar las acciones que correspondan hasta erradicar el extremismo deshumanizante de la faz del planeta. Tarea nada fácil dada la expansión del mal incluso en los países sacudidos por el terror. En la concertación de fuerzas de los países democráticos está la respuesta.

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