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La innovación como opción ante el estrago climático

Los incendios de viñedos en California evidencian uno de los múltiples impactos ambientales y económicos del cambio climático por todo el planeta. Fragilidades como la californiana obligan a los sectores gubernamentales, empresariales y comunitarios, y a los ciudadanos, a activar mecanismos que prevengan y mitiguen daños, y permitan la adaptación a las nuevas condiciones del planeta.

La apertura para transformar los métodos de producción, como la que existe en la industria del vino, enseña cómo la innovación propicia resultados positivos sin impactar de forma extrema el producto.

Reportes recientes documentan que las tierras que por siglos fueron perfectas para actividades agrícolas como el cultivo de viñedos se han tornado inestables por el calentamiento global causante de sequías extremas o circunstancias gélidas abruptas. Una consecuencia inmediata es la ruina de cosechas. En respuesta, algunos productores han movido sus cultivos a zonas más altas. En terrenos antes descartados lograron la germinación deseada, incluso uvas variadas con las que han producido nuevos vinos.

Un serio desafío para toda la humanidad tiene lugar en la vasta zona del Amazonas, el principal pulmón del planeta. Su espesa vegetación, que contribuye a la producción del 20% del oxígeno en la Tierra, es devastada por incendios que este año ya superan los 70,000. Es probable que la destrucción del hábitat de más de 500 especies de animales lleve a muchos a la extinción. Este problema ambiental coloca en condiciones más precarias a comunidades nativas de zonas recónditas de Brasil.

Los fuegos en esa selva tropical se asocian a actividades humanas que mediante la deforestación ganarían más espacio para la ganadería y el cultivo de soya. Ante la preocupación mundial, se ha sugerido limitar el consumo de res.

En Puerto Rico, la mayor frecuencia y ferocidad de los huracanes es otra manifestación atribuible al insensato enfado humano con la naturaleza. Estas catástrofes nos han golpeado severamente.

Ante el daño severo de fuegos, huracanes y otras amenazas, conviene acoger recomendaciones de entidades ecologistas que enfatizan la importancia del diálogo abierto e intenso sobre el tema, informando públicamente sobre sus implicaciones. Esta estrategia es necesaria para comprometer, a quienes ostentan o procuran asumir puestos de poder, con el abrazo de políticas firmes a favor de la protección planetaria.

La educación y la acción ciudadana pueden fortalecer el compromiso político que, en diversas instancias, ha cedido a intereses adversos para la flora, fauna y estabilidad de la biodiversidad del planeta. El daño tiene implicaciones graves en nuestra calidad de vida; la inacción solo asegura calidad de vida decreciente a nivel mundial.

Antes de que la devastación sea irreversible, cuando la escasez de agua y alimentos se agudice, es pertinente agilizar cambios en los métodos de producción industrial. Urge también reducir la elevadadependencia de la quema de combustible fósil para generar energía, y cumplir con las leyes ambientales. Esta responsabilidad gubernamental y empresarial no puede ser ignorada. Así lo recalcan las generaciones jóvenes, amigas de soluciones ecológicas que armonizan con economías sanas.

A nivel individual o familiar incrementar el uso de transporte colectivo, limitar la utilización de electrodomésticos, y consumir menos carne roja y lácteos se suman a medidas que pueden reducir la emisión de gases de invernadero vinculados al calentamiento global.

Los científicos y entidades internacionales que atienden este serio problema planetario reafirman que la educación ciudadana será determinante para fomentar los cambios de conductas que minimizan daños y estimulan la conservación de nuestros lacerados recursos naturales.

Deben adoptarse de forma vigorosa los cambios en las prácticas de cultivo vinícola reportados en Estados Unidos y Europa, como parte de una agricultura ecológica que gana espacio también en Puerto Rico en otras siembras. Esos pasos valiosos pueden ayudarnos a convertir a Puerto Rico y al resto de la región caribeña en una región conservacionista digna de emular.

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