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Paso atinado para medir el desempeño escolar

El plan dispuesto por el Departamento de Educación para evaluar el progreso del desempeño estudiantil se adecúa a las normas más básicas de sana administración que, en el caso de esa agencia, son urgentes.

Además de atender requisitos federales, la identificación de indicadores para medir y rendir cuentas permite validar o revisar las acciones que la agencia realiza en su misión de formar a ciudadanos para liderar el desarrollo socioeconómico de Puerto Rico.

El problema del sistema educativo, sin embargo, como ocurre con tantas otras dificultades sistémicas del país, tiene su raíz en la falta de consistencia de este tipo de iniciativas.

De ahí la importancia de que, por un lado, el establecimiento de métricas se nutra de las recomendaciones de otros sectores vinculados al proceso educativo. Y de que, por otro, esa inclusión sea un primer paso hacia el desarrollo de un pacto social que propicie la continuidad de estos proyectos necesarios.

Sobran las evidencias de que los vaivenes en la política pública que ocurren con cada cambio de administración son nocivos para el sistema educativo. En la medida en que los proyectos no se dejan madurar, se dificulta validar lo que funciona.

Ahora que la ley federal Every Student Succeds - en español, Cada estudiante triunfa - permite a las jurisdicciones definir sus criterios para clasificar el desempeño escolar, la secretaria de Educación, Julia Keleher, ha sido proactiva al identificar cuatro indicadores principales para el plan que presentará al gobierno federal en varias semanas.

Entre estos figura medir el progreso académico a base de las pruebas de español e inglés del sistema de Medición y Evaluación para la Transformación Académica (META) y el College Board. Incluye también la tasa de graduación en escuelas superiores o el nivel de aprovechamiento en la materia de inglés en los niveles elemental e intermedio. Los otros indicadores son el progreso de los aprendices de español, y el ambiente escolar, definido a través de la asistencia de maestros y estudiantes y la tasa de participación en las pruebas META.

El senador independentista Juan Dalmau ha advertido sobre la necesidad de considerar las variantes de cada escuela en estas métricas. Ciertamente, medir el desempeño estudiantil es un proceso complejo que debe considerar, entre otros, la capacidad de enseñanza del maestro o las condiciones socioeconómicas que rodean al estudiante, agravadas por la crisis económica. De 2010 a 2014, más del 57% de los menores en Puerto Rico vivía bajo los niveles de pobreza, según la Encuesta de la Comunidad más reciente de la Oficina federal del Censo. En pueblos como Patillas, era más del 73%.

Ante esa realidad, muchos resultados medidos pueden derivarse, no necesariamente del desempeño o de la capacidad de aprender del estudiante, sino de las propuestas de evaluación. Por eso, apremia que el Estado asuma el desafío histórico de integrar a otros sectores a la hora deestructurar acciones comprensivas y coherentes.

Además de considerar experiencias probadas a nivel internacional, urge acoger recomendaciones concertadas en diálogo o probadas en proyectos promovidos por la academia, organizaciones sin fines de lucro y comunidades. En esa apertura necesaria desde el gobierno, es importante lograr un compromiso firme que facilite la continuidad que el proyecto educativo necesita para fortalecerse. La preparación escolar de las nuevas generaciones de ciudadanos no puede seguir secuestrada por el tribalismo de los ciclos electoreros.

La meta tiene que ser que los egresados del sistema público de enseñanza cuenten con las competencias necesarias para impulsar el país hacia la innovación y la sostenibilidad. La consistencia hasta ahora ha sido la obstaculización de ese fin.

Con sus iniciativas, la secretaria Keleher da muestras de aspirar a romper la curva. Sean bienvenidas las iniciativas que procuren sacudir estructuras, mentales, políticas y de gobierno, para permitir que nuestra niñez tenga oportunidades reales de triunfar.

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