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Prevención y educación ante males infecciosos

En plena temporada de influenza, los ciudadanos tienen la responsabilidad primordial de proteger su salud tomando medidas de prevención proactivas, dirigidas a evitar el contagio y la propagación de la enfermedad. Medidas similares deben ser consideradas para frenar otros males infecciosos a las que está expuesta la población.

Se trata de una tarea compartida. Resulta imperativo que el Departamento de Salud tome acciones agresivas para evitar la propagación de enfermedades peligrosas, intensificando las campañas de orientación e insistiendo en la necesidad de aumentar el volumen de vacunaciones, como medida de protección enfocada principalmente en niños y ancianos.

En lo que va de la presente temporada, en Puerto Rico se han reportado 13,757 casos de influenza. Caguas ha sido la región más afectada. Sin embargo, la tasa de personas infectadas hasta la fecha no ha alcanzado el umbral de alerta, lo que ha motivado a las autoridades a redoblar esfuerzos en pro de la vacunación. De hecho, se enfatiza la importancia de que se vacunen aun aquellas personas que padecieron la enfermedad anteriormente, ya que continúan expuestas a una mutación del virus que la causa.

La prevención y la educación son también las medidas de prudencia que deben observarse ante el riesgo que representa el coronavirus. Aunque no han ocurrido casos de esta enfermedad en Puerto Rico, y el Departamento de Salud estima que la probabilidad de que se produzcan es baja, no hay razón alguna para bajar la guardia ante este nuevo virus, cuyos síntomas son similares a los de la influenza. Es importante que la ciudadanía permanezca atenta a los informes oficiales sobre esta condición y no a rumores sin fundamento.

El caso de tuberculosis pediátrica reportado a fines de diciembre, en el que se confirmó que los padres del menor también están contagiados, es otra señal de alerta a toda la población. La misma impone revisar las medidas en vigor para prevenir y tratar enfermedades que pueden resultar mortales. Y es que, contrario a lo que podría suponerse, la tuberculosis no ha sido completamente erradicada del planeta. A tono con esa realidad, la Organización Mundial de la Salud lanzó en 2015 la Estrategia Fin a la TB, que busca reducir el número de muertes en un 95% y la tasa de incidencia en un 90% de aquí al 2035.

En Puerto Rico, se registraron 35 casos de tuberculosis, de todas las edades, en 2019. Esta cifra supera por siete la que se registró en 2018. No obstante, los datos de Salud señalan que dicha cifra representó una reducción en comparación con años anteriores. De 44 casos que se reportaron en el 2014, el total se elevó a 52 y a 69 en 2015 y 2016, respectivamente. En el 2017, entretanto, se reportaron 40 casos y en el 2018, 28. La tendencia es similar a la que ocurre en Estados Unidos.

El Departamento de Salud tiene la responsabilidad de utilizar todos los medios para crear conciencia pública sobre las medidas sanitarias que debenobservarse para evitar la propagación de enfermedades contagiosas. Debe recalcar la importancia de la vacunación, actuando con firmeza y prontitud contra los que diseminan falsedades y niegan sus beneficios.

Y tiene que evitar que se repitan situaciones como la que ocurrió en julio, cuando hubo una insuficiencia de pruebas de tuberculina, necesarias para evaluar la existencia de factores que identifiquen si un paciente es propenso a tuberculosis. La falta de éstas forzó a los médicos a limitarse a llenar un formulario para identificar el nivel de riesgo del paciente, lo cual podría haber redundado en diagnósticos tardíos y reportes imprecisos de casos potenciales.

El país conoce ya los daños que causan las enfermedades contagiosas y hacia su prevención deben dirigirse esfuerzos concertados. Solo así, mediante las medidas que pueda tomar la propia población desde su núcleo familiar o comunitario, unidas a las iniciativas organizadas y proactivas del gobierno, se podrá construir un país más saludable y productivo.

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